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ESCENAS

La música, la política y la polémica que se generó desde los Kjarkas

Después de decir que “Evo Morales es un enviado de Dios”, Gonzalo Hermosa, del grupo musical, trascendió la esfera artística. Levantó polvareda en varios niveles, con defensores y detractores

“Ya no creo en la revolución ni en el neoliberalismo, son tan crueles y viles como el nazismo, peores que el maldito comunismo. Ya no creo en los falsos profetas ni en caudillos que nos mienten a porfía, ya no creo en el melón ni la sandía, que nos llenan de gusanos día y a día. Ya no creo en la politiquería”, dice la letra de la canción Indignado, del último álbum que Aldo Peña presentó hace unos tres meses.

Según el artista, este fue el último tema de su autoría en el que hace alusión a la política. Quedó ‘curado’ después de atravesar una situación similar a la de los Kjarkas, cuando compuso para Evo Morales.

No quería hablar con los medios, pero finalmente aceptó. “Esto es resultado de la efervescencia política que vivimos, buscamos cualquier situación para atacar a los que piensan diferente. No me atrevo a opinar mal de un amigo o artista, menos con la calidad de los Kjarkas, que han aportado mucho a la música de Bolivia; que tengan su militancia política o preferencia, puede tenerlas cualquiera. Yo también fui víctima de un trabajo, ya es mi decisión de vida no hacer más trabajos ni emitir opiniones políticas, así que trato de mantenerme al margen”, sostuvo, asegurando que lo han llamado varias veces, pero que esa etapa quedó en el pasado.

Ronaldo Vaca Pereira, de Animal de Ciudad, que tiene experiencia trabajando para el Estado, considera que es normal que unos artistas cobren más que otros, con respecto a los montos de los Kjarkas, que alcanzan los $us 20.000, pero lo que considera errado es que se contrate a los mismos, mostrando favoritismo. “Se puede contratar a un montón de otros artistas, porque si son tan exitosos los Kjarkas, no deberían necesitar que el Estado les haga más promoción, además, cuando se trata de trabajar para el Estado, nosotros damos tarifas más razonables porque se trata de plata pública. Los Kjarkas están en su derecho de expresar una inclinación política, pero se exponen entre los artistas más beneficiados en contratos con el Estado nacional, y en ese sentido están haciendo propaganda política”, opina. Para Ronaldo, está bien hablar de política, pero enfocándose en acciones. “Cuando brindás tu apoyo o respaldo a un personaje político, luego, a través de sus errores, te puede dañar como figura pública”, advierte y pone de ejemplo el apoyo de Borges a la dictadura argentina.

La mirada política

Gonzalo Hermosa, de los Kjarkas, no dejó a nadie indiferente, no solo a nivel de esfera artística. Los políticos también opinaron sobre las afirmaciones.

“Son inoportunas para un grupo musical que se convirtió en ícono del país; las figuras de deporte y cultura que representan una idolatría no pueden hacer declaraciones para favorecer o no a un partido, no es prudente, más allá de que puedan pertenecer o simpatizar con una agrupación, más aún cuando se tienen ciertos beneficios o contratos que supongan que son contratados por esa adhesión. Quedan desnudos ante la realidad que hay detrás, que son los contratos y los vínculos comerciales”, sostiene Vladimir Peña, secretario ejecutivo de Demócratas en Santa Cruz.

Henry Cabrera, presidente de la brigada parlamentaria, sugiere ser respetuosos con las personas o artistas que apoyan a uno u otro partido. “Es un sentimiento que tienen y seguramente comparan la realidad que tenían hace unos años cuando no había la posibilidad de ser contratados en un sistema económico deteriorado. Hay que dejar a los artistas porque es el recurso económico que ellos tienen”, opina.

Tomás Monasterio, diputado de Demócratas, no disimula su decepción: “Toda la admiración que sentía por uno de los grupos folclóricos más maravillosos de la historia de nuestro país se fue por la borda, es triste cuando un orgullo que con su música hizo vibrar los corazones bolivianos decide dar la espalda a su pueblo, arrodillándose al dictador”.

Sobre el costo, Aldo Peña resume. “No diría que fue alto, diría sucio, asqueroso. Nadie tiene derecho de castigar. Me han insultado, han hecho mucho daño a mi familia y solo hice un trabajo. Pido respeto en esta vorágine”.