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Colombia: las encuestas acertaron

En contraste con lo ocurrido durante el plebiscito sobre los acuerdos de paz con las FARC, esta vez las encuestas en Colombia estuvieron más cerca de los resultados finales de las últimas elecciones presidenciales. Todos los sondeos coincidían en dar como favorito al líder conservador Iván Duque, con un mínimo del 50% de las preferencias de voto, y como segundo en la contienda al líder izquierdista Gustavo Petro, con alrededor del 40% de las preferencias. El resultado fue que el primero ha sido consagrado presidente con el 54% de los votos y el segundo, como líder de la oposición con el 42%. Contra todo pronóstico, el voto en blanco sumó el 4,2%. 

Estas elecciones presidenciales tuvieron otras consecuencias más cualitativas. En primer lugar, consagraron al segundo presidente más joven en la historia del país, pocos años mayor que Eustorgio Salgar, el primero más joven, que gobernó entre 1870 y 1872. En segundo lugar, también por primera vez en la historia, encumbraron al puesto de vicepresidente a una mujer: Marta Lucía Ramírez. En tercer lugar, elevaron a principal contendor del ganador a un candidato de la izquierda. Como resultado de esto último, quedó lejos la fisonomía del tradicional sistema político colombiano caracterizado por la reiterada contienda e inclusive la alternancia consensuada, entre solo dos partidos: el Partido Liberal y el Partido Conservador. 

A pesar de que el conjunto de la alianza que respaldó la candidatura de Iván Duque cuenta con suficiente mayoría en las dos Cámaras del Congreso, el nuevo presidente no las tiene todas para llevar adelante algunas de sus políticas anunciadas. Su apoyo está en un conglomerado no carente de cierta heterogeneidad. La gobernabilidad, así como el propósito de aplicar ciertas medidas, llevarán al nuevo gobierno a más de una negociación para buscar los consensos necesarios. Como contrapartida, el conglomerado que apoyó la candidatura de Gustavo Petro, convertido en la principal oposición, tiene una pluralidad parecida.

Dos acciones podrían demandar el esfuerzo para lograr consensos: las relativas a perfeccionar normas procesales y de otro tipo, sobre la jurisdicción especial creada por los acuerdos con las FARC para enjuiciar y sancionar a quienes hubiesen cometido crímenes atroces en el largo periodo de la lucha armada y las referentes al probable retorno al uso de agentes químicos en la lucha para reducir los cultivos de hoja de coca. Es probable que ambos asuntos pongan a prueba las convicciones y la flexibilidad del nuevo presidente.