GALARDÓN

Confesiones de la médica de pollera premiada por EL DEBER


Nancy Kasai Janko se convertirá en la primera mujer de pollera en recibirse como médica. Es una joven que no encontró un obstáculo capaz de alejarla de su meta

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15/12/2014

En el querer está el poder y Nancy lo sabe. La montaña que de pequeña subía y bajaba a diario para ir a su escuela no era más que un desafío. Ahora Nancy está en la cumbre, pronto se recibirá como médica, en 2015, y no es cualquier médica, es la primera en Bolivia que lo hace vestida de pollera.

Esa niña que de faldas y trenzas estudió hasta quinto de primaria en la escuelita de su natal Siguayo, en la provincia Orepeza de Sucre, y que después tuvo que caminar media hora cada día hasta Cortijo para conseguir su bachillerato, ahora se encuentra nerviosa, pero los nervios son de alegría. Esta noche Nancy Kasai Janko recibirá el Patujú de Bronce, galardón que otorga el diario EL DEBER a los personajes del año, y ella lo es.

Su madre también la acompaña, está igual de nerviosa que su hija pero se siente feliz. El corazón de Isidora Janko está rebosante de alegría. En quechua nos dice que está orgullosa y que el padre de Nancy también lo está, aunque ya no la acompañe en este mundo.

Cuando Nancy responde a nuestras preguntas, Isidora la mira con devoción y en silencio. La observa como si no creyera en lo que se ha convertido su pequeña. La futura médica que nació en septiembre de 1991 y perdió a su padre cuando tenía 14 años, ahora hace su año de provincia en un área rural de Tomina.

Es la quinta de ocho hermanos. Dice que “el pedacito de tierra” que ahora su familia tiene en Siguayo fue regalo de la comunidad. Antes de ser propietarios vivían de cuidantes. Ahí vive su madre, que se dedica a la crianza de ovejas.

Desde allí la matriarca del hogar emprendió el viaje, este domingo, por tierra hasta Sucre y luego un vuelo, junto a su hija, la trasladó a la ciudad de Santa Cruz para ser testigo del reconocimiento que le hará el Diario Mayor.

Estudiante destacada
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Nancy dice que fue una estudiante aplicada. Las caminatas de media hora para asistir a secundaria, en Cortijo, a veces con el estómago vacío, otras con calor o con frío no la amilanaron en su objetivo de terminar el bachillerato y se graduó con honores, lo que le permitió el ingreso directo a la Universidad San Francisco Xavier de Sucre donde eligió la carrera de Medicina.

Confiesa que en el primer año hasta llegó a pensar en cambiarse de carrera por lo exigente que es Medicina y la falta de recursos económicos, pero recibió el apoyo de su familia, de una profesora de colegio y de sus compañeros de la ‘U’ que la motivaban a no claudicar.

“Nunca me sentí diferente (por vestir de pollera) porque recibía aliento, aunque al principio sentía un poco de miedo”, rememora. Afirma que el periodo de internado le ha servido para definir su especialidad médica, quiere ser pediatra.

Mujer de pollera
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“Me han contado que hubo una estudiante de polleras también en mi carrera, pero a los dos años de estudio empezó a usar vestidos”, dice Nancy. Y a la pregunta: "¿Vos lo harías?", responde sin dudarlo un rotundo no.

Cuenta que le habían sugerido cambiar la pollera por el vestido cuando se recibiera como médica, pero Nancy asegura que no hay razón para hacerlo. Sueña con hacer una especialidad y aunque salir del país lo ve complicado, cree que no es imposible.

Con un poco de pesar confiesa que no ha tenido y no tiene televisor lo que la hace desconectarse de cierto modo del mundo, incluso dice desconocer que su historia ya es conocida fuera de las fronteras de Bolivia.

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Nancy llegó a Santa Cruz para recibir el galardón de EL DEBER acompañada de su madre


 




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