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UN DESAYUNO CON...

Nancy Campero, la auditora que levantó un imperio de hierro

Nació en Cochabamba hace 60 años. Es la vicepresidenta ejecutiva del Grupo Monterrey, fundado hace 30 años en Santa Cruz por ella y por su esposo

Nació en Cochabamba hace 60 años. Cursó el bachillerato en el colegio Santa Ana de su ciudad natal y obtuvo el título profesional de auditora financiera en la Universidad de San Simón. “En el colegio me gustaban la literatura y la filosofía, pero siempre llevé en las venas el negocio familiar. No ejercí como contadora pública, que es ahora el nombre de mi profesión, pero me ha dado la facilidad de interpretar los números y la situación financiera de mi empresa”, dice Nancy Campero, en Un Desayuno con EL DEBER, en el restaurante del hotel Marriott.

Es la vicepresidenta ejecutiva del Grupo Monterrey, fundado hace 30 años en Santa Cruz por ella y por su esposo, David Gonzales, un empresario vallegrandino que tuvo un paso por la carrera militar. “Vengo de una familia trabajadora. Mi padre, Eudoro Campero, y mi madre, Prima Antezana, empezaron con una pequeña fábrica de cal y de estuco, una ferretería y ahora tienen la importadora Campero. Somos tres hermanos y dos (Bertha y Angel) están a cargo de la empresa en Cochabamba. Yo me retiré y con mi esposo David empezamos nuestro negocio propio en Santa Cruz, que es Monterrey. Estudió en el Colegio Militar y ejerció hasta primer año de capitán. Llevamos 35 años de casados y con él empezamos este sueño. Trabajamos en lo mismo y ahora con Monterrey ya consolidado, él está también a cargo de otros proyectos del grupo. Admiro su visión”, expresó.

Cuando empezaron el emprendimiento solo eran cuatro los empleados. Tres décadas después, cuentan con 500 trabajadores. “Comenzamos directamente con la distribución de hierro para la construcción, que importábamos de Brasil. Costó que nos dieran la representación de lo que ahora es Arcerol Mittal, la empresa más grande del mundo en este sector. Ofrecíamos el hierro, los perfiles, los tubos, las planchas, acero, todo lo que añade. Hace 20 años empezamos con la fábrica de calaminas, la de perfiles, los clavos, las mallas y alambres. En el negocio hay bastantes jugadores, pero existe un buen nicho de mercado. Oruro llevó siempre la batuta, porque las fábricas se fueron en su tiempo allí por la liberación de impuestos”.

Monterrey tiene su planta principal en el kilómetro 9 de la carretera a Cotoca y se ha concentrado principalmente en el mercado de Santa Cruz, abrió una sucursal muy grande en La Paz y tiene presencia en Trinidad, Sucre, Potosí y a fin de año llegará a Tarija, como parte de un proyecto de expansión nacional. Son 18 sus locales propios y hace tres años han iniciado la transformación del gobierno del grupo, para lo que nombraron como presidente corporativo a Jaime Valencia. Además del gerente general, en la primera línea tiene a otros cuatro gerentes.

“Nunca he dejado de ir a la oficina. Estoy en el día a día, a pesar de contar con gerentes. Incluso mi vivienda está donde se ubica mi central. Mi esposo se encuentra ahora más enfocado en nuestras inversiones en el hotel Marriott y en una fábrica de perfiles, que será la más grande”.

Respecto a su perfil de liderazgo, Nancy Campero lo define como abierto y asegura que siempre apunta a empoderar a sus colaboradores, a transmitir optimismo, a que pongan pasión a lo que hacen y que se sientan a gusto. “Buscamos que se formen con cursos de capacitación a todo nivel. Generalmente se piensa en los gerentes, pero veo hambre de aprender en la gente de abajo. Cuando hay un curso de atención al cliente, son los que ponen más oído. No hay escuela para ser trabajador. Necesitamos capacitación”.

 

Su hija está al mando en Perú

Aprovechando un ofrecimiento de Arcerol Mittal, Monterrey decidió expandir hace diez años la empresa a Perú. “Miramos un mercado similar al nuestro, con formas de pensar y costumbres parecidas. David había visto Ecuador, pero con el Gobierno de Correa nos hicimos a un lado. En Perú estamos con Inkaferro, que tiene alrededor de 90 empleados, y mi hija, de 30 años, está a cargo del mando, en su condición de administradora de empresas. También estamos viendo si incursionamos en Paraguay, por el repunte de su economía y porque tiene un mercado parecido al cruceño”.

En cuanto a la coyuntura económica de Bolivia, opina que el impacto de la desaceleración no es muy grande. Cree que la gente tiene cierto temor a invertir, pero igual toma riesgos. “En Santa Cruz ha impactado, pero no mucho. En 2017 tuvimos buenos números y este año igual. Cuesta más, pero hay que reinventarse y no dormirse cuando hay alguna crisis. Si las reglas económicas y jurídicas se dan, tenemos futuro. Todo está en manos de los gobernantes. Bolivia es un país joven. Ahora estamos optimistas, pero con cautela, no miedo. Hay muchos proyectos privados y estatales. Santa Cruz seguirá creciendo y debemos seguir adelante”.

Sobre el proyecto de Mutún, afirma que “como buena boliviana espera que vaya adelante”, pero dependerá de las reglas del juego que ojalá no pongan barreras que solo atrasan en vez de avanzar.

Además de su negocio principal, el grupo Monterrey incursionó en la hotelería por invitación del Marriott y también cuenta con inversiones en el sector inmobiliario y en la ganadería, en las zonas de San Javier y Pailón. “El sueño es contar con un frigorífico para exportar carne a mercados como el de Perú”.

El liderazgo femenino muestra avances

Pone el ejemplo de su hija en Perú para destacar que el liderazgo femenino avanza. Menciona también la presencia de mujeres en altos cargos dirigenciales como la vicepresidencia de la Cainco, la de la Cámara de Hidrocarburos de Bolivia, además de cargos ejecutivos en el sector petrolero.

No descarta incursionar en la dirigencia gremial, pero aclara que le gustaría enfocarse en la formación. “He podido ser autodidacta. Ahora ya no es necesario meterse años en las aulas. Hay cursos cortos de alta gerencia que me gustan más porque son prácticos”.

De sus tres hijos, la mayor se graduó en Administración de Diseño y vive en Nueva York. El menor termina este año la carrera de Administración. “Nuestros hijos nos acompañan y tienen que empezar de abajo para entender el negocio”.

Cada día ella despierta a las 6:30, toma el desayuno a las 7:30 y a las 8:30 inicia su jornada laboral, que dura siete, nueve horas o más. Indica que lee cada noche hasta conciliar el sueño. El picante de lengua es el plato que prefiere de la gran oferta culinaria de su ciudad natal. Le gusta mucho viajar y de vacaciones elige algo de playa. Uno de sus destinos favoritos ha sido Japón.

Le apasiona el fútbol y es hincha de Wilstermann, aunque en Santa Cruz apoya a Guabirá. También disfruta de la música y de la vida social. “En el futuro me veo ya no tanto en el día a día, sino dirigiendo a las nuevas generaciones para que sigan este proyecto. Aumentaremos los sectores para aportar al país”.