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Las 29 heridas que García Meza causó y que no pueden cicatrizar


Según la lista documentada, en la dictadura de Luis García Meza desaparecieron forzadamente 29 personas. Hay cerca de 500 víctimas

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06/05/2018

Hugo guarda los claveles que quiere dejar en la tumba de su hermano. Compra flores cada semana y se limita a exponerlas en el retrato de su consanguíneo, Renato Ticona, músico y dirigente universitario orureño que fue capturado el 22 de julio de 1980 por fuerzas paramilitares. La última vez que se lo vio fue en el Estado Mayor, en La Paz. Así, los familiares de 29 desaparecidos y más de 150 asesinados sufren por las heridas sin cicatrizar que dejó la muerte de Luis García Meza, el último dictador de Bolivia.   

Hugo Ticona iba con su hermano Renato aquel 22 de julio de 1980. Cerca del puesto de control de Cala Cala, en Oruro, pocos días después del golpe militar de García Meza, los detuvieron fuerzas paramilitares. No les dijeron los cargos en su contra ni los pusieron a disposición de un juez. Los golpearon y luego los torturaron. Fueron trasladados, primero, a un cuartel y luego a las oficinas de la entonces Dirección de Orden Público (DOP). Hugo tuvo la suerte de ser llevado a un hospital militar debido a las heridas que tenía. Luego fue trasladado a Puerto Cavinas, Beni, donde estuvo preso hasta su liberación el 4 de noviembre de 1980. 

“Desde que entramos en la DOP, desde ese momento, ya nunca más he vuelto a ver a mi hermano”, relata Hugo. Renato fue visto por última vez en el Estado Mayor, en La Paz. Lo vio otro dirigente sindical. Hoy, se desconoce dónde están sus restos, algo que la familia, en especial Hugo, reclama en varias instancias, incluida la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde instaló una denuncia contra el Estado. 

La Asociación de Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional (Asofamd) cuantificó 29 personas desaparecidas en los 13 meses de la dictadura de García Meza, que falleció la madrugada del 29 de abril en un hospital militar en la sede de Gobierno, donde cumplía parte de su condena de 30 años de prisión por delitos cometidos durante su dictadura (1980-1981). 

La presidenta de Asofamd, Ruth Llanos, recalca que la cifra documentada como personas con desaparición forzada llega a 29; sin embargo, dice que las víctimas —torturados, asesinados, heridos y detenidos— pueden ascender hasta 500, solo en la dictadura de García Meza. 

“Hay una enorme deuda que deja Luis García Meza con su muerte, una deuda con la impunidad por una serie de delitos que cometió, no solo contra los familiares sino de manera general contra el país por dejar a Bolivia con el estigma de narcoestado. En el campo de la desaparición forzada cometió uno de los delitos más atroces que establece el sistema universal de justicia”, reprocha Llanos.   

El caso de Elías
La madre de Elías Raphael Flores murió sin poder volver a ver a su hijo. Doña María “enloqueció” buscando a Elías por todo el país. Quedó en pobreza y por una serie de enfermedades no pudo aguantar más. Llanos detalla que la señora “desvarió” cuando su descendiente cayó en manos de la dictadura de García Meza. 

“Ella (madre) enloqueció buscando a su hijo (Elías), recorrió todo el país y quedó en pobreza por tratar de encontrarlo. Al final, no aguantó más y falleció sin poder encontrar los restos de su hijo”, remarca Llanos.

Elías tiene el registro 23 de los desaparecidos forzados. Era un destacado poeta de la época, estudiante de Sociología, trabajador de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Fue detenido el 2 de octubre de 1980 en su domicilio. Su madre logró visitarlo en el Ministerio del Interior 15 días después de reclusión y, como última información, fue reportado enfermo en el departamento de Beni el 6 de octubre de 1982. 

La dictadura de García Meza duró 13 meses, hasta el 4 de agosto de 1981. El periodista Gastón Núñez describe que “por presión militar Luis García Meza renunció, aunque nunca reconoció que fue derrocado por otra junta militar”. En ese golpe de Estado participaron Klaus Barbie, el criminal nazi que años después fue extraditado a Francia, así como mercenarios como Stefano Delle Chiaee, Joachim Fiebelkorn y Ernesto Milá, conocidos como los “novios de la muerte”. 

El derrocamiento de la presidenta interina Lidia Gueiler -diseñado por García Meza el 17 de julio de 1980- terminó con vidas de personajes destacados, entre ellas las del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz y los dirigentes sindicales Carlos Flores y Gualberto Vega, abatidos por paramilitares durante el asalto a la sede de la Central Obrera Bolivia (COB) y la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (Fstmb), en el paseo El Prado de la ciudad de La Paz.

Quiroga Santa Cruz está en la lista documentada de desaparecidos forzados. Tiene el número 19 en la nómina y el archivo tiene páginas, que son documentos escaneados. Hay diferentes hipótesis sobre el paradero del extinto líder socialista. Unos apuntan a que se encuentra enterrado en el Estado Mayor, otros dicen que está en la hacienda que pertenecía a Hugo Banzer Suárez, en Santa Cruz, y hay voces que dicen que los restos de Marcelo fueron incinerados. Con todo, es una de las heridas que no se cerró. 

En la dictadura de García Meza también fueron masacrados importantes líderes del MIR: Luis Suárez Guzmán, Arcil Menacho Loayza, Ramiro Velasco Arce, Artemio Camargo Crespo, José Reyes Carvajal, Jorge Baldivieso Menacho, Ricardo Navarro Mogro y Gonzalo Barrón Rendón fueron asesinados en la calle Harrington, de la La Paz. En esa masacre sobrevivió Gloria Ardaya, socióloga que ahora radica entre Lima, Quito y Madrid por cuestiones académicas.  

Los  jóvenes dirigentes alistaban una huelga de hambre como protesta contra la dictadura de García Meza, pero agentes encubiertos identificaron el lugar de la reunión. En la casa 730 de la calle Harrington se escuchó el frenazo de dos jeeps. Bajaron paramilitares armados y luego treparon por las rejas de la casa. Con ametralladoras lograron eliminar a los ocho dirigentes, menos a Gloria Ardaya, que se escondió bajo una cama.

Las otras heridas sin sanar están en la lista de los 29 desaparecidos forzados. La encabeza Juan de Dios Aramayo, dirigente tarijeño visto por última vez en el cuartel de Tupiza; Ariel Baldivieso, dirigente comunista desaparecido en Potosí; Julio Condori Chura, dirigente colegial; Julio Delgado Echenique, comerciante paceño; Gregorio Escalera, agricultor y dirigente campesino que desapareció en Cochabamba; Carlos Flores Bedregal, dirigente sindical ejecutado en La Paz; Carlos Gutiérrez, sastre y militante del MIR; Miguel Huarachi Mamani, carpintero que desapareció en un toque de queda; Carmelo Lima Mamani, mecánico; Gregorio López Tapia, dirigente de la mina Copacabana; José López Tapia, dirigente minero; Esther Manzano Coronado, estudiante de 18 años.  

Más de la lista
Sigue la lista con José Martínez Machicado, estudiante universitario; Ludgardo Medrano Sanjinés, electricista; Octavio Mendoza Arismendi, chofer de la UMSA que ayudó a escapar a Hernán Siles Suazo; Raquel Pacheco Condori, militante de la Unión Democrática y Popular (UDP); Germán Pacheco Quispe, desaparecido en Villazón; Marcelo Quiroga Santa Cruz, dirigente del Partido Socialista 1 (PS1); Freddy Quisberth Montes, trabajador; Sergio Quispe Salas, técnico en Colquiri.  

Continúa la nómina Eduardo Rodríguez Mattos, trabajador de Catavi y profesor de sociología; Elías Raphael Flores, poeta y trabajador de la UMSA; Ángel Rojas Vargas, agricultor militante del MIR que desapareció en Cochabamba; René Sánchez Chalco, secretario general del sindicato de la fábrica Aisloplas; Ángel Tarquino Sánchez, mecánico; Renato Ticona, músico y dirigente universitario; Germán Terceros Gutiérrez, detenido por civiles en Cochabamba, y Carlos Tórrez.  A estas 29 heridas sin cerrar se pueden sumar los casi 500 casos de asesinados y torturados. 



 




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