BOLIVIA

Las plataformas se quedan sin tiempo y no tienen fe en la renovación opositora


Buscarán fijar una agenda ciudadana para que sea seguida por la próxima gestión. Creen que la clave será mantener la movilización ciudadana y ocupar los espacios de participación, como el control social. Las presiones caerán sobre el TSE

Grupos ciudadanos no pierden la oportunidad de reclamar su voto ante las autoridades
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11/06/2018

Si por algún extraño motivo las elecciones generales de 2019 se hubieran adelantado al último abril y se hubiesen resumido solo a las cuatro ciudades del eje troncal del país, Bolivia estaría en plena campaña electoral para una inédita segunda vuelta, mientras que la Asamblea Legislativa, tras dos periodos de dominio absoluto masista, parecería una wiphala de tanto color partidario buscando su nueva banca. Según los resultados de dos casas encuestadoras, Ipsos y Mori, Evo Morales obtendría entre el 27 y el 30% de los votos, Carlos de Mesa se quedaría con el 18% y Rubén Costas (9,2%) -gracias a un gran desempeño en Santa Cruz- adelantaría a Samuel Doria Medina (7,5%). 

Las encuestas reflejan la ausencia de nuevos rostros. De las protestas ciudadanas que ocuparon las calles del país entre el 28 de noviembre de 2017 y el 21 de febrero de 2018 no quedó ni un presidenciable y la política boliviana, en términos aspiracionales, no se movió mucho. 

Ahora, las plataformas que impulsaron estas movilizaciones saben que ya no tienen tiempo, que por más que apuren el paso, las elecciones de 2019 están a la vuelta de la esquina y no podrán presentar ni partido ni candidato propio -no los tienen-. 

En estos meses de silencio tras la catarsis de febrero, se han pasado el tiempo limpiando la casa y tratando de articular un programa, ya no solo una agenda de movilizaciones.
“No habrá un proyecto de unidad, porque la unidad la plantean en función de sus intereses y no en función de programas, ideas o visión de país. Lo que los políticos se disputan son sus intereses personales y partidarios”, dice Eduardo Gutiérrez, de SOS Bolivia, una de las plataformas más activas antes del 21-F.

Mirna Yucra, profesora y socióloga que forma parte de Todos juntos por Bolivia, una red de 17 plataformas que coordina su trabajo con voluntarios en 27 países, también utiliza la frase “intereses personales” cuando se le consulta sobre los líderes de la oposición formal. Cuando se le pregunta si esta coordinadora decantará en partido, explica que para las elecciones de 2019 no, porque “nos van a cerrar las puertas, no nos van a dejar”.

Explica que se están tratando de estructurar bien y han decidido no trabajar ni con el Gobierno ni con la oposición y debido a eso han tenido que depurar los contactos. “Nos hemos topado con plataformas que estaban manejadas detrás por partidos políticos y como los partidos no quieren trabajar en conjunto ni con plataformas ciudadanas, se dedicaban a desunir. Nos hemos dedicado a trabajar una agenda y los partidos que quieran trabajar con nosotros tendrán que discutir agenda. No queremos una figurita, sino una agenda de trabajo”, dice Yucra, que asegura que llegará el momento en que se le pedirá cuentas a la oposición, “para que cumpla un verdadero rol opositor”. 

Limpieza
Federico Morón, activista que participó de los grupos de coordinación de las protestas que desembocaron en el paro del 21-F, explica que pese a que desde las plataformas nadie cree que en el sistema de partidos exista un líder, en estos meses varias plataformas fueron tomadas por partidos políticos o se descubrió que ya trabajaban para ellos desde antes. Otras se han desmarcado tratando de convertirse en instrumentos, ya sea para las presidenciales o las municipales.  




María Belén Mendívil, de Me comprometo con Bolivia, cree que en el fondo los partidos políticos desprecian el valor de las movilizaciones articuladas por las plataformas. Asegura que se les ha planteado a los partidos que elijan a su candidato en primarias y que mantengan una agenda de oposición propuesta por las plataformas, pero sin mucho éxito. “Estamos contra un sistema de corruptos, contra los mismos candidatos de siempre que se quieren reciclar en plataformas”, dice Mendívil, que fue invitada por la Fundación Pazos Kanki -de Samuel Doria Medina- a dar conferencias en diferentes ciudades. 

El perfil
Ahí radica un problema: una frase repetida de las movilizaciones callejeras era “sin políticos” y, en las cabezas de estos grupos, sigue esa misma idea dando vueltas a 16 meses de las elecciones generales. “La ciudadanía pide una renovación y unidad”, dice Gutiérrez, que ofició de vocero del grupo de ciudadanos que llevó la protesta del 21-F a la Cumbre de las Américas en Lima y que formó parte de la coordinadora del Comité pro Santa Cruz. “El primer condicionante es la renovación, porque el sistema está corrupto. No se puede cambiar el sistema con los que lo crearon, no se puede cambiar el sistema con la mentalidad corrupta”, añade.
En su opinión, que la intención de voto de los líderes tradicionales sea menor al 20% (menor al 10%, si se excluye a Carlos de Mesa) demuestra que el pueblo clama por renovación. “Pero no solo de edad o de nombres, sino también de mentalidad y de visión. Para que se vaya el MAS también se deben ir los tradicionales”, sentencia.

Consultada sobre qué características debe tener el próximo presidente de Bolivia, Mirna Yucra lo resume en una sola frase: “Necesitamos un presidente que tenga miedo gobernar”, dice. “Una persona nueva, que trabaje por el pueblo, que esté dispuesta a trabajar por la agenda ciudadana que nosotros le planteemos, que tenga miedo fallarle al pueblo, que no crea que gobernar es bonito y cómodo”, añade.

Eso, una agenda ciudadana que sea tomada por el próximo gobernante, es un punto recurrente entre los consultados. Según José Antonio Quiroga, activista paceño, diversas plataformas ciudadanas vienen alentando discretamente la unidad de las fuerzas democráticas en torno a un programa de transición. 

“A diferencia de lo que sucedió en las elecciones de 2009 y 2014, en las que los partidos improvisaron alianzas perecederas en torno a candidaturas preestablecidas, ahora el desafío es mucho mayor, porque lo que se viene no es un cambio de Gobierno, sino un cambio de régimen. Y para ello se necesita construir una ‘institución para la democracia’ de largo aliento, con un programa de reformas estatales consensuado. No partimos anteponiendo una candidatura, sino concertando un acuerdo amplio entre los grupos ciudadanos mejor organizados y los 2 o 3 partidos realmente existentes”, dijo. Este camino ya lo intentó Quiroga en 2014, pero tras el acuerdo entre Samuel Doria Medina y Rubén Costas, el movimiento unificador quedó a un lado.

Sin embargo, la idea de un “presidente de transición” o un “presidente capaz de afrontar una país en emergencia” es una idea que ronda la cabeza de Morón y de Mendívil. Para el activista, lo más importante es que la población crea en el poder acumulado durante estos meses y no lo desperdicie. Para Mendívil, hay que encontrar alguien capaz de dirigir el país en un contexto complejo, como el que cree que encontrará en 2020.

Lo único claro que hay hasta el momento es que no se han resignado a que Evo Morales sea candidato en 2019. Cuando se acerque la hora de inscribir a los candidatos, todas las presiones se cernirán sobre el Tribunal Supremo Electoral. “Ellos tienen la obligación de hacer cumplir la Constitución y Evo Morales no puede ser candidato”, dijo Mendívil.