REVISTA EXTRA

Ximena Velez, la mujer de los osos


Ximena propone convivir en paz con el Jucumari. Su idea la ha llevado a competir por un ‘óscar verde’. para buscar fondos pensó poner un salón de té o hacer yogur

El premio Whitley. Es uno de los galardones más codiciados entre los conservacionistas. Lo impulsa gente admirada en el medio y de la realeza británica

02/05/2017

Está ansiosa. El 18 de mayo se entregan los premios británicos Whitley de conservación de la naturaleza y ella, como una de las seis finalistas, de entre 169 concursantes, ya recibió las instrucciones respecto al código de la vestimenta que debe llevar la noche de la gala. Es un evento importantísimo del que forma parte la hermana de la reina de Inglaterra, la princesa Ana de Edimburgo, quien estila entregar el premio en persona.

Ximena Velez -Liendo (40) es menuda, su rostro, que raras veces ha lucido con maquillaje, conserva un aspecto juvenil. La biología ocupa toda su existencia y pensar en el traje para una cita tan importante la pone más nerviosa que estar cara a cara con un oso andino. Los plantígrados son su pasión, y puede decirse que hasta su familia, en ellos es una experta, mientras que en moda no. 

Lo suyo son camisetas, jeans y tenis. Los 17 años que lleva estudiando al jucumari, oso andino o también oso de anteojos, se han pasado volando. 

El título de su proyecto Conservación a través de la coexistencia de los osos andinos con la gente ha llamado la atención de los medios y portales de noticia internacionales, en los que se la toma por la bióloga que propone la convivencia pacífica con estos animales de entre 1,30 y 1,90 m  de alto (¡qué locura!). Y es así, Ximena lleva ocho meses internada en San Lorenzo (Tarija) dedicada a probarlo. 
Y la posibilidad de ganar esta especie de ‘Óscar verde’ sería como ponerle la cereza al pastel que ha venido amasando de a poco, ‘arañando’ presupuesto de todos lados, aplicando a distintas becas desde $us 500 porque hacer ciencia aquí no es fácil.   

 

El género no es impedimento. “En general se piensa que las mujeres somos delicadas, que se nos va a romper una uña; sin embargo yo sé entrar al bosque. Las mujeres podemos subir y bajar cinco veces cuando los varones recién van por la mitad de la cuesta”.

Esos osos y la vida silvestre son sus grandes amores. “Son los más fieles y no rompen corazones”, dice al otro lado del teléfono, dispuesta a contar detalles de su caminar en la ruta de la ciencia, porque quiere con ello ayudar en algo a otros que vienen detrás. “En general puedo decir que es difícil hacer ciencia y vivir de ella en Bolivia. Lamentablemente las políticas actuales no fomentan la ciencia en el país. Los científicos bolivianos, para poder sobrevivir, tenemos que buscar otros trabajos adicionales, incluso muchos de ellos abandonan la ciencia porque tienen familias que mantener. En mi caso, si no fuera porque tengo el proyecto con el oso, creo que en este momento, para seguir en mi investigación, hubiese tenido que abrir un salón de té (porque me encanta el té), o hacer yogur (antes de empezar este proyecto  hacía y vendía yogur griego en Cochabamba) o alguna otra actividad para poder mantenerme”.
No se va con vueltas, lamenta esta realidad y que tampoco se valore o fomente a quienes hacen ciencia: “Por dar un solo ejemplo, se prefiere dar cobertura a un ciudadano por ser una sensación en Youtube por un “no te ralles así” a premiar a dos niñas del campo que crearon un brazo hidráulico y ganaron las olimpiadas científicas”.

Quería ser monja, para tener una Land Rover
Nació en Oruro, pero como su padre, Hernando Núñez del Prado, era militar creció en Cuevo, en la provincia Cordillera de Santa Cruz, donde vivió con su familia hasta que tuvo ocho años. Para ese entonces ya era una fanática de los animales, además de tener muchas mascotas, entre gatos, perros y gallinas. “Mis primeros recuerdos son andando descalza, metiéndome al bosque con mis amigos, buscando bichitos, maripositas y ranas”. 

Había además un convento de las hermanas de Santa Clara, esas monjas italianas tenían algo que la maravillaba: un Land Rover precioso que la hacía decirle a ‘Pachita’ Liendo, su mamá, una profesora de Literatura y Estudios Sociales, que cuando sea grande quería convertirse en religiosa. “Las monjas vestían de jeans y polera, tenían el cabello corto y hacían trabajo social. Y tenían una Land Rover con la que podían cruzar el río. Yo era muy chiquita y no lo podía cruzar y eso me pesaba mucho, porque al otro lado habían bosques más lindos”. 

Cómo siempre le gustaron los animales (en especial los silvestres), quería ser veterinaria y estuvo a punto de irse a estudiar a Beni, pero un encuentro casual con una compañera de colegio, que le comentó que iba a estudiar Biología, le cambió las cartas que ya tenía puestas sobre la mesa. “¿Vas a ser profesora? le pregunté y cuando me explicó que se trataba de una ciencia amplia en la que hay zoología, botánica, genética y conservación le dije: ¿Ha sí? ¿y dónde se puede estudiar eso? Al día siguiente me fui a inscribir a la universidad de San Simón para estudiar Biología”. 

Investigó y estudió al oso en general en varias partes. En Polinia, Ximena está junto a un oso dormido para cambiarle collar.

 

La leyenda del oso
Se dice que el jucumari es una criatura mitológica y es parte del folclore andino, específicamente de la mitología quechua de Chuquisaca. También se dice que en  la época Incaica, los incas poseían un fuerte en las inmediaciones de la actual Samaipata y utilizaban al oso para frenar los ataques guaraníes, desde entonces los ‘vigías’ de dicho fuerte se familiarizaron con la criatura, que supuestamente los “ayudaba”, alertándolos con aullidos de que los guaraníes se acercaban. 

En el resto del continente la leyenda del oso cuenta que este, sea macho o hembra, rapta a la mujer o al hombre, lo encierra en su cueva y le hace tener a sus crías.

De ahí que más de un poblador  le ha advertido a la bióloga que no se acerque tanto porque el oso se la “puede robar”. Se lo dicen medio en serio y medio en broma, porque les sigue pareciendo una rareza ver a una mujer liderando un equipo de investigación.

Sobre la investigación
Ximena ha estado casi toda su vida estudiando al Jucumari, empezó siendo una universitaria. Cuando avistó uno cara a cara en el Parque Carrasco tuvo el día más feliz de su existencia y hace ocho meses está establecida en Tarija buscando la manera de que no se amenace al oso y que tampoco este afecte al ganado de los pobladores. Está decidida a probar que los osos y la gente pueden convivir en armonía. 

Por eso es que está trabajando junto con la ONG Prometa, con el apoyo también del zoológico de Chester de Reino Unido y la universidad de Oxford. 

Presentar su investigación y quedar finalista en el Fondo de Conservación Whitley es un paso enorme, como el que dejan las huellas de sus amados plantígrados en la tierra. Ganar le puede significar 35.000 libras, que harían posible terminar su tan anhelada investigación.

 De Bolivia no salen muchos biólogos, a pesar de que tenemos tanta riqueza natural. ¿Es soñar mucho que un profesional de esta rama logre hacer un PHD y tantos estudios en el exterior como lo has conseguido vos? ¿Cómo encontraste oportunidades y cuánto costó?
No son imposibles, de hecho, las oportunidades que se tienen en conservación, matemáticas, física y química han aumentado mucho en los últimos años. 

Siempre les digo a los estudiantes: si te gusta indagar, preguntarte el por qué de las cosas, entonces lo tuyo es la ciencia. Hay oportunidades, hay becas y lugares donde están ofreciendo buena colaboración. Mi deseo era tan grande de estudiar al oso que en un principio estudiaba con mi plata, con mis ahorros. Fui aceptada en Cambridge, pero justo ese año cambiaron las becas hacia otras áreas de la ciencia que no eran lo mío y yo no podía pagar con mis medios porque era extremadamente caro. Pero apliqué a otras becas, como la del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés), saqué el primer lugar y eso me permitió tener dos años de fondos para mi doctorado. La WWF cubrió todos mis gastos en Bélgica. Cuando tú quieres hacer algo, no importa el resto, ya vas a ir reuniendo todo poco a poco y  se va armando como un rompecabezas. Me la pasé arañando de todos lados, pero muy feliz.

Osos en el bosque y perros en casa. En casa la compañía de la bióloga son Tato, Shanty y Máximo, tres perros caniche.

                   
¿Realmente podemos vivir con los osos?
Si existe un respeto, se puede llegar a la coexistencia. Con ayuda de las comunidades estamos determinando por qué ellos tienen conflicto con los osos, ya sabemos que es principalmente por el ganado. Cuando el oso mata a una vaca para comer, significa la pérdida de mucho dinero para la gente. Por eso los matan, por bronca, es como si le  hubieran robado sus ahorros de todo un año.

Pero al mismo tiempo la gente reconoce que si no hay osos, no hay bosque y cuando no hay bosque no hay agua. Entonces estamos trabajando juntos porque tampoco se trata de decirles no tienen que matar al oso porque es prohibido, si no darles opciones de subsistencia. Estamos identificando actividades para que no se dependa tanto del bosque ni del ganado.

¿Encontrarse con un oso no es motivo para salir corriendo?
Para mí fue la experiencia más linda. Este animal magnífico te provoca un sentimiento de humildad. Si alguien tiene la suerte de ver uno que lo admire. El Jucumari no ha atacado en mis 17 años estudiándolo. Cuando lo ves te das cuenta de que eres parte del todo y de que tú no eres el todo. 

El oso Jucumari es tímido y evita al hombre
 El oso de anteojos (Tremarctos ornatus) es bastante tímido y trata de evitar a los humanos. Cuando hay un olor muy fuerte de comida, es posible que se pueda acercar para ver de qué se trata. Es carnívoro, pero también tiene la capacidad de comer materia vegetal fibrosa.

Es de tamaño mediano en comparación con otros osos, mide entre 1,30 y 1,90 m, y pesa en promedio entre 80 y 125 kg, siendo el macho más grande que la hembra. Su coloración es uniforme, negra o café negruzca, con pelo áspero. Tiene manchas blanquecinas que se extienden alrededor de los ojos y la nariz a través de las mejillas, bajando por el cuello hasta el pecho. Habita únicamente en el continente americano, desde Venezuela hasta Argentina.

En Bolivia habita en los Yungas (La Paz); en el Parque Nacional Carrasco, Altamachi, Parque Tunari (Cochabamba); en el Parque Amboró, Comarapa, Cuevo (Santa Cruz); en Monteagudo (Chuquisaca) y en los bosques secos  interandinos de Tarija.

Se adapta a todos los hábitats. Tan solo su presencia da la evaluación de todo el ecosistema, que haya osos significa que los bosques son saludables. Conservando su hábitat se conserva el de miles de especies que viven dentro.

Según estudios de Velez-Liendo, se calcula que en el país hay unos 3.000 osos adultos en 13 grandes bloques de hábitats. El oso Jucumari está vulnerable en nuestro territorio, pues hay reducciones tanto en su población como en la de su hábitat, especialmente en la región sur, desde el Amboró hasta Tarija. Si bien hay poca gente en esa zona, la deforestación humana es grande. 
 



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