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UN DESAYUNO CON

Zelaya, la educadora que comanda Yanbal desde hace 12 años

La CEO de Yanbal en Bolivia conversó más de una hora con EL DEBER. Habló, entre otras cosas, de cómo la empresa multinacional le cambió la vida  

Nació en Lima (Perú), se profesionalizó en Educación Inicial, desarrolló su vena comercial en EEUU y es la CEO de Yanbal en Bolivia desde hace 12 años. Cecilia Zelaya dedicó más de una hora de su jornada a desayunar con EL DEBER en una mesa muy bien atendida por personal del restaurante del hotel Radisson, cerca de donde vive, en el Urubó.

“Mi día comienza antes de las 6:00. Con unas amigas tenemos un grupo de gimnasia y hemos contratado a un entrenador en Colinas del Urubó. Antes de salir bebo un jugo de limón y al regresar, después de una hora de actividad física, tomo un batido de frutas. Veo los noticiarios nacionales y CNN. A las 8:30 o 9:00 ya estoy en la oficina, donde me sirvo un café”, comenta.


Proviene de una familia limeña de clase media acomodada. Es la quinta de siete hermanos, de mayoría femenina (5). Dos son varones. El mayor es un empresario independiente y el segundo es un exitoso ingeniero minero. Una de sus hermanas se formó en educación inicial y otra es siquiatra.



Las damas de la familia estudiaron en un colegio inglés de Lima, ya que sus padres querían tenerlas en un establecimiento que cultive valores y enseñe inglés. Los varones fueron a un colegio de jesuitas.

Cecilia Zelaya eligió la carrera universitaria de Educación Inicial. Se formó en Perú y luego obtuvo una certificación en EEUU para trabajar con niños. “Fui a Miami porque estaba casada con un residente americano. Puse a mis tres hijos en un buen colegio. El sacerdote me invitó ahí a trabajar. Estuve tres años y necesitaba crecer. Entonces comencé durante los veranos en la parte comercial, en una tienda de promoción de muchos productos. Representábamos marcas de más de 100 empresas. Desde niña tuve una vena comercial, ya que en el colegio me encantaba vender cositas”.


Cuando estaba en EEUU, recuerda, se dio una coyuntura en la que muchos peruanos pedían envío de mercaderías. Entonces tomó la oportunidad de ofrecer el servicio como part time y aprendió de exportaciones e importaciones.

Después de su estadía en Miami, volvió por temas familiares a Lima, donde la recibió su madre, a quien le dijo que trabajaría otra vez en educación inicial. “Alguien se cruzó en mi camino para darme una oportunidad, en una pequeña empresa del grupo Yanbal. Quería que yo formara a las personas, sobre todo a mujeres,  en autoestima, liderazgo y en el negocio de ventas. Acepté ser coordinadora para formar señoras que emprendían con productos de belleza. Fue en 1996 y desde entonces no salí de la compañía. Todo el crecimiento profesional, emocional y económico que tengo es gracias a Yanbal”.


Narró que entre 1995 y 1997 Perú vivió un periodo difícil, con despidos . Entonces se cerró la pequeña empresa de 26 empleados en la que comenzó y tres entraron a otra más grande de la corporación. Ahí estuvo dos años como coordinadora de un grupo de directoras y enseguida fue gerente regional de las cuatro oficinas más grandes de Perú. “En dos años en ese cargo conocí todo el país. Teníamos oficinas en Piura, Tumbez, Chiclayo, Arequipa, Cusco, Moquehua y Tacna”.

A Bolivia, en un tiempo difícil
Su aterrizaje en Bolivia lo define como uno de los desafíos que asumió con un equipo corporativo formado en Perú para encarar un proyecto difícil con Yanbal. “Me trajeron como gerente de ventas y en dos años pasé a la gerencia general (2006). El reto era crear cosas, cambiar comportamientos, formalizar procesos. Implicaba transformar una unidad de negocios que debíamos reflotar. No estaba funcionando bien, había crecido a 150 empleados y no teníamos capacidad para mantener un staff grande. Había una fuerza de ventas de 200 directoras. Hicimos una reducción y quedamos con 70 empleados. El monto de ventas de entonces no tenía nada que ver con el de ahora. En este momento ya hay un staff directo de 189 personas, unas 1.000 directoras independientes y más de 30.000 consultoras, que son clientes. Hay cerca de 50 distribuidores independientes”.


Zelaya tiene bajo su mando a nueve gerentes y el 66 por ciento del plantel es masculino. “Los directores hombres son de los mejores clientes. Lo que más vendemos en Yanbal son las fragancias masculinas. Para llegar al crecimiento de ahora tuve que cambiar la metodología de trabajo. Teníamos que estar donde estaba la gente. No basta el teléfono. Hay que estar en los sitios para conocer las costumbres, las realidades, los conflictos. Aquí las regiones tienen marcadas diferencias, desde el clima”.

Una gerencia de puertas abiertas
Su estilo de gestión está basado en la búsqueda de consensos con su equipo gerencial. “Tenemos una cultura de puertas abiertas. Recibo desde operarios hasta gerentes. Nos sentamos a trabajar en equipo y eso da mucha confianza a las personas para crear y tomar decisiones. Dejo que las tomen y si resultan equivocadas, deben asumir que no siempre lo que hacen es correcto. Cuando se equivocan, reconocer el error y enmendar es lo mejor”.
Cada cuatro semanas convoca una reunión gerencial para revisar resultados, mientras que de forma cotidiana sostiene encuentros grupales enfocados en cada área, lo que hace que conozca no solo a los ejecutivos, sino a las personas con las que trabajan para que ganen confianza con ella. 


La CEO de Yanbal en Bolivia asegura que su empresa creció todos los años de su gestión, menos uno, en el que hubo un cambio comercial . “Ya no hay crecimiento de dos dígitos, como antes, pero igual se crece. Somos el mejor negocio del momento, por la facturación diaria. Se nota desaceleración, pero siguen comprando. Mientras haya desaceleración es una oportunidad para nosotros ofrecer un negocio independiente a la persona que quiera salir adelante y las mujeres no vamos a dejar de pintarnos. La corporación ve estable el país, tengo confianza plena en Bolivia. Por eso nuestras inversiones, el edificio dedicado a la fuerza de ventas y los grandes almacenes y oficinas comerciales en el Parque Industrial. Estamos en toda la nación y las oportunidades ahora son mayores para las ciudades más pequeñas”.


Tiene tres hijos y una nieta. La mayor es asistente legal en EEUU, la segunda es diseñadora gráfica y su hijo es un ingeniero industrial que cursa una maestría en Barcelona, de donde regresará para trabajar en Kimberly de Perú. Los fines de semana practica deportes o los pasa en el campo. También le encanta cocinar para sus hijos. Como buena peruana prepara lomo saltado, cebiche, papa a la huancaina o arroz con mariscos.


Recuerda que cuando empezó en Bolivia, sus gerentes tenían 27 años y que ahora  han alcanzado la madurez emocional y profesional. “Estoy estableciendo un staff bueno para el futuro de Yanbal y trabajo para tener un rol más corporativo”, concluye.