7º DÍA

El sueño argentino se rompió otra vez: la crisis que se sufre bajo la piel de bolivianos


Los que emigraron de Bolivia en busca de días mejores están pasando momentos duros en Argentina. La construcción, la confección de prendas de vestir y la producción de verduras son las más afectadas


El boliviano David Fernández acomoda cajas de tomates. El precio que cobra no le ayuda para recuperar lo que gasta en la producción
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25/08/2019

Argentina pasó aproximadamente una tercera parte del tiempo transcurrido desde 1950 en recesión económica. Así de categórico es el estudio que presentó el Banco Mundial a mediados de año y que detalla que los argentinos sufrieron 15 recesiones desde la mitad del siglo pasado. Pero la gran penuria se la está soportando ahora porque esta es la mayor de las crisis económicas que se vive en el país sudamericano.

Así coinciden muchas voces bolivianas radicadas en Argentina, compatriotas que están pasando momentos muy difíciles y tiemblan cada vez que llega la noticia de una nueva inflación, de una subida del dólar y de una devaluación del peso argentino. La crisis económica está sujeta también a los caprichos de la política.

El lunes 12 de este mes el peso argentino se desplomó frente al dólar, después de la ventaja que obtuvo en las primarias el peronista de centroizquierda Alberto Fernández, frente al actual presidente Mauricio Macri, que lo ubica como favorito para las elecciones presidenciales del 27 de octubre de este año. Ese lunes, según reportes de agencias de noticias internacionales, el nerviosismo se apoderó de la capital argentina, donde en las pizarras la moneda abrió en 53 pesos, pero rápidamente se desplomó hasta los 60 pesos por dólar estadounidense, mientras que algunas casas de cambio dejaron de ofrecer divisas.



Macri tomó algunas medidas para contrarrestar el impacto: beneficios salariales, recortes de impuestos y la congelación del precio de la gasolina durante 90 días. La cifra negativa expresada en una inflación del 22% en el primer semestre del 2019 y la pobreza que alcanza a 32% de la población, hace que los bolivianos que en Argentina forman una colectividad de casi 240.000 personas, estén pasando momentos de turbulencias. Así lo certifican testimonios de hombres y mujeres que, dedicados principalmente a labores agrícolas, textiles y a la construcción, confirmen que la crisis económica se la esté sintiendo con fuerza en los bolsillos y en la mesa familiar. Elías Amador es productor agrícola en los alrededores de la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Él está haciendo lo posible para seguir adelante con su familia.

“La verdad, estamos terriblemente preocupados porque no suba el dólar. Como yo, miles y miles de compatriotas bolivianos que nos dedicamos a la agricultura en Argentina, estamos viendo cómo pagar nuestras deudas”, lamentó Amador. La tierra en la que produce verduras no es suya. Los bolivianos en Argentina no son dueños de las parcelas ni de las casas de madera que hay en ellas. Las alquilan y pagan en dólares. En dólares también pagan los pesticidas, los insecticidas y las semillas. Pero la producción: lechugas y tomates, locotos y pimentones, repollos y berenjenas, la venden a pesos argentinos y la moneda nacional está en caída porque la inflación les ha dado golpes económicos de los que no se pueden recuperar.

detalle. Ha explicado que La Salada, donde los bolivianos venden masivamente en ferias y centros comerciales su producción textil, no se ha reactivado desde hace varios meses.

Buscarse la vida



Los agricultores bolivianos de La Plata se quejaban de que los comerciantes mayoristas no les compraban su producción a buen precio. Lo que hicieron fue contratar vehículos para acudir a ferias comunales, vecinales, de barrios, para vender personalmente a un precio que ellos consideran justo. Es decir, están trabajando para que las frutas, verduras y hortalizas lleguen directamente del productor al consumidor.

“Están buscando sobrevivir. Sus insumos los pagan en dó- lares y su producción la venden en pesos argentinos”, ha enfatizado Corzo. Jhonny Cazorla hace 30 años que se fue de Bolivia a Argentina para buscar días mejores.

Ahora es un líder reconocido entre la colectividad boliviana. Se encarga de ser uno de los organizadores de la entrada folclórica del 12 de octubre en Buenos Aires.

Cazorla confirma lo que dijeron otros testimonios: que la crisis afecta prácticamente a toda la comunidad que vive en Argentina. Pero en el rubro que él se desempeña, la fabricación de ropa, da un dato preciso: Las ventas cayeron entre un 60% y 70% con relación al mismo periodo del año pasado.

A pesar de los problemas, la colectividad boliviana se las rebusca de muchas maneras, bajo la esperanza de que, como en otras crisis económicas que han soportado tanto en Bolivia como en Argentina, pase tarde o temprano, porque saben que se trata de un asunto cuyo final es cuestión de tiempo y, claro, de medidas oportunas que tome el Gobierno argentino.



“En lo personal estoy tratando de sobrellevar la situación. Gracias a Dios, personalmente tengo un soporte y espero que esto pase de a poco, de lo contrario me veré obligado a cerrar un negocio por el tema del alquiler de los locales”, ha adelantado Cazorla.

Marcos Guzmán también se dedica a la actividad textil. - De manera muy fuerte. Eso responde ante la pregunta: ¿De qué manera le está afectando la crisis económica que vive Argentina? - Además de sufrir los efectos del cambio de pesos argentinos a dólares, también nos afecta el cambio del peso al boliviano, responde.

Para él, la actividad textil que ocupa a muchos bolivianos es una de las más afectadas por la crisis, puesto que sufren por diferentes frentes: los precios de la materia prima con la que confeccionan las prendas de vestir las compran en dólares y los compradores de sus productos, que están en Bolivia, pagan en peso boliviano.

“La cadena de la crisis es la siguiente: baja el poder adquisitivo del salario, la gente deja de comprar ropa, el que fabrica no vende, se ve obligado a bajar su nivel de producción y deja de requerir el trabajo de los talleres, y los talleres dejan de contratar trabajadores”, ha explicado con detalles. Arnaldo Vidal es fotoperiodista boliviano.

En su rubro también se siente la crisis. “Como a la gran mayoría me agarró de sorpresa. Tenía planeado renovar equipo fotográfico y hoy las tiendas on line sacaron los productos de sus catálogos y han puesto el letrero de: sin stock. Retornar al país no es algo que quite el sueño a la comunidad boliviana.

Muchas personas han echado raíces en Argentina, país al que consideran su nueva casa, su nueva patria. Ahí tienen hijos estudiando, emprendimientos o una casita que pagan a crédito. Óscar Morales es un boliviano que está desempleado en Buenos Aires. Pese a que no tiene trabajo, dice que no se le ha pasado por la cabeza retornar.

“Yo no estoy de acuerdo con ese dicho de que es preferible sufrir en tu país, a sufrir en una nación ajena. Esta crisis va a pasar, como han pasado tantas crisis en Argentina”, ha dicho este boliviano que desde hace cuatro meses ha dejado de mandar remesa a sus padres que viven en Bolivia.

No es el único que ha dejado de hacerlo. Ante la pérdida de un empleo, la devaluación de la moneda y la disminución de ingresos en las familias, lo primero que hacen las personas es bajar los gastos que hacían en tiempos de bonanza o de mejores días.

El último reporte del Banco Central de Bolivia (BCB) señala que, de enero a mayo de este año, Bolivia ha recibido de todos los países $us 29 millones menos en remesas, en comparación con el mismo periodo de año pasado 2018.

Lo que sí están pensando hacer algunos compatriotas que confeccionan ropa es seguir el ejemplo de los productores de verduras: llevar la producción de manera directa, a las puertas de los consumidores. Pero para ellos, las puertas están lejos, no en Argentina, sino en Bolivia, en la frontera, en Yacuiba, en Bermejo, en Villazón. por lo menos para vender las prendas que tienen en los almacenes, esas que ya están confeccionadas. Si las dejan ahí, el próximo año no las podrán vender porque cada temporada las tendencias de ropa pasan de moda, aunque la crisis económica permanezca.

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