PARA ELLAS

Yolanda Ernst el ángel de los niños del oncológico


Comprometida. Pediatra oncóloga, fundadora del área de pediatría del Instituto Oncológico del Oriente Boliviano. Su lucha inclaudicable para que los niños con cáncer tengan mayor calidad de vida la llevó a presidir Fundesi


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13/02/2019

Su vocación de servicio, compromiso profesional e incansable lucha para que los niños afectados con cáncer tengan una mayor esperanza de vida la han llevado a extender la mano buscando ayuda en instituciones públicas y privadas; contagiando a personas particulares que se han sumado a esta causa por amor a los más desprotegidos.

Carmen Yolanda Ernst Meschwitz abrió ese par de ojos azules en Santa Cruz, aunque sus apellidos y el color de su cabello hagan dudar sobre su lugar de nacimiento. Es hija del paceño Raúl Ernst Rivera y de la cruceña Luisa Meschwitz Aguilera.

Se formó como pediatra oncóloga, primero, en la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba y, luego, en el hospital pediátrico Luis Calvo Mackenna, de Santiago de Chile; en España hizo otra especialidad. Fundó el área de pediatría oncológica en el Instituto Oncológico del Oriente Boliviano, regresó a Chile y al fin, en 1998, retomó su misión en el hospital, donde la fuerza de la sangre, el amor por su tierra y el juramento hipocrático inclinaron la balanza en esta ciudad.



En el Oncológico, como todos llaman a este centro hospitalario, la médica entrega algo más que sus conocimientos, ayuda sin descanso a ‘sus niños’ y a los padres de familia los 365 días del año, para que los infantes con cáncer tengan una mayor esperanza de vida.

¿Es verdad que el oncológico vive de las fundaciones y aportes de los voluntarios?

Es cierto, lamentablemente, falta mucho para tener a mis niños en buenas condiciones, por ello es que pido ayuda sin vergüenza, me duele en el alma ver la pobreza de los padres y las privaciones económicas que los llevan, muchas veces, a abandonar el tratamiento de sus pequeños. Por ello es que no descanso, quiero verlos felices, sonrientes, que tengan vida con calidad para que tengan fuerzas para superar el mal que los aqueja.

¿Qué hizo cuando regresó al Oncológico?



El 97 volví de Chile y me reincorporé en 1998. Cuando vi las necesidades de los enfermos, los padres durmiendo sobre una colchoneta en el suelo, dije esto no puede ser, mis niños necesitan vivir bien para curarse.

Las madres de mis pacientitos me escuchaban pedir ayuda por teléfono, mientras atendía la consulta, y me citaron a una reunión para proponerme crear una asociación de voluntarias, así nació Sálvame. Esas damas no tenían hijos con cáncer, pero pusieron todo de su parte ayudándome a buscar recursos para los hijos de otras madres, que no tenían condiciones económicas para superar el mal.

Esa fue la primera respuesta de Dios a mi pedido de auxilio, les agradezco muchísimo porque ayudaron bastante.

Esa fue una gran ayuda, pero los niños siguen llegando, los pobres siguen enfermando. Las necesidades aumentaban y no podía dejarlos morir sin hacer algo.

 ¿Hay otras instituciones que ayudan?



En realidad, el Oncológico recibe mucha ayuda de distintas fundaciones. Una de ellas es Afanic, de la que fui presidenta por un tiempo. También tenemos Afanic España, que es quien proporciona todo para las quimioterapias y otros medicamentos; sin ellos, no podríamos hacer nada.

También tenemos los padrinos y otros voluntarios, empresas y personas particulares que al enterarse de la forma en que viven mis niños, se proponen aportar con un granito de arena.

Gotita roja hace trabajar a las mamás para solventar algunos gastos y también está la Legión Cruceña de Lucha Contra el Cáncer, aunque ellos trabajan más con adultos.

¿Cómo inició usted esta cruzada?

Mi sueño era que las madres no duerman en el suelo, de día enrollaban los colchones y por la noche dormían debajo de las camas de sus hijos para no estorbar. Ese cuadro es muy desgarrador.

No teníamos casas para llevar a los niños que no tenían que estar internados y que debían acudir al Oncológico solo para su tratamiento y surgieron personas, como Kathia Gasser, que nos daban su casa y alojaban a algunos chicos con su familia, la dueña de Tapekua Le Mayen también me alojaba a algunos niños; Rosario Chávez también ha acogido niños en su casa; en un espacio de la parroquia Resurrección de Hamacas se les dio cobijo a otros; y luego nosotros los trajinábamos desde ese lugar hasta el hospital para que reciban su tratamiento.

¿Cómo surgió la idea de La Casita?

Con Fundesi, soy la presidenta desde los inicios de la fundación, hace nueve años atrás.

Unos amigos dijeron que tenían una fundación y me la dieron, aproveché el momento porque palpaba cada día la necesidad de mis niños. Es una fundación integral, nosotros hemos agarrado salud y una parte de educación.

Fundesi trabajó casi cinco años intensos para cubrir sueldos del departamento de pediatría del hospital oncológico para que no falten los médicos a los niños. Solventábamos nueve sueldos, bonos de enfermeros y turnos médicos.

Luego nació La Casita, primero en un espacio más reducido y alejado, luego en una casa donde personas particulares pagaban el alquiler y luego estuvimos en otra casa, donde no pagamos los primeros años y al final nos la pidieron.

El Ministerio de Hidrocarburos y Tapitas por los chicos nos ayudó con el traslado y el alquiler de la casa, que la pagan cinco ingenios; todo lo demás lo tenemos desde hacer nueve años, el equipamiento, la manutención, la ayuda, el apoyo ocupacional y todo lo que el padre y el niño necesiten, lo mantenemos desde el inicio.

Los niños que están en La Casita no pueden estar en el Oncológico porque no hay lugar, se pueden infectar o viven muy lejos de la ciudad para ir y venir por su tratamiento. Aquí están con sus madres y hermanos. Tienen techo y comida, pasajes y todo lo que precisen para sentirse bien

¿Cuáles son los logros de Fundesi?

La Casita es uno de los primeros logros y el segundo sueño más fuerte es el Hospice. Más adelante queremos ayudar a otros departamentos que repitan esta experiencia.

Bueno, creo que el primero fue la guardería del Oncológico, ese fue mi primer sueño hecho realidad.

¿Qué es lo que la preocupa?

En el cáncer inciden muchas cosas, pero la alimentación es determinante. En el Oncológico se curan muchos, pero vienen con mala tela para trabajarlos, porque están muy desnutridos.

Me pregunto: ¿por qué tienen que enfermarse de cáncer los chicos cuyos padres no tienen un medio, además, son analfabetos y sin recursos para autosostenerse. Es una pena y una realidad a la que no podemos cerrar los ojos.

El mundo tiene 160.000 casos nuevos de cáncer de niños por año. De los cuales el 80% están en los países en vías de desarrollo y el 20% en los países desarrollados, donde tienen el 80% del dinero o los recursos; mientras que el 20% del capital está donde está la mayoría de enfermos.

Me preocupa que no se conozca o se trate de ignorar esta realidad, y si la hacemos visible podemos contar con el apoyo de muchos.

Es lo que buscamos con los padrinos y con los voluntarios de Fundesi cada día.