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Cara a cara...

Brasil llora por la destrucción de 20 millones de piezas recopiladas en 200 años del Museo Nacional de Río de Janeiro, uno de los más importantes del planeta, que recoge una parte de la historia del vecino país y del mundo. La impotencia y la angustia de muchos brasileños se manifestaron ante el desastre provocado por un incendio, con pérdidas de un valor intangible como es una parte de la memoria de una nación. De inmediato, las críticas apuntaron a las autoridades que recortaron los presupuestos para la ciencia y la cultura, lo que impidió modernizar la seguridad de este valioso espacio. No solo en Bolivia sufrimos por la insuficiente atención de los museos y de la infraestructura cultural.

Bolivia y Perú firmaron acuerdos que tienen que pasar a ser realidades concretas. Los enunciados de la reactivación del puerto de Ilo deben ejecutarse, pero para eso se necesita inversión. Sin recursos seguiremos viviendo ambos países de los sueños. Ni qué decir de la aspiración a que un corredor vial y un ferrocarril unan el Pacífico con el Atlántico. Ojalá nosotros, nuestros hijos o nietos puedan algún día ver estos megaproyectos en pleno funcionamiento.

 

Lo que también esperamos ver hecho realidad es el acuerdo de la Alcaldía cruceña con los transportistas para construir tres terminales de transferencia y mejorar los buses. Los pasajeros necesitan sentir que cuentan con unidades de transporte con condiciones mínimas de seguridad y de comodidad. Los micros viejos aparecen en las horas pico rebalsando de personas, que merecen un servicio al menos aceptable. En simultáneo necesitamos una mayor fluidez en la circulación vehicular, lo que pasa por un serio reordenamiento que aguardamos con ansias se apresure.