SÉPTIMO DÍA

Profundas raíces culturales sostienen el paso de la gran China


Milenaria. EL DEBER recorrió la Ciudad Prohibida, la Muralla China y el monte Emei donde se hunden las huellas de una cultura milenaria, que es patrimonio de la humanidad

Imponente: En la cima del monte Emei se erige el monumento a Samantabhadra, el protector de las cuatro montañas que reciben a cientos de miles de peregrinos budistas todos los años.
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03/06/2018

China no es solo desarrollo económico y lujos capitalistas. En el corazón de esta nación continental están la fortaleza y el espíritu de sus ancestrales raíces culturales, sus creencias y su milenaria filosofía. 

Desde la Muralla China, la Ciudad Prohibida, la plaza de Tiananmén (Puerta de la Paz Celestial), el monte Emei, las rutas de Leshan y los santuarios budistas, hasta el milenario libro El arte de la guerra de Sun Zi y los Guerreros de Terracota de Qin Shi Huang, las huellas chinas en el mundo se hunden en tiempos inmemoriales y permanecen en la memoria viva de cientos de millones de chinos.

Gracias a una invitación oficial del Gobierno chino, EL DEBER estuvo en los principales centros culturales en Pekín, Cheng Du y Shanghái. 
En la provincia de Sichuan se erige el Buda gigante de Leshan, una estructura tallada en piedra de más de 70 metros de altura que se levanta en la confluencia de los ríos Minjian, Qingyi y Dadu, los tres de diferentes colores, lo que conmueve a las miles de personas que llegan hasta este lugar. 

Muchos descienden por una extensa escalera buscan tocar los pies del Buda de Leshan, señal de suerte y garantía de prosperidad para toda la vida. 

Allí también se yergue la famosa Pagoda del Divino Tesoro, el templo Lingyun, la cueva Haishi y la torre de Dongpo. Un inmenso Buda se muestra imponente bañado en oro mientras miles de creyentes se tienden en el suelo o se arrodillan en señal de veneración. Pero lo más estremecedor vendrá después en el monte Emei, uno de los lugares más sagrados del Budismo, a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

"Las montañas verdes y las aguas claras son como oro y para nosotros", reza un cartel escrito con caracteres mandarines. 

La cima de oro se llama así porque en su pico se encuentra uno de los monumentos de oro más grande del mundo.  Samantabhadra, llamado en idioma chino Puxian, es el protector de la montaña. En este monte vimos el primer templo budista construido en China en el siglo I de nuestra era. La estatua dorada representa las 10 direcciones de Samantabhadra y sus 48 deseos de prosperidad para la humanidad.

Convencer, no confrontar

Sun Tzu o Sun Zi fue un estratega militar de la antigua China que desarrolló su obra más de 500 años antes de Cristo. En las páginas de seda de El arte de la guerra, el filósofo chino plantea que “lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla” y su pensamiento ha tenido un impacto fundamental en la historia y las culturas china y asiática. 

La secretaria ejecutiva de la Asociación de Periodistas de Toda China, Wang Dongmei, entregó un ejemplar del libro de Sun Zi a los personeros de EL DEBER que visitaron la organización con sede en Pekín.

“Nuestro país tiene buenas noticias para la humanidad”, dijo Dongmei tras una extensa conversación en la que dio detalles de la importancia que tiene el desarrollo cultural para el denominado socialismo con particularidades chinas que impulsa el presidente Xi Jinping.



 




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