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Sobre el doloroso caso del niño operado en el Oncológico

El corto plazo está impidiendo mirar el mañana. “A todos nos hiere el alma la situación que se ha presentado en el Instituto Oncológico del Oriente Boliviano, único centro en Bolivia que es especializado para la atención de pacientes que sufren de cáncer y que, pese a la necesidad del país y su precario estado en infraestructura física, mobiliario, equipamiento y déficit de profesionales, es el único establecimiento de salud que trata de sobrevivir y cumplir su rol en este contexto tan debilitado del sector salud, donde se ha extirpado un riñón sano a un niño enfermo de cáncer. Pero amerita analizar las varias aristas del problema.

Primero, es necesario comentar sobre qué es la mala praxis médica y sus causas: Existe la impericia, que es aquella que, como su nombre lo indica, se da por falta de calificación del médico, es decir, profesionales que no tuvieron la formación o la formación necesaria para un acto médico. Existe la negligencia, que es aquella donde, aunque el profesional es experimentado y calificado, descuida sus funciones por irresponsabilidad. Existe el error, donde, pese a que el prestador tiene pericia y es diligente en la atención, durante esta sucede algo que no debiera suceder, producto de varios aspectos. Existe el accidente, donde sucede algo no usual, porque la medicina por muy científica que es, también da lugar a la presencia de reacciones adversas ante un tratamiento en las personas. La diferencia entre estas cuatro categorías es que las 2 últimas son involuntarias.

Creo que el lamentable caso que ocurrió la semana pasada en Santa Cruz es un error, un error irreparable, que nos lastima a todos, en especial profundamente al niño y sus familiares; así como también al profesional de salud involucrado y su familia.

Pero es también importante ver más allá de la punta del iceberg y es que existen muchos entretelones en este caso, que una vez más denotan la inoperancia, poca institucionalidad del sistema nacional de salud y de quienes lo administran.

Al respecto, hace 10 años que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha oficializado un método que se denomina ‘Cirugía segura salva vidas’ que, básicamente, es un conjunto de controles de seguridad que podrían realizarse en cualquier quirófano y que consiste en un Listado de Verificación de Seguridad Quirúrgica para reducir eventos adversos evitables. Es un listado diseñado para que sea simple y breve y cabe destacar que muchos de sus pasos ya están aceptados como parte de las rutinas de práctica en los quirófanos de todo el mundo. La aplicación de este instrumento ha reducido en un 50% casi todos los riesgos quirúrgicos.

La herramienta tiene 31 aspectos para verificar antes de ingresar a quirófano y en el área quirúrgica, siendo en ambas áreas uno de estos “la localización marcada de la cirugía”. Lamentablemente, hasta donde sepa, desconozco que esta sencilla herramienta se aplique en el país. Este instrumento debió ser adoptado hace 10 años por todos los establecimientos que desarrollen actividades quirúrgicas en nuestro país, a fin de tener la seguridad que está todo en orden.

Por otra parte, todos los servicios de salud deberían incluir en sus presupuestos el ítem ‘Seguros contra eventualidades’ mediante empresas aseguradoras, para cubrir los gastos derivados de errores o accidentes que se presenten y que protejan para gastos catastróficos y no seguir como estamos acostumbrados a resignarnos con la iniciativa y apoyo de canales mediáticos que hacen colectas.

He conocido, por un medio televisivo, que el médico cirujano pediátrico involucrado (que para llegar a ello tiene 7 años de posgrado) es un voluntario en el Hospital. ¿Cómo es posible que el Estado no otorgue ítems necesarios en áreas críticas, para que los profesionales no sean voluntarios sino más bien de planta?

Esta lamentable y dolorosa situación nos hiere mucho, pero creo que es tiempo de entender que la salud es prioridad y que para abordarla no solo es suficiente cemento (infraestructura física) y lata (equipamiento), es necesario fomentar y cuidar talento humano e instituir en el Sistema Nacional de Salud, prácticas que generen la cultura de calidad.