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El taxista que pasará a la historia

13 arrepentidos. 13 detenidos. 12 indagados. Un prófugo. Más de 160 millones de dólares en coimas (contabilizados hasta la fecha). Siete cuadernos escritos de manera minuciosa y metódica por un taxista (llamado remisero en Argentina) que acompañó a altos funcionarios del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a recoger coimas en bolsones de diferentes empresas constructoras durante los años del llamado kirchnerismo. Al principio no conciente de lo que sucedía, pero luego, a sabiendas del delito, de manera diligente.

Suena a cuento, pero es la realidad. Un escritor puntualizaba que, en estos tiempos de convulsión social, caos, incertidumbre, populismos y demagogia, es más fácil creer en teorías de la conspiración que en los propios hechos objetivos. El realismo mágico de Macondo se impone a la realidad misma. Lo inverosímil le ha ganado, por mucho, a lo verosímil.

Ya en su momento el filósofo alemán Friedrich Nietzsche hablaba de la sustitución del mundo real por uno fabulado, como un escapismo a una existencia insoportable por su dura realidad. Y no es para menos cuando asistimos a estos escenarios de relatos tan espectaculares, que, si intentamos comprenderlos desde un punto de vista racional, nuestra lectura se torna ridícula. Perder la banda presidencial y la medalla de Bolívar en las puertas de un prostíbulo… ¿Acaso puede ser real?

Según las conclusiones del último informe del Foro Económico Mundial, los países latinoamericanos acusan las mismas características a tiempo de entender la corrupción. Y lo que es peor todavía, dichas acciones reñidas con la ley se repiten, incluso, de manera constante.

Debilitamiento de las instituciones, sustitución de la meritocracia por el clientelismo, vulneración de normas, debilitar la regulación, generar división social, entre otros que señala el informe y que son el amén de todos los días en América Latina. Razón por la cual las conclusiones del foro recomiendan que los esfuerzos para combatir la corrupción deben coordinarse entre los países de la región compartan las mismas herramientas y estrategias comunes. Una suerte de bloque estandarizado de lucha contra la corrupción que, además, sea organizada y conjunta entre Estados, independientemente de la administración coyuntural de un gobierno, con la expresa finalidad de que todos los países avancen en los mismos objetivos sin disparidad, que sería una clara señal de vulnerabilidad.

Suena bien, sabiendo de antemano, como indica el informe, que precisamente las estructuras criminales organizadas capturan “en bloque” los centros de poder de una manera planeada y sistemática. Auspician fraudes en los procesos de licitación, distorsionan a la competencia y promueven la cartelización (conformación de oligopolios que fijan precios en desmedro de la libre y sana competencia) cooptando áreas estratégicas como la infraestructura, la construcción, la energía. Incluso, de acuerdo al informe del foro económico mundial, llega a fijar porcentajes fijos sobre los valores de contratos para el pago de sobornos, financiación de campañas electorales lavado de dinero, generan corrupción, entre otras muchas irregularidades.

Sino hacemos eco de estas recomendaciones de los expertos, dejaremos nuestro futuro y el de nuestros hijos, en las manos de un taxista con conciencia, en la de un guardia responsable con su labor, en la de una secretaría con ética o en aquel ciudadano de a pie que, sabiendo que todo un sistema se le irá encima, levante el dedo y apunte sin miedo al corrupto, al extorsionador. Y lo hará porque en su interior e impotencia, sabrá que su trabajo diario y honesto, vale muchísimo más que un maldito atajo o valija de cuero con dólares en su interior.