7º DÍA

No vuelva un 15 de enero


El sociólogo Hugo José Suárez no solo habla sobre su padre, al que perdió aquel negro 15 de enero de 1981, cuando salió de su casa para nunca más volver. También recuerda la memoria de todos los caídos en la masacre de la calle Harrington y cuando el país vivió un duro luto


Los mártires de la calle Harrington son recordados en un monumento ubicado en el parque de la avenida del Poeta, de La Paz. Los familiares y la ciudadanía los tienen en la memoria
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27/01/2019

No lo puedo evitar. Cada 15 de enero las emociones se me alteran y revivo la partida de mi padre hacia aquella reunión política de la que nunca volvería. Era 1981. Este año ha corrido mucha tinta sobre el tema. He leído con agrado artículos, entrevistas, comentarios, una bella historieta con el dibujo de los ocho mártires por la democracia. Bien por los homenajes.

Entre todo lo dicho, creo que hay que subrayar la idea de que los mártires le pertenecen a la historia boliviana, ningún grupo debe buscar capitalizarlos con fines inmediatos. Veo con espanto cuando se habla de ellos haciendo un rápido e irresponsable paralelo de su lucha contra la dictadura y la batalla actual contra el Gobierno de Evo Morales. Pero con el mismo horror veo la indiferencia del Gobierno masista ante quienes lucharon por la democracia que hoy todos gozamos. Lo dijo muy bien Gonzalo Lema y me voy a permitir reproducir un largo párrafo de un artículo suyo:

“El viejo MIR, el histórico, compuesto por muchachos, peleó, junto a otros grupos y valientes individuos por todo esto. No puede sonar a cuento el día que murió el primero de ellos. Y luego el segundo, importantes tanto como inteligentes y sensibles jóvenes que fueron quedando en el camino hasta llegar a la masacre de la calle Harrington el 15 de enero de 1981. ¿Por qué el Gobierno actual no los honra como fundadores de la democracia que vivimos? Sin estos muertos, sin su sangre, ¿cómo se hubiera desarrollado nuestra historia? Todavía campea el egoísmo entre nosotros. La ceguera. La falta de ecuanimidad. Todavía no hemos entendido que cada generación hizo todo lo que pudo hacer, en su propio contexto histórico, peleando con sus armas contra los enemigos de la nación. No tenemos ojos sino para lo nuestro. Una visión cortísima muy parecida a la egolatría. El Gobierno del MAS debe dar un paso adelante y reconocer la lucha de tanta gente que, en su medio, a su modo, peleó por construir Bolivia. Ya lo sabemos: la vida tiene larguísima data. No comenzó con nosotros. Tampoco terminará con nadie”.

Firmo cada una de las letras de Lema. Me dijeron, por ejemplo, que parece que en el nuevo Palacio de Gobierno, entre los tantos murales, no aparecen los 8 compañeros. Ojalá la información sea falsa, sería tan vergonzoso como cuando el Gobierno militar del dictador René Barrientos borró el mural de Alandia Pantoja en 1965 en Palacio. La historia no se calla haciendo desaparecer personajes de los muros.

En fin, me quedo con dos regalos del 15 de enero. En esta fecha, vuelvo a escuchar varias veces la preciosa canción de Entre 2 aguas: “Gritando estas largas horas, que los héroes no están muertos (…). Ocho nombres en mi recuerdo (…). No vuelva otro 15 de enero”.

Termino con el segundo regalo. En alguna red social me encontré una bella foto de Lucho Suárez, mi papá. Nunca la había visto. Está alegre, riendo, aplaudiendo, creyendo en la esperanza, en el amanecer, construyendo el futuro.