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Sistemas electorales y vida política

Existe una gran variedad de sistemas electorales. A pesar de esto y a fin de sistematizar sus estudios, la gran mayoría de cientistas sociales parte de las siguientes dos grandes categorías: los ‘sistemas de mayoría’ y los ‘sistemas de representación proporcional’. Al mismo tiempo añaden, para los análisis comparativos pertinentes, los ‘sistemas de una ronda electoral’ y los ‘sistemas de doble ronda electoral’. Los primeros, como bien señala Giovani Sartori, tienen el propósito primordial de determinar “el modo en que los votos se transforman en curules” o escaños parlamentarios. 


En la primera mitad del siglo pasado se acentuó el interés por indagar los efectos de los sistemas electorales en la vida política. Los politólogos trataban de descubrir las consecuencias de los mismos tanto en el desempeño de los partidos políticos como en la conducta de los electores. Corresponde a Maurice Duverger, conocido politólogo francés, el mérito de haber enunciado las primeras siguientes ‘leyes’ o ‘hipótesis’ sobre los efectos de los sistemas electorales: 1) “El sistema de mayoría de una sola ronda electoral tiende al bipartidismo” y 2) “los sistemas de mayoría de doble ronda electoral y la representación proporcional tienden al multipartidismo”. Suficientes evidencias para respaldar estas leyes se encuentran en los sistemas británico y estadounidense (mayoría de una sola vuelta) y francés (representación proporcional de doble vuelta). 

Cada uno de estos sistemas tiene sus defensores y detractores y, por supuesto, cada uno tiene sus ventajas y desventajas. Esto último hace difícil valorar cuál es mejor y cuál es peor. Lo que está claro es que unos y otros privilegian distintos objetivos. El sistema de representación proporcional privilegia el que el órgano elegido (Parlamento) refleje una “representación justa” de los diversos intereses sociales. Por su parte, el sistema de mayoría privilegia la conveniencia de un gobierno eficiente. 

Sostener que los sistemas electorales determinan, en mayor o menor grado, la actuación de los partidos políticos, implica la posibilidad de interpretar e inclusive pronosticar sus acciones y estrategias. Es muy probable, por ejemplo, que dentro de un sistema de representación proporcional y de doble vuelta, los partidos se vean en la necesidad de pactar coaliciones, sea para participar en las elecciones o sea para gobernar. Por el contrario, en un sistema de mayoría esta estrategia no se impondrá o no será necesaria y el resultado será más bien el gobierno de un solo partido.