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ECONÓMICO

Diego Ascarrunz, el cientista político que triunfa con los vehículos

Corre dos maratones por año y juega tenis en el Country Club Las Palmas durante al menos tres noches por semana. Aunque le encanta el deporte, acostumbra tomar un desayuno ligero. Diego Ascarrunz, el gerente de Autolíder Santa Cruz, es el primer invitado de “Un Desayuno con…”, el nuevo sector del Económico de EL DEBER

“Hoy voy a desayunar panqueques, fruta y un poco de café. Al hacer mucho deporte debería ser fanático del desayuno pero no lo soy. Normalmente tomo un vaso grande de jugo de papaya y un poco de café”, relata el principal ejecutivo de Autolíder, en una mesa del restaurante Toborochi Bistro, del cuarto piso del Hotel Marriot.

Es viernes y Ascarrunz luce una elegante camisa blanca con el logotipo de su compañía. Consigo lleva un teléfono de la marca Huawei, por el que se informa con EL DEBER Digital. En las redes sociales solo tiene cuenta en Facebook y uno de sus pasatiempos es el cine, combinado con los deportes y los jueves de amigos en la Fraternidad Fandangos. Su círculo más cercano también incluye a un grupo de runners. Sus vacaciones no duran más de diez días y las hace coincidir con algunos destinos donde se realizan maratones o corridas.  

Diego estudió Ciencias Políticas en Texas, Estados Unidos, una profesión que tiene poca relación con el negocio automotriz, en el que triunfa desde hace más de veinte años. “Siempre tuve apego a la historia internacional y algo de política, pero generalmente trabajé en el área comercial. En niño quería ser militar y fui al Colegio Militar en Virginia”, dice este cientista político, que a sus 51 años se declara amigo de políticos diversos.

“Tengo muchos amigos políticos y trato de estar con Dios y con el Diablo”, ríe. “Busco una posición de neutralidad”. Insiste en que su mundo son las ventas, que le interesaron desde temprana edad, ayudado por su carácter que le permite buenas relaciones con la gente. “Sigo más de cerca los indicadores económicos que la política”.

En la tierra de Bob Marley
Estudió hasta el quinto curso en el colegio Alemán y hasta segundo intermedio en el Franco. “Mi padre era petrolero y fue contratado por el BID para trabajar en Jamaica. Allí hice los dos últimos años de colegio y me fui a Estados Unidos. Recuerdo que mi padre llegó al aeropuerto de Jamaica, justo el día en que murió Bob Marley”, relata el gerente de Autolíder, que aprecia la música del famoso jamaiquino.

En la tierra de Usain Bolt, el hombre más veloz del planeta, Ascarrunz era en los intercolegiales de atletismo un destacado velocista. “Fue duro el inicio en  Jamaica por  mi inglés que era básico”, agrega. 

Ha jugado tenis siempre y tiene dos entrenadores. El running lo practica desde hace diez años y destaca el aumento de personas dedicadas a esta disciplina. “El trote y el buen estado físico hacen la diferencia. Trato de hacer dos maratones al año, que para los de mi edad son suficientes”.

De los lubricantes a los vehículos
Después de titularse en Texas, Diego Ascarrunz volvió a Bolivia y trabajó durante un año y medio en el área comercial de una empresa de lubricantes. “Mi carácter me ayudaba a tener la facilidad de ofrecer un producto. Empecé en lo comercial y nunca más miré atrás. Me invitaron luego a la jefatura de ventas de Ovando, que tenía como única marca a Mitsubishi. Era finales de los años 90 y ya conocía empresas. Las petroleras estaban bien y Ovando quería entrar con camionetas a un mercado en el que Toyota era amo y señor. Entonces empecé ahí como jefe”. 

Recuerda que tuvo como primeros colaboradores a tres grandes vendedores de vehículos que eran mayores que él. “Miré a cada uno de los tres y les saqué la mejor parte. Me gusta conversar con el equipo. Cuando debo ser duro lo soy, pero siempre busco consensos. En general me conocen como alguien fácil para trabajar”. 

Una gran crisis en el año 2000
Ascarrunz recuerda que está más de 20 años en su compañía y que tiene muy buena relación con los accionistas. “En la crisis del 2000 el sector automotriz se achicó de manera increíble. Entre 1997 y 1999 hubo años muy buenos. Luego hasta 2003 todo se vino abajo y tuvimos que achicarnos, porque vendíamos 30 por ciento de los niveles de años anteriores. Fueron épocas muy duras”. 

Autolíder tiene ahora 130 empleados del sector administrativo, comercial y de servicio técnico, mientras que Ovando cuenta con un plantel similar. 

“Con las buenas cifras que muestra la compañía, otras me han hecho ofertas interesantes a nivel nacional pero estoy muy contento en Autolíder. En los próximos cinco años vamos a tener un periodo muy bueno. Con Fiat en nuestras manos vamos a llegar en un año a ser el grupo automotor número dos y en el siguiente año el número uno del país”, asegura. 

Han mejorado las ventas
El foco de Ascarrunz con Autolíder en las últimas semanas está en cómo desarrollar la marca Fiat. “Debemos tener el equipo y los productos listos, las estrategias claras y los vehículos en showroom. Ampliaremos el edificio central, las nuevas sucursales en la zona sur y otro showroom en la avenida Grigotá. En el día a día, este mes las ventas están bien. Por suerte el primer trimestre fue bueno, poco mejor que el año pasado. Hay desaceleración, pero también oportunidades. Debemos aprovechar las debilidades de la competencia y ganar mayor participación en el mercado. No se van a vender más vehículos nuevos que antes, pero la estrategia es pelear el negocio”. 

Mayo es un buen mes por el festejo del Día de la Madre, anota, pero el mejor de todos resulta octubre por los efectos de la Expocruz. 

La fortaleza de Autolíder es la venta al particular, uno a uno, y  evita participar en las licitaciones públicas. “Somos especialistas en la venta personal, la atención al cliente es excelente”, resalta. 

¿Y cuál es el vehículo estrella de Autolíder?, le preguntamos. “Prefiero hacer una maratón de 42 kilómetros que responder a esa pregunta”, sonríe. 

“Empecé manejando Mitsubishi. Luego tuve Mercedes Benz y las marcas americanas de Jeep. He manejado casi todos los modelos. Cada uno tiene su propio encanto. Ahora tengo una Montero Sport. Volví a Mitsubishi porque soy clásico y querendón de esta marca”. 

Ascarrunz dice llevarse bien con los dueños y gerentes de las automotrices que compiten con su empresa. “Antes se miraban de reojo. Soy uno de los más antiguos y de los primeros en tener buena relación. Algunos gerentes como mi amigo Eric Weisse me piden que no me traiga a su vendedor estrella. Cuando publicamos un aviso se presentan, pero soy cuidadoso con las contrataciones”, explica. 

Al terminar  “Un Desayuno con…”, su mirada de Santa Cruz. “Es una ciudad con muchos emprendedores, pero que necesita mejorar algunos servicios para evitar el desorden”.

Escuchá en audio la entrevista completa: