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Evo Morales: “Álvaro es mi mejor secretario, jamás se ha creído presidenciable”

El presidente repasó los 10 años de gestión en una entrevista de casi dos horas. Está orgulloso de la nacionalización, la Constitución y el crecimiento económico. No se arrepiente de nada, pero sufrió con la matanza de Huanuni, la muerte de Chávez y la corrupción de Santos Ramírez

Asegura que García Linera, además de ser    su mejor colaborador, es su amigo

Asegura que García Linera, además de ser su mejor colaborador, es su amigo

Pablo Ortiz
portiz@eldeber.com.bo

22/01/2016
12:14

Algo ha cambiado. Diez años no pasan en vano. Evo Morales está más flaco, más ojeroso y más locuaz que cuando asumió el poder, hace exactamente una década. Camina firme con zapatos de cuero, traje cortado a la medida y sonrisa confiada. El poder ha dejado su huella en él. Cada vez combina mejor con el Salón Dorado de Palacio Quemado, aunque solo lo use para dar entrevistas. Dice que es muy lujoso, que no se adapta, que mejor se sentirá en el nuevo palacio de 20 pisos que crece detrás del Quemado.

Ya lleva más tiempo en el cargo que ningún otro mandatario -democrático o de facto-. No ha tenido rival en las urnas y no se asoma un sucesor firme. Quiere más tiempo en Palacio. No le alcanza hasta 2019 y quiere llegar a 2025. Dice que no sabe si festejará hoy o si estará triste porque le queda un año menos. En esta década, ha logrado simplicar qué es un buen Gobierno a pocos elementos: que haya movimiento económico y que el país sea autosuficiente en generación de alimentos.

EL DEBER: Lleva 10 años en Palacio, ¿cómo los ha pasado?
Evo Morales:
Como si nada. Los primeros días, las primeras semanas, sentía que había pasado mucho tiempo. Ahora, el mes parece una semana, la semana parece un día. A veces pierdo la cuenta de si es sábado o lunes. Es lo mismo si es feriado, sábado o domingo, no conozco vacación. Nuestros cargos son prestados, tenemos tiempo limitado y tenemos que devolver la confianza a nuestro pueblo. Por eso 10 años no los siento. Será un año de la tercera gestión. Tengo miedo de festejar, porque es un año menos.

ED: ¿En qué tiene que poner más énfasis?
EM:
En reducir la pobreza, en cumplir con la agenda patriótica 2025, pero estamos conformes. Tanto hemos reducido en corto tiempo. Y, en lo económico, que siga creciendo la economía. Esa es la gran fortaleza del proceso.

ED: Usted dice reducir la pobreza pero, ¿cómo va a evitar que ese porcentaje que ha salido de la extrema pobreza vuelva a caer en ella, como en Brasil?
EM: Dos cosas: que no haga faltar movimiento económico ni alimento; que no seamos un país consumista sino productor. Y para que no falte movimiento económico es con inversión. Hay países, empresas privadas, que nos proponen invertir con tasas de interés blandas o bajas. La ventaja para que haya mayor inversión es que la deuda externa es solo 17% en relación con el PIB. Eso asombra al mundo. Hay que invertir, energía y en caminos.

ED: ¿Esas son las prioridades?
EM:
Primero es energía, porque es una empresa productiva. Segundo está caminos, porque es integración, también puertos, ferrocarriles. También la parte agropecuaria y la industrialización con petroquímica y litio.

ED: Hace 10 años, ¿qué cree que hizo que el pueblo confíe en usted? A usted lo tildaban de narcotraficante, había sido expulsado del Congreso…
EM:
(Interrumpe). Me decían Bin Laden Andino, el terrorista, bloqueador. Yo siempre saludo al movimiento indígena originario, pero también al trópico de Cochabamba. Desde la primera marcha, siempre hemos planteado dignidad y soberanía. En algún momento dijimos hay que casar coca con petróleo, defender coca, pero nacionalizar el petróleo. Y eso gusta al pueblo porque no es imperialista. En EL DEBER, un empresario privado respondió que prefería dormir con piedras en la puerta de su casa que con bala. Me di cuenta ahí de que la vía no era la lucha armada, que había revolución que no se hace ni con armas ni con bala, que se podía hacer una revolución democrática.

ED: ¿Había la posibilidad de que se vuelva una guerrilla?
EM:
Estaba, costó evitar una confrontación armada, por eso preferíamos bloquear. Ahora los resultados son los de una revolución pacífica y en paz.

ED: ¿Cuáles fueron los momentos más felices de estos 10 años?
EM:
La nacionalización en lo económico, la promulgación de la nueva Constitución en lo político. Ahora, las informaciones internacionales que reconocen, hasta los periodistas de la derecha, del imperio, y también los organismos internacionales, nuestro crecimiento económico. No es un reconocimiento para Evo, sino para el pueblo boliviano. Qué importante había sido la estabilidad política para que Bolivia cambie. Ahora tenemos la nueva Bolivia.

ED: ¿Cuáles son las características de lo que usted llama Nueva Bolivia?
EM:
Igualdad, dignidad, y eso se logra con unidad. Hay confianza y esperanza en este proceso, en estos cambios con base en la inversión. Hay integración de Bolivia y paz. Hay pequeños conflictos, pequeños grupos, pero no hay diferencia sobre temas estructurales. Eso es lo más importante.

ED: ¿Cuáles son los defectos de esta nueva Bolivia?
EM:
La justicia es lo peor que tenemos. El contrabando, que es un poco coyuntural por la devaluación de los vecinos y afecta la producción. Pero el problema estructural es la justicia.

ED: ¿Cuáles fueron los momentos más duros?
EM:
Me ha dolido bastante cuando los hermanos mineros se mataron en Huanuni. No podía entender que entre hermanos del mismo rubro podrían enfrentarse con muertos. En lo internacional, la muerte de Chávez. Fue muy dura, porque Chávez nos enseñó a no tener miedo, a levantar la voz, que cuando el pueblo está unido levantamos la voz sin miedo. Otro momento difícil fue enterarme de que Santos Ramírez estaba involucrado en hechos de corrupción. Otro momento difícil era cuando los departamentos llamados de la media luna se convocaron a la autonomía y confundían autonomía con la independencia.

ED: Usted dijo que los indígenas eran reserva moral de la humanidad. ¿Le dolió verlos implicados en corrupción?
EM:
Estoy seguro de que hubo pocos pícaros que han robado mediante proyectos fantasmas. Estoy convencido de que los problemas son porque no somos expertos en administración de proyectos y por falta de buen acompañamiento en la parte profesional, en la parte administrativa, se cometió errores. Hemos revisado los datos, hay como 40 proyectos fantasmas, que hacen un total de $us 2,5 millones, frente a los corruptos de antes que se llevaban $us 20, 30, 100 millones.

ED: El exdirector del Fondioc dijo que la ministra Achacollo usó alrededor Bs 500 millones para campaña del MAS.
EM: ¿Cuánto? ¿500 millones para campaña? Quién va a creer. Aramayo es un delincuente confeso que no sabe cómo defenderse. Para mí, la organización de base del movimiento indígena sigue siendo la reserva moral de la humanidad. De algunos es muy sospechoso, de otros hubo mala administración y a esos los defiendo.

ED: Aramayo le apunta a Nemesia Achacollo como si con ello lo hiriera en su seno familiar.
EM:
(Se ríe). Sí, dicen que Evo la protege porque es suegra del Evo. Otra mentira. Yo me acuerdo que era 7 de agosto, estaba en Trinidad por el día de las FFAA, llegamos en la noche y al día siguiente había reunión de gabinete. Entro y veo a las ministras y ministros preocupados. “Por qué están preocupados”, les pregunté. “Doria Medina dijo que habías embarazado a la hija de la hermana Nemesia”, me dicen. ¡Uuuta, yo me he reído! “Esto es una mina de oro, políticamente”, les he dicho. “Hay que denunciar, es una mentira”.

ED: Su relación con Santa Cruz comenzó con enfrentamiento, pero luego se arregló.
EM:
Estoy sorprendido, mirá. En dos encuestas ganamos en Santa Cruz y el primer año era difícil caminar. Siempre me esperaban muchos jóvenes con petardos. Me acuerdo que una vez había demasiado petardo fuera del hotel Casa Blanca. Les he dicho: “Váyanse ustedes con la caravana” y se fueron. Los jóvenes siguieron la caravana y yo salí después tranquilo, solito. Otra vez mandé a decir a los de seguridad que a las dos de la mañana iba a meter chicas simpáticas y los periodistas se amanecieron esperando. Tal vez vos has caído en ese tema.

ED: ¿Y metía chicas?
EM:
¿Yo? Hombre santo, por si acaso.

ED: Alguna vez me contaron que tenía una novia, rubia, de 26 años.
EM: ¿Rubia? Rubia no. Nunca.

ED: ¿No le gustan las chocas?

EM: Me pueden gustar, pero no son de confianza, prefiero a mis hermanas del campo. Con ellas hay mucha más confianza.

ED: ¿Sigue sin novia?
EM: Usted sabe que tengo novia, ¿o no sabe? Mi novia es Bolivia.

ED: ¿Va a seguir viajando?
EM: Sí, es otra forma de gestión. César Cocarico, cuando estaba de gobernador, me decía: “No creo que haya otro presidente que trabaje tanto”. Desde el momento que tuvo uso de razón, nunca había conocido a presidente y vicepresidente que se lleven bien.

ED: ¿García Linera va a llegar a ser presidente?
EM: Noo, eso pregúntele a Álvaro.

ED: Él dice que no.
EM:
No sé, pero también, después de esto, ¿qué nos toca? Irnos a nuestras casas. Tenemos que terminar la gestión. Tuto dice que Álvaro quiere ser presidente. Claro, quisiera ver a Álvaro como él se llevaba con Banzer. Ni siquiera sus esposas se hablaban. Para Tuto debió ser una gran felicidad que Banzer tenga cáncer. Los problemas entre presidente y vicepresidente vienen de la parte económica y después tiene el problema político. Ambición, ese fue el problema de Mesa con Goni.

ED: Y Álvaro es leal.
EM:
Nunca he sentido ambición personal en él. Nunca lo he sentido con la ambición de sacarlo a Evo. Desde el primer año, por redes sociales, por panfleto, nos quisieron enfrentar. Yo recuerdo que la Silvia Lazarte, cuando era presidenta de la Constituyente, me dijo: “Hermano Evo, cuídate, el Álvaro nos va a sacar de presidente”. “Cállate”, le dije. Ahí me inventé que somos un toro blanco y un toro negro, y como yunta trabajamos por Bolivia. Álvaro es mi mejor secretario, un amigo de confianza, porque para trabajar bien, hay que tener confianza y eso se construye con sinceridad. Cuando tengo problemas, le pregunto cómo me puede ayudar, no solo cuestiones de gestión sino también problemas personales. Él también me cuenta. Jamás he sentido que se crea presidenciable.

ED: ¿Quiénes han sido sus mayores colaboradores?
EM:
Álvaro, de lejos. A Álvaro le pido que convoque al ministro, que revise sus planes cómo están. Y yo me voy. Antes, él no viajaba y se quedaba en el escritorio revisando los datos.

ED: Y en un segundo escalón, ¿quiénes están?
EM:
En tema político, Juan Ramón (Quintana). En tema económico, Luis Arce. En relaciones internacionales, David (Choquehuanca). Son tres. Cada ministro, ministra, tiene su propia forma de ser, su particularidad para hacer gestión. En temas de seguridad, el ministro de Gobierno (Carlos Romero) está dando buenos resultados. Es evaluador, analista, calcula muy bien. Hasta en deporte calcula bien.

ED: ¿Es muy exigente con los ministros?
EM:
Obligado, sino no funciona. Cuando yo era dirigente ni renegaba. Aquí es mucha responsabilidad y como soldados hay que cumplir.

ED: ¿Es verdad que mandó a arrestar a algún ministro por llegar tarde?
EM: ¿Por llegar tarde? No. Le cuento una experiencia, a ver. Llegaron las inundaciones de 2007 o de 2008, todavía no teníamos plata del Tesoro, era de cooperación. Se ha decidido y se le da la plata de la cooperación al ministro, pero voy a ver y nada había llegado. La gente afectada por inundación seguía en carpita, sin comida. Llego a La Paz y pregunto al ministro, por qué no había hecho. “Está resuelto”, me dice todavía. “No está resuelto, estoy viendo”, le digo. “Ministro, se queda en Palacio”, ordeno. Llamo al jefe de la casa militar y digo que el ministro no sale de Palacio. Gritando ahí, en tres horas resolvió todo lo que no hizo en tres meses. Si no hacía eso, pasaba un mes o dos meses más sin resolver. Me ha dolido; pero si no tomamos decisiones, no somos Gobierno, somos poder decorativo, no somos Poder Ejecutivo. Así nomás hay que ejecutarlos.

ED: ¿Cómo decidió firmar el decreto de nacionalización?
EM: Con mucha alegría.

ED: Pero era una jugada arriesgada, le salía bien o le costaba el Gobierno.
EM:
Tenía mucha confianza en las Fuerzas Armadas, planificamos. Trabajamos muy bien, solo Álvaro sabía los detalles. Ni el ministro de entonces, Andrés Soliz Rada. Quería 82% (para Bolivia) y 18% (para las empresas petroleras transnacionales), máximo, máximo podría ser 51 y 49% decía Soliz Rada. Máximo llegamos con Andrés a 60-40. Yo tenía un departamentito en anticrético en la avenida 20 de Octubre. Ahí nos reuníamos, porque cuando nos reuníamos en Palacio se filtraba a la prensa. Se filtraba porque Álex Contreras era el vocero y sacaba información por debajo. Muy desleal el Álex. Así nos fuimos al departamento, éramos yo, Álvaro, a veces el ministro de Planificación, Carlos Villegas, Juan Ramón y Andrés. Había asesores venezolanos, españoles, cubanos y creo que había un ecuatoriano y otro colombiano, expertos en petróleo. Les preguntaba si con el 18% podían tener utilidades. Al final dijeron que sí, que podían.

ED: ¿Le va a costar ganar el referendo?
EM: No, no es un problema ganar, tenemos ganado el referéndum con amplia mayoría. El triunfo está garantizado, aunque usted haga campaña por el No, pero no importa. La mayoría de la prensa está por el No, pero no puede hacer campaña de frente.

ED: ¿Qué va a pasar con el MAS cuando usted ya no esté?
EM: Aquí no se trata de grupos, sino son los movimientos sociales, esa es la particularidad del movimiento indígena. Evidentemente depende de cómo se conduzcan. Si el MAS en el futuro no claudica en sus principios, ni en los valores, esto va por mucho tiempo. Puede haber esas dudas, como el MNR, que claudicó, se volvió neoliberal y cayó. Hay principios: nacionalismo, antiimperialismo y anticapitalismo. Solo puede fracasar este proceso si cambia de rumbo ideológico. Segundo, que este proceso no maneje bien las cosas. En poco tiempo hemos demostrado que estamos mejor sin el imperio y sin la dominación externa. Si no falta movimiento económico, si no falta alimentos, y sobre eso vamos reduciendo la pobreza, y si no falta agua y energía, pueden protestar, pero no hacer movilizaciones para cambiar al presidente.

ED: ¿De qué se enorgullece?
EM: Primero, orgulloso de nuestros movimientos sociales. Algunos me dinamitan, pero entiendo. Después de que pasa el conflicto nos sentamos y nos entendemos. Después de la pelea tenemos que querernos. Somos pueblo, somos movimientos sociales y tenemos que entendernos. En el campo dicen pacto de sangre. Aunque me vaya mal, nunca me abandonarían y yo nunca los abandonaré. Es un Gobierno histórico, único en el mundo: los movimientos sociales se adueñaron del Gobierno.

ED: ¿De qué se arrepiente?
EM: Arrepentirme no. Si estuviera arrepentido, no estaría aquí, ya me hubiera ido.

ED: Y de la gestión, ¿hay algo de lo que se arrepiente?
EM:
La gestión, ¿qué? Tampoco. ¿El tema de la nivelación del precio del combustible? Después de que retrocedimos, una encuesta dijo que el 51% veía que estaba bien la nivelación.

ED: Después de 10 años en el Palacio, ¿qué es el poder?
EM:
No sé si es poder de Evo, yo no entiendo así. Para mí el poder es del pueblo.

ED: ¿Se siente un caudillo?
EM: No. Por qué yo digo jefes, jefas, porque para mí, el pueblo es mi jefe. No entiendo qué es caudillo. Dígame: ¿qué presidente en el mundo está en permanente reunión con los movimientos sociales? Qué entiendo por caudillo, todo instruir y ejecutar bajo represión. Eso entiendo por caudillo.

ED: ¿Se ha alejado de los indígenas?
EM: Dicen.

ED: Ven que su Gobierno tuvo un giro en 2010 hacia el nacionalismo, alejándose del indigenismo.
EM:
En este proceso los que más ganan son el movimiento indígena y las mujeres. Es el sector más excluido en la historia. Aquí lo que importa son políticas y programas. En política, un hermano indígena de la zona amazónica con 400 o 500 votos es diputado y uno de la zona de El Alto, con más de 100.000 votos. ¿Eso es abandonar al movimiento indígena? ¿Reunirme con ellos permanentemente es abandonar? Claro, la derecha maneja ese discurso para enfrentarnos. Tantos programas para el movimiento indígena de Oriente y occidente. Hay políticas acompañadas de programas y proyectos para los indígenas

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