REVISTA EXTRA

El turista salvará al Jaguar


Vacas, vaqueros y felinos pueden convivir. Cuidar al felino es salvar el ecosistema, 


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12/08/2018

Parece que el corazón le va a estallar. La oscuridad le impide ver al jaguar, pero desde la altura del árbol en el que está, Rafael Hoogensteijn ha sentido su presencia. El joven veterinario venezolano está en una estancia en Beni. “Calmate, Rafael”, le dicen los vaqueros. En varias estancias bolivianas la única opción que tienen los vaqueros es matar a los felinos para que no se coman el ganado. “El tigre se come hasta un 5% del ganado”, cuenta P.S., administrador de una hacienda en Beni. “La única solución para nosotros es matarlos”. “Solo matamos al que está haciendo daño, a los grandes”, comenta P.E., también administrador de haciendas en Beni y Santa Cruz.

Pero, según los expertos, el jaguar no es un problema, sino una oportunidad. Hoy, Rafael se ha convertido en uno de los más renombrados expertos en felinos de Sudamérica. Desde ese día en Bolivia, Hoogensteijn ha tenido más de 40 encuentros cercanos y a solas con jaguares en la zona del Pantanal Norte de Brasil, donde trabaja en Panthera, organización que conserva a los felinos en todo el mundo. Rafael ha escrito un manual que resume lo aprendido para disminuir la vulnerabilidad del ganado a los ataques de felinos. En ninguna parte del manual se dice que hay que matarlos, porque el jaguar es una fuente de riqueza.

No son un peligro

El jaguar llegó a América hace 200.000 años, cuando el continente estaba despoblado. “Los indígenas llegaron hace apenas 20.000 años y bien armados. Por eso –dice Hoogesteijn– no depreda a los humanos, como puede hacerlo el león, el tigre o el leopardo, que sí convivieron con el hombre primitivo. El jaguar es mucho más inteligente que los otros felinos de África, en el sentido de que no quiere la confrontación. En el caso de encontrarse a solas con un felino, hay que retroceder lentamente, sin dejar de mirarlo. Si la persona se da la vuelta y corre, está actuando como una presa y puede activar el instinto de ataque”. Hay un dicho en el Pantanal: “El jaguar nunca te va a ofender, solo se va a defender”.

¿Y las vacas?

En algunos puestos ganaderos de Venezuela, Brasil, Costa Rica, Colombia y Bolivia, el jaguar ha dejado de ser considerado una amenaza. Hay tres acciones que recomienda Hoogensteijn para disminuir los ataques al ganado. El primer pilar consiste en aumentar las presas naturales. Así, el felino no atacará las presas domésticas. Eso implica control de cacería con las comunidades o los dueños de hacienda. “Si no hay yacarés o capiguaras, atacan el ganado”. Osos hormigueros, chanchos de monte, urinas y otros mamíferos son las presas que prefiere el felino.

El segundo pilar consiste en no hacerle fácil la cacería de ganado al jaguar. Eso se consigue usando cercas eléctricas y criando razas que se defienden, como los búfalos. Las antiguas razas criollas también se defienden, pero el ganado blanco no cuida a su cría con el mismo instinto protector.

Como los becerros o el ganado de menos de cien kilos son la presa favorita, a este ganado vulnerable se lo coloca en potreros cerca de las casas, sin bosque cercano y vigilados.

Las cercas eléctricas están instaladas en más de 50 fincas en toda Latinoamérica. Tienen una celda solar que envía pulsos eléctricos. Esta cerca requiere de atención constante.

La tercera solución es aumentar la productividad del ganado. Así se compensan pérdidas por depredación. “Lo más fácil es eliminar a los felinos. Esto no resuelve el problema, porque luego llega otro jaguar. Además, es ilegal”.

Gente y jaguares

Mario Haberfeld es un ex piloto brasileño de Fórmula 1 y de Indy que se ha convertido en un conservacionista. Desde niño viajó por todo el mundo viendo y fotografiando leones, jirafas, elefantes, pandas, osos, focas y toda la fauna imaginable. Estaba animado a trabajar en África, pero vio que en ese continente hay unos 30 años de adelanto en ecoturismo respecto de Brasil.

Mario sabe que nadie va a África a ver solo hipopótamos. “Todos viajan para ver un león. Al Pantanal de Brasil la gente no solo va a ver capiguaras, sino jaguares”, afirma. En 2011 empezó el ecoturismo en una finca. “Al principio fue muy difícil encontrar a los felinos porque se los mataba, así que tendían a esconderse de los humanos”, cuenta. Para que no consideren una amenaza a los vehículos que llevaban a los turistas, fue necesario que pasen por un periodo de habituación, que, insiste el ex piloto, es muy diferente a la domesticación. Con cada generación de jaguares, la habituación se facilita. Cuando las crías ven que su madre no se alarma al ver los vehículos con humanos, ellos tampoco lo harán. “Como los jaguares están en lo alto de la cadena alimentaria, al protegerlo, se protege al resto de los animales”, resume Mario Haberfeld.

Donde hay jaguar hay agua

Al proteger a este felino se mantiene algunas enfermedades a raya. Cuando devoran a las especies enfermas con fiebre amarilla, por ejemplo, evitan la propagación de esta enfermedad, dice Anai Holzman, coordinadora de un coloquio sobre el jaguar que se realizó en Santa Cruz a principios de mes. La fiebre amarilla está presente en algunos monos cuyo número aumenta al no tener predadores. Si a eso se suma el avance de poblaciones hacia la zona del ciclo natural de esta enfermedad, los humanos enferman. Donde el jaguar ha desaparecido, otras especies comen más la pastura y tiende a haber menos polinización, con lo que se altera el hábitat de la ecorregión. “Indirectamente, ayudan a mantener los humedales y las fuentes de agua”, explica Holzman.

“Es un policía sanitario. Es más fácil para él cazar una capiguara con tripanosomiasis que una sana”, aclara Hoogensteijn.

En San Pablo hubo una epidemia famosa de fiebre maculosa en los años 90. Como no había jaguares ni pumas, las capiguaras se reprodujeron demasiado y padecieron esta enfermedad y hubo transmisión al ganado y a los humanos. Varias personas murieron. “Fue un caso debido a la falta de depredadores”, detalla el experto.

Una experiencia en Bolivia

En la hacienda San Miguelito, a 190 kilómetros de Santa Cruz, hay seis especies de felinos: puma, ocelote, jaguar, gato gris, gato pajero y gato Brasil. Cuando fue comprada, se perdían hasta 400 cabezas de ganado al año, en los años 70. Sin embargo, los ataques fueron disminuyendo: 57, 36, y finalmente, apenas cuatro. Se dejaron de cazar jaguares y se aplicaron las recomendaciones de la organización Panthera.

El año pasado no hubo pérdidas económicas y este año, gracias al ecoturismo, hubo ganancias. Pocos son los bolivianos que han visitado esta hacienda, pero ya han llegado turistas de 28 países para fotografiar caimanes, monos, piyos y capiguaras. Crían búfalos y criollos caracú para proteger al resto del ganado. El mensaje es claro: proteger al jaguar implica proteger todo el ecosistema.

Panthera. Un magnífico ejemplar de Pantanal Norte. Foto de Rafael Hoogensteijn.
Respeto. El ganado está protegido porque hay presas silvestres para el jaguar.
Habituado. El proyecto Onçafari ha logrado habituar a los felinos a la presencia de turistas.

 

 

YANDERY KEMPFF. Dirección de Recursos Naturales

“La normativa no permite aplicar sanciones drásticas”

 

 ¿Qué la impresionó de las presentaciones en el coloquio?

Creemos que el jaguar nos perjudica “porque se come mis vacas”. Sin embargo, no es necesario matarlos, porque además eso no soluciona el problema y podemos obtener un plus económico con el ecoturismo y cuidar el ecosistema al cuidarlo.

 ¿Está nuestra legislación a la altura de lo necesario para proteger al jaguar?

No está a la altura de lo que se necesita. Necesitamos medidas drásticas. Sanciones. Y no se están tomando porque la normativa no nos lo permite y la aplicación de la justicia tampoco. Hace poco tuvimos la sexta audiencia por el caso de los ciudadanos chinos que traficaban con jaguares. A los diez minutos de instalada la audiencia y después de leída la acusación, el juez pidió las pruebas y el fiscal no las había llevado. Entonces la audiencia se anuló. Vamos ocho meses en este caso sin tomar acciones, y eso que es un delito en flagrancia. No hablamos de cinco colmillos, sino de 185 colmillos y otros derivados de especies silvestres como cornamentas y pieles.

 ¿Por qué no se puede sancionar?

La Constitución menciona que los recursos naturales son patrimonio natural. El boliviano que atente contra el régimen constitucional y los recursos naturales, comete traición a la patria y tiene una pena máxima. En la Ley de la Madre Tierra no existe la suspensión condicional de la pena. Sin embargo, estas cosas no se adecúan en el Código Penal; nos vemos obligados a agarrarnos del artículo 106 de la Ley de Medio Ambiente y acusar a estos traficantes por destrucción y deterioro de bienes del Estado, que en el Código Penal está con uno a seis años de cárcel. Tenemos por un lado una pena máxima pero sin una adecuación en el Código Penal y definitivamente nos ponen sanciones ridículas en comparación al daño que se hace a la biodiversidad con la destrucción de semejante cantidad de animales.

 

DAMIÁN RUMIZ. Biólogo

“Cuando se va la lluvia, se dan cuenta de la importancia del bosque”

Vino a Bolivia con un proyecto de desarrollo forestal y trabajó como biólogo, a cargo estudiar impactos del manejo forestal sobre fauna silvestre. Trabajó con la universidad y luego se quedó trabajando vinculado al Museo de Historia natural Noel Kempff Mercado. Trabaja en la Fundación Patiño editando publicaciones científicas. Expuso

¿Cómo está la salud del jaguar en Bolivia?

Comparado con otros países como Argentina, está bien. Quedan pocos jaguares en unos tres focos: en Misiones, en la parte de selva paranaense, algunos en el Chaco y otros en la zona de Salta y Jujuy. Son áreas muy pequeñas, porque el jaguar llegaba hasta Buenos Aires. Prácticamente ocupaba todo el país. La conservación en Argentina está mucho más difícil. Aquí (en Bolivia) hay grandes bloques de áreas protegidas y con cierta conexión entre el Chaco y la Chiquitania. La tasa de deforestación y de incentivos para cazarlo aumentan.

¿Qué incentivos hay para cazarlo?

La oferta para vender colmillos y otras partes hacen que la gente con pocas opciones económicas, mate un jaguar porque eso significa un sueldo de seis meses. Para los estándares de un peón de estancia, conseguir 400 dólares de golpe no es fácil.

¿Considera que la oportunidad estaría en el ecoturismo?

Lo que hay que hacer es educar a la gente para que se dé cuenta del valor de la biodiversidad, no solo del jaguar. Necesitamos todo eso como sociedad para seguir gozando de los servicios ambientales de los bosques, de los humedales y una serie de beneficios que tenemos y no valoramos. Cuando desaparece el bosque y se va la lluvia, ahí empiezan a darse cuenta de que era importante mantener el bosque.

 

 

 

- El artículo 106 de la Ley de Medio Ambiente dicta privación de libertad de uno a seis años a quien destruya, deteriore, sustraiga o exporte bienes pertinentes al dominio público. El artículo 52 declara patrimonio del Estado a las especies endémicas, de distribución restringida, amenazadas y en peligro

 

- Se organizó un coloquio sobre jaguares y ecosistema a principios de agosto. Participaron expertos de varias nacionalidades que trabajan en Brasil y Bolivia. “Soluciones aplicadas al manejo del conflicto humano-felino y oportunidades de ecoturismo basado en el jaguar”, se llamó el coloquio. Participaron Yandery Kempff, directora de Recursos Naturales de la Gobernación, el especialista venezolano Rafael Hoogensteijn y Esteban Payan, del programa Jaguar &Puma, Mario Haberfeld, del Programa Onçafari (Brasil), Marco Antonio Condarco, de la Autoridad de Bosques y Tierra, Damián Rumiz, de la Fundación Simón I. Patiño y Hermes Justiniano, de la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano.