BOLIVIA

Evo se pone la polera de la campaña 2020-2025 para homenajear al Che


Llegó a La Higuera con la imagen de Gueavara en el pecho y la suya en el hombro izquierdo. Hoy dará       un discurso para “relanzar la lucha antiimperialista”. Están los hijos del Che y el vicepresidente de Cuba

Evo Morales participa activamente en los actos del aniversario de la muerte del Che

09/10/2017

Evo Morales se puso el traje de campaña para visitar los lugares donde peleó y murió Ernesto Guevara. No llevaba botas ni el overol verde, pero estaba vestido para una batalla aún distante y que aún no sabe –o no sabemos– si podrá pelear las elecciones generales de 2019. Por los caminos angostos y polvorientos que llevan a La Higuera el presidente marchó a la cabeza de un grupo multinacional a cuya vanguardia iban las bartolinas y a la retaguardia lo que queda del Ejército de Liberación Nacional que peleó junto al Che. En medio, banderas comunistas y socialistas de Argentina, Perú, Venezuela, Cuba y Chile. En el centro de todos, acompañado en los pasos finales por Pombo, Evo Morales, vestido con una camiseta blanca con el rostro del Che en el pecho y una litografía de su cara en el hombre izquierdo.

Era el logo presidencial, el que aparece en los afiches oficiales, el estrenado en la campaña para la presidencia 2015-2020. La única diferencia, lo único distinto, era que decía 20-25. Así, ayer, en La Higuera, el presidente comenzó su campaña para reelegirse a un cuarto mandato, aún sin el permiso del Tribunal Constitucional Plurinacional.

Evo Morales no bajó del helicóptero con esta polera. Se la dieron al pisar suelo vallegrandino. Se la habían preparado sus militantes de los valles cruceños. Ellos iban vestidos de la misma forma en un acto que se realizó cuatro horas después, en el Hospital Señor de Malta de Vallegrande.
 



El presidente no hizo alusión a su vestimenta. Marchó, saludó, se dejó abrazar en La Higuera y se perdió dentro del hostal que se encuentra a lo diagonal de la escuelita donde hace justo 50 años mataron al Che.

 

Pueblo revolucionado

Desde muy temprano, los camiones Cóndor comenzaron a alborotar La Higuera. Traían en sus carrocerías a militantes de izquierda de todos lados del continente, hacinados como ganado. Iban cantando, tiznados del polvo del camino, cocinados por un sol que se ensañó con sus visitantes. Se bajaron dos kilómetros antes del pueblo y llegaron caminando hasta el sitio donde fue capturado y ejecutado el Che. Mientras la izquierda joven latinoamericana llegaba a pie, con banderas y fervor, la izquierda nacional empoderada se transportaba en camionetas y vagonetas Toyota de año reciente, mientras los antiguos militantes, los que fueron Gobierno y ya no lo son, hacían un recuento de los daños del poder.

No podemos llegar así, con los destellantes puestos sobre la camioneta blanca”, se quejaba el dirigente. Veía que estaban los mismos que rindieron homenaje a los 30 años de la muerte del Che, pero más envejecidos. Extrañaba a la juventud boliviana que la había, pero era minoría frente el fervor internacionalista. Los jóvenes bolivianos no llegaban tan tiznados de polvo como los extranjeros. Tenían gorras con el rostro del Che y de Evo y, por lo general, eran delatados por sus equipajes, mochilas de alguna institución pública, como YPFB.

Cuando Evo entró al hostal comunal para reunirse con los guerrilleros cubanos y líderes de movimientos sociales, la gente que había llegado hasta La Higuera quedó sedienta de sus palabras. No había tarima ni buen sonido para que hablara el presidente. Cuando fue el momento de partir, a 15 kilómetros de La Higuera aún se podía encontrar a pequeños grupos de peregrinos que habían emprendido la caminata desde Pucará. El acto ya había terminado y a la vuelta se armó una caravana que, dicen, cubrió toda esa  ruta angosta y polvorienta.

Lejos, muy lejos de allí, en el mundo virtual, Carlos Mesa criticaba en Twitter que se haya olvidado homenajear a los excombatientes bolivianos que pelearon contra el Che. En ese mismo territorio le respondió el ministro René Martínez, que le preguntó si se acordó de ellos cuando en su gestión autorizó el ingreso de tropas estadounidenses. En La Higuera, varios bustos desproporcionados dejan en claro quién venció en la guerra por el imaginario popular, pese a perder la batalla de la Quebrada del Churo.
El médico guerrillero

Pero el día aún no había acabado. A media tarde, en el hospital Señor de Malta, Evo Morales y la plana mayor de invitados concurrieron a cerrar la feria de salud. Junto al presidente estaban cuatro de los hijos del Che (Ernesto, Aleida, Camilo y Celia); su hermano menor; el vicepresidente de Cuba, Ramiro Valdez; y varios ministros. Morales ya vestía una impecable camisa blanca, lucía cansado por la caminata y el sol. La polera con el Che en el pecho y Evo en el hombro izquierdo se había multiplicado hasta convertirse en mayoría. La vestía gente venida desde Saipina, Pucará y Trigal. Se repetía en otros diseños de militantes emocionados que llegaban desde Colpa Bélgica. Perdían las mangas azules, pero no la efigie de Evo en otras versiones: estaban en todos lados.

Cuando le tocó hablar a Evo, elogió la labor cubana en la salud de Bolivia, la formación de médicos nacionales en la isla y la solidaridad del extinto Fidel en forma de más de 600.000 operaciones oculares. Solo anunció un poquito de lo que dirá mañana: “Será el relanzamiento de la lucha antiimperialista latinoamericana”, dijo, como el cocinero que esconde el mejor plato para el final.

El canciller Fernando Huanacuni, a la salida del acto, dio algunos de los ingredientes: Evo tratará de empoderar -y empoderarse- como vanguardia antiimperialista a los indígenas y campesinos del continente. Espera unir a 10.000 personas bajo el lema ‘El Che vive, Evo sigue’. Eso, tal vez, sea un acto de proclamación.



En esta nota



e-planning ad