ESCENAS

Madre agua, una película que busca generar conciencia sobre el desastre en el Poopó


Enterarse de la desaparición del segundo lago más grande Bolivia, a Marinovitch pareció aberrante e irreal y quiso hacer algo al respecto y no mirar de palco. Decidió investigar. El resultado es el documental que acaba de estrenarse en el CBA


Gracias al uso de drones, se puede mostrar la realidad desde una perspectiva totalmente nueva
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11/09/2018

Madre agua, el documental que se acaba de estrenar en las salas del CBA y en la Cinemateca de La Paz, cuenta la historia de Alan Calle, un profesor boliviano de inglés, dedicado a la protección medioambiental, proveniente de los alrededores del cerro Sajama e interesado en las conexiones entre los fenómenos climáticos y la cosmovisión andina, que tras enterarse de la gravedad a la que se enfrenta el lago Poopó que sufrió la sequía de sus aguas, decide emprender un viaje de investigación para encontrar las causas del desastre ambiental.

El viaje permite llevar la historia desde la problemática hasta la búsqueda de los orígenes de la desaparición del lago Poopó, llevándolo a redescubrir el misticismo de su cultura y los rituales propios de la cosmovisión andina, según explica su director, el investigador francés Bernard Marinovitch, a quien le pareció aberrante e irreal la situación.

Agrega que decidió hacer el documental, que ha sido seleccionado para el Festival Internacional de Cine de Santa Cruz Fenavid, luego de enterarse del grave daño sufrido por el lago Poopó, en el 2015, cuando sus aguas se secaron. Para él fue un choque muy grande , después de eso le vino la idea de hacer algo y comenzó a pensar cómo mostrar la extensión del desastre y sus consecuencias.

“Me dije que debía ir por el lado más humano, cultural y reflejar el etnocidio que está sufriendo el segundo lago más grande de Bolivia, que lamentablemente no acaba ahí, sino que esto es un efecto dominó. Estoy seguro de que si la gente no toma conciencia, el daño afectará también al Titicaca y así sucesivamente. Por eso hay que pensarlo más en serio. Es una realidad que no se puede negar”, argumenta el director de la cinta.

Tecnología y humanidad

Gracias a la tecnología de hoy la cinta puede mostrar la realidad desde una perspectiva totalmente nueva con el empleo de drones. Marinovitch decidió utilizar esta herramienta porque considera que el espectador tiene el derecho de ver lo que normalmente no podría desde su posición habitual a ras del suelo. “Lo trágico se puede volver muy estético y hasta bello, cosa que resalta en mi visión, también crea un sentimiento de malestar por ser contradictorio; la destrucción revelada cinematográficamente.

En cuanto al aspecto humano, agrega, es necesario abordar desde un ángulo diferente y no solo hablar de pescadores, campesinos y las pérdidas que sufrieron, sino también del legado de una civilización andina con un enorme bagaje de riquezas culturales y espirituales, por lo que se alejó del clásico modelo de documental catastrófico y se centró en la posible pérdida irreparable de este mundo andino.

Acota que la problemática ambiental no solo es consecuencia de la modernidad. Sus raíces son mucho más lejanas en el tiempo, esto fue para él, uno de los descubrimientos más importantes del documental que se terminó de filmar en 2016.

En criterio del productor Álvaro Olmos, la película es guerrillera por el tipo de filmación. “La cinta, que ha sorprendido y conmocionado por la problemática que muestra cómo avanza la destrucción del planeta, tiene muchos matices con los que se pretende transmitir el mensaje sobre el desastre. Esperamos generar conciencia”, señala.



 




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