El Gobierno de Rodrigo Paz está a pocos días de concretar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), aunque el financiamiento que recibirá será considerablemente menor al que inicialmente buscaba negociar.
El ministro de Economía y Finanzas Públicas, José Gabriel Espinoza, confirmó este miércoles, que el préstamo se ubicará entre 2.500 y 2.800 millones de dólares, monto inferior a los 5.000 millones de dólares que el Ejecutivo había planteado como objetivo al iniciar las conversaciones con el organismo internacional.
Si el acuerdo se cierra en el monto máximo anunciado por el ministro, Bolivia recibirá 2.200 millones de dólares menos, equivalente a una reducción del 44% respecto a la meta inicial. Si el desembolso final alcanza los 2.500 millones de dólares, la diferencia ascenderá a 2.500 millones, es decir, el país obtendría apenas la mitad de los recursos que esperaba conseguir.
Pese a ello, Espinoza aseguró que las negociaciones se encuentran prácticamente concluidas.
"Estamos trabajando ya en los últimos detalles. No les puedo anunciar la fecha exacta porque depende también de un trabajo conjunto con esta entidad, pero les puedo decir que estamos ya a días del anuncio formal", afirmó.
Un crédito menor, pero con efecto multiplicador
Aunque el financiamiento directo del FMI será menor al esperado, el Gobierno considera que el acuerdo tiene un valor estratégico.
Según Espinoza, la aprobación del programa permitirá activar nuevos desembolsos de otros organismos multilaterales, por lo que el flujo total de financiamiento externo durante este año podría superar los 5.000 millones de dólares.
"Con el anuncio del acuerdo se disparan una serie de acuerdos con otros organismos multilaterales, de tal manera que durante este año Bolivia podría llegar a recibir más de 5.000 millones de dólares", sostuvo.
En otras palabras, el Ejecutivo reconoce que el FMI no cubrirá por sí solo las necesidades de financiamiento previstas y apuesta a que el respaldo del organismo facilite el acceso a nuevos créditos del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CAF y otras entidades.
Los dólares no irán al gasto corriente
El ministro remarcó que, a diferencia de años anteriores, los recursos no serán destinados a financiar importaciones de combustibles ni a cubrir las necesidades de divisas de las empresas públicas.
Aseguró que la política del Gobierno consiste en que todos los dólares provenientes del financiamiento externo permanezcan en el Banco Central para fortalecer las Reservas Internacionales Netas (RIN).
"Cada dólar que llega al Banco Central se tiene que quedar en el Banco Central para reforzar reservas. Esa es la acción prioritaria", afirmó.
Posteriormente, explicó, el Gobierno pretende que las empresas estatales adquieran las divisas que necesiten directamente en el mercado cambiario, reduciendo así la presión sobre las reservas internacionales.
Persisten los desafíos
Si bien el acuerdo con el FMI representa uno de los mayores programas de financiamiento externo de los últimos años, el hecho de que el monto sea entre 44% y 50% inferior al inicialmente esperado refleja que el Gobierno deberá complementar su estrategia con nuevas fuentes de recursos.
Además, el fortalecimiento de las reservas dependerá no solo del ingreso de créditos, sino también de la capacidad del Ejecutivo para estabilizar el mercado cambiario, incrementar la oferta de divisas mediante exportaciones e inversiones y administrar los futuros vencimientos de deuda.
El propio ministro reconoció que el grueso de los recursos del FMI recién ingresará entre finales de agosto y septiembre, mientras que el resto del financiamiento dependerá de la firma de nuevos acuerdos con otros organismos multilaterales, un proceso que aún está en desarrollo.