FINANZAS

El presidente Macri paga el costo de volver al FMI


El mandatario admitió que tácitamente que no le quedaba otra opción frente a la agudización de la crisis financiera


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09/05/2018

Los tiempos se aceleraron para el gobierno de Mauricio Macri, a tal punto que la medida que siempre se quiso evitar y que estaba prevista sólo para casos de emergencia tuvo que ser anunciada ayer.

En la memoria colectiva de los argentinos, el nombre del Fondo Monetario Internacional está asociado a los peores momentos sociales del país, a las crisis financieras, a las imposiciones de medidas de ajuste.

En consecuencia, cada político que pudo enfrentarse al FMI sabía que eso le traería rédito político. Eso fue lo que en 2005 explicó que el entonces presidente Néstor Kirchner hubiera usado US$ 9.800 millones –casi un tercio de las reservas del Banco Central– para cancelar, de un plumazo, la deuda pendiente con el organismo financiero, según el Observador de Argentina.

Lo ocurrido en las últimas horas en el país es la contracara de aquel momento de "vacas gordas" en los que, gracias a los precios récord de la soja y las exportaciones agrícolas, el país podía darse el lujo de financiar el gasto público sin pedir prestado en el exterior. Ahora, en cambio, ante una reversión del flujo de fondos, no sólo hay que depender de la deuda sino que se debe recurrir a la institución más "demonizada" por la clase política argentina.

Macri, al asumir ese costo político en su mensaje televisado, admitió tácitamente que no le quedaba otra opción frente a la agudización de la crisis financiera. El mercado, después de varios intentos de normalización por parte de los funcionarios, estaba demostrando que las medidas anunciadas no eran suficientes y que se necesitaba una señal política fuerte.

Sobre las 10 de la mañana de ayer martes, el dólar estaba encima de los 24 pesos argentinos hasta que los rumores sobre el acuerdo para una línea contingente con el Fondo Monetario empezaron a circular por la City porteña y lograron el primer cometido buscado por el Ejecutivo: devolver calma al mercado financiero. En pocos minutos, el billete verde se ubicó por debajo de los 23 pesos.

Lo cual, por cierto, no significa que la crisis esté controlada. Todavía hay mucha incertidumbre y se está entrando en esa fase tan temida por todos los gobiernos: la dolarización, que empezó por los grandes "traders" del mercado financiero y los fondos de inversión del exterior, está trasladándose también a los pequeños ahorristas.

De manera que el objetivo número uno sigue siendo buscar la estabilización del tipo de cambio. Para eso, el Banco Central ya ensayó una variada batería de medidas. Al principio, vendió reservas –lleva gastados casi US$ 8.000 millones, con poco éxito–, luego subió drásticamente las tasas de interés al 40% –estaban en 26 a fines de abril–, además limitó el porcentaje del patrimonio que los bancos pueden retener en dólares, de manera de forzarlos a vender. Y ayer, finalmente, concretó la última de las medidas: intervino en el mercado de futuros, con el objetivo de trabajar sobre las expectativas de devaluación.

De última instancia

Dujovne ya está en Washington, con la misión de cerrar un acuerdo urgente. La cifra que se mencionó como probable para la línea de crédito contingente es de US$ 30.000 millones, el mismo número que el gobierno había planteado como plan de financiación para todo el 2018.

La cifra también coincide con el monto de un mega vencimiento de letras del Banco Central que ocurrirá el próximo martes.

Lo cierto es que la tarea más compleja que tendrá el gobierno en los próximos días es devolver la confianza perdida. Y eso implica todo un desafío de comunicación política. El presidente dio a entender que acudir al Fondo Monetario es la única forma de mantener el camino gradualista y que –de no hacerlo– sobrevendría una "gran crisis".

El ministro de Hacienda enfatizó en que el acuerdo no supondrá un mayor endeudamiento, sino la sustitución de deuda cara (los préstamos de los bancos de inversión internacional) por una deuda más barata (la de las líneas de crédito del FMI).

Para ponerlo en números, se estima que hoy un crédito del FMI implicaría una tasa de interés del 4%, nada menos que la mitad de lo que hoy debería pagar Argentina si saliera a pedir dinero al mercado.

Tanto Macri como Dujovne recargaron todas las culpas de la crisis financiera al cambio de contexto internacional y no a eventuales errores propios en la gestión macrista.

¿Gradualismo o ajuste duro?

Pero no todos comparten esa convicción del gobierno en el sentido de que recurrir al FMI sea la forma de continuar con el camino gradualista. Para muchos, puede ser el preludio de todo lo contrario, es decir de una agudización en el programa de ajuste.

Cualquier argentino que tenga la edad suficiente para recordar las épocas de los acuerdos "stand by" sabe que el FMI no da dinero sin condicionamientos. Y, además, en los últimos reportes sobre el país ya comenzaron a deslizarse advertencias sobre las dificultades fiscales del país y el riesgo de su dependencia del endeudamiento externo.

También ha machacado con la necesidad de reformas estructurales en áreas como la legislación laboral y el sistema jubilatorio –uno de los más caros del mundo, con un costo del 12% del PBI–.

De manera que el principal tema de debate en los próximos días estará centrado en si, efectivamente, el FMI será la garantía del gradualismo o si será el guionista del ajuste.

A juzgar por la reacción del mercado financiero, donde se desinfló violentamente la cotización del dólar cuando empezaron a correr rumores sobre "la vuelta al Fondo", lo que los operadores están pensando es más bien lo contrario a lo que sostuvo el presidente. Es decir, que esto es el preludio de un ajuste mucho mayor.

Por lo pronto, lo que todos los economistas señalan con alarma es el déficit de 5 puntos porcentuales del PIB en la cuenta corriente, un nivel difícil de financiar mientras los argentinos mantiene una demanda de unos US$ 3.000 millones mensuales para ahorrar o hacer turismo en el exterior. En ese contexto, ya nadie aventura cuál es el valor de equilibrio para el dólar.

La vuelta al FMI, algo que Macri realizó con evidente disgusto, es planteado como una solución de última instancia. Pero solución al fin. El propio Dujovne destacó que "el FMI de hoy no es el mismo de hace 20 años" y que, luego de haber reexaminado sus políticas y criterios, ahora adoptaba una actitud de apoyo a los países que querían hacer políticas "contracíclicas" para moderar los costos de los ajustes.

Se trata de una carrera contra el tiempo, porque lo que el gobierno intenta con este golpe de impacto es recuperar la credibilidad y evitar que el mercado entre en pánico. Una tarea difícil: ayer mismo se supo que los proveedores de los supermercados habían suspendido sus listas de precios y congelado la reposición de mercadería.

Ya los pronósticos de inflación están acercándose al 30%para el año y los sindicatos avisaron que quieren reabrir las negociaciones salariales en el segundo semestre. En tanto, la oposición política da señales de que exprimirá al máximo este flanco que ofrece Macri. Todo indica que se vienen semanas agitadas para los argentinos.



 




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