7º DÍA

El bagallero no sabe si lleva droga y se arriesga ante los controles en Argentina


Los cargadores reciben los bultos y no miran lo que hay dentro. En Argentina hay controles. Los gendarmes tajean las bolsas para verificar si hay estupefacientes dentro. El destino de la carga es Orán

Los bagalleros cargan bultos sin saber lo que llevan dentro. Ellos se arriesgan al control en Argentina
Escuchar el artículo Pausar Lectura

20/05/2018

Son al menos 2.000 metros que debe caminar. Al trote o a paso lento, eso depende de su ritmo de trabajo. Los bagalleros en Bermejo (Tarija) viven del traspaso de mercadería rumbo a Aguas Blancas (Argentina). No saben lo que llevan en los bultos. Solo cargan y dejan al frente. En las lonas puede haber droga, que es ahora una práctica cotidiana en el límite.      

Los bagalleros están organizados. Tienen un sindicato que aglutina a más de 200 personas. La mayoría son varones y jóvenes. Son pocos los mayores de edad. Detrás de ellos hay familias enteras que viven del paso de mercadería. 

También puedes leer:

Pero igual detrás hay mafias que los utilizan para pasar droga. El paso fronterizo Bermejo-Aguas Blancas se convirtió en una de las narcorrutas rumbo a Argentina. Las organizaciones criminales optaron por introducir la cocaína en medio de la carga que movilizan los bagalleros. Los empacadores también desconocen si hay droga en las lonas que preparan. 

“No sabemos qué hay dentro. Solo nos dan las bolsas y las cargamos. Es arriesgado porque hay control en el lado argentino y nos pueden arrestar, pero no sabemos lo que hay. Solo hacemos nuestro trabajo”, relata José, de 35 años y que tiene dos hijos que mantener. Él vive en el lado argentino y su esposa es boliviana.

José espera en el lado boliviano su carga. La empaquetan y solo tiene que llevarla al frente. Lo hace a través de una embarcación precaria y luego a pie. Atraviesa el paso ilegal en medio de una espesa vegetación. Son caminos de arena y al llegar a Aguas Blancas deja la mercadería en los vehículos, que cargan los bultos rumbo a Orán, ciudad argentina a 50 kilómetros de la frontera. 

Para leer:

Por ese trabajo cobra 10 bolivianos y lo hace cuantas veces puede durante el día. “A veces hay mucho trabajo, pero ahora, por la crisis en Argentina, no hay mucho movimiento. La gente espera que se oficialice el peso argentino para poder comprar en el lado boliviano”, dice José.   

Presencia del Estado
El comandante del Área Naval 3 de Bermejo, capitán Willy Flores, informa que en la zona se hacen controles rutinarios a la carga que pasa rumbo a Argentina. Sobre los cargamentos de droga, dice que hubo requisas en las que se logró decomisar sustancias controladas. Ese trabajo es coordinado con la fuerza policial y la Gendarmería argentina. 

“Se hacen los controles rutinarios. Es mucha carga la que pasa rumbo a Argentina, pero existe control junto a la Policía para verificar si hay droga en los bultos que pasan al otro lado”, asegura el jefe militar. 

Fernando dejó su carga en Aguas Blancas. Reposó la mercadería en un viejo Fiat, que se llena de lonas que van llegando desde el lado boliviano. Nadie controla esa carga. El dueño del vehículo ayuda para partir lo más rápido posible. Se va rumbo a Orán y de ahí desconoce el destino final de la carga. 

En la ruta 50 argentina aparecen unos tinglados improvisados y hay movimiento en un sector llamado Kolla. Allí paran los autos que aún tienen espacio en sus maleteros. Son pocos los que se estacionan. Más allá está el único control rumbo a Orán. La Gendarmería argentina pide documentos a los visitantes y solo mira los bultos que están en el interior de los motorizados. 

A veces destruyen la carga para verificar si hay droga. Esta vez no fue el caso. El viejo Fiat pasó sin problemas. “Por lo general hacen un control más estricto. A veces destruyen la carga con cuchillos para verificar si hay droga”, comenta el conductor. 

Ese control ya se vivió mientras los bagalleros pasaban la mercadería. En un puesto rústico estaban dos gendarmes argentinos. Eligen qué bulto tajear. Otros pasan sin ningún tipo de control. “Los que llevan las cargas con cocaína se van por el lecho del río seco, acá sobre el río Pescado. Pero es muy difícil que pasen. Ahí tenemos otros dos puestos de avistadores”, dice un gendarme. 

El destino de la carga es Orán, ciudad argentina a una hora del municipio de Bermejo. Es un poblado tranquilo. La Policía de Orán precisa que gran parte de la droga llega a la terminal de ese lugar en vehículos y de ahí sale rumbo a Santiago del Estero, Santa Fe y Buenos Aires, sorteando los escáneres canadienses que se instalaron recién en los puestos de control en la vía que lleva a la capital argentina.

Según datos de la Fiscalía de Orán, en 10 años se incautaron de 24.000 kilos de droga en trabajos coordinados con la Policía y autoridades judiciales bolivianas. El juez federal de Orán, Raúl Reynoso, comenta que existen mafias bolivianas, peruanas, brasileñas, argentinas y paraguayas en el negocio de la cocaína. 

Reynoso no solo está preocupado por la droga que pasa hacia Buenos Aires, sino por la que dejan en Orán. “Hay miles de chicos con adicciones. Consiguen un gramo de cocaína por diez pesos y paco por cinco. Me vienen a ver todos los días las Madres del Dolor. Es un flagelo tremendo”, lamenta el juez. 

Los dueños de la mercadería no hablan. Acompañan sus bultos hasta el destino final sorteando los diversos controles. 



 




En esta nota