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MARTÍN SIVAK

"El suicidio de un padre siempre es un enigma"

El autor argentino presenta en la FIL de La Paz El saltó de papá, la reconstrucción de la vida de su padre, Jorge Sivak que se suicidó en 1990. Martín habla de las sensaciones al abordar este triste episodio

No dejó una carta, ni un borrador o notas sueltas. Nada, ni una sola palabra. El 5 de diciembre de 1990 Jorge Sivak se suicidó. El banquero comunista, que había sufrido pocos años antes el secuestro y asesinato de su hermano Osvaldo, se lanzó desde un piso 16.  Martín Sivak, su hijo, tenía 15 años.

Ahora, con 43, Martín está en Bolivia para hablar de El salto de papá, un relato íntimo que aborda este momento, que comenzó a escribir en 2009 y que entrelaza episodios centrales de la sociedad argentina de los años 70 y 80. El libro, que será presentado hoy en la Feria del Libro de La Paz, a cargo de Plural y Seix Barral, se ha convertido en un fenómeno de ventas inesperado para el autor. En menos de un año fue reeditado en nueve ocasiones, incluyendo las ediciones bolivianas, colombianas, uruguayas y, desde el próximo mes, en España y México.

El periodista y escritor argentino ha demostrado un interés por la reciente historia de Bolivia, que lo llevó a escribir sobre dos expresidentes del país (El asesinato de Juan José Torres y El dictador elegido: Biografía no autorizada de Hugo Banzer Suárez) y sobre el actual (Jefazo), además de una tesis sobre Santa Cruz y la demanda de autonomía, publicaciones editadas también por Plural. En esta ocasión experimenta un retorno distinto. De esas sensaciones y de su nueva obra conversa con Brújula.

¿Cómo te sentís con todo lo que está logrando el libro en menos de un año?

Mis expectativas eran bastante módicas. Siempre es un misterio cuando un libro funciona o cuando no. Imagino que el hecho de escribir una historia tan descarnada tiene que ver algo con la buena respuesta que ha tenido.

¿Qué te llevó a sentarte y comenzar a escribir sobre la muerte de tu padre?

Algunas circunstancias específicas. Yo estaba haciendo un doctorado en Nueva York y cada que volvía a Buenos Aires se hacía más latente la ausencia de mis padres. A eso se sumaba la proximidad del nacimiento de Camilo, mi hijo. Y, sobre todo, esta historia, que siempre la tuve presente, por momentos atragantada, además de haber descubierto un nuevo género sobre la relación universal entre padre e hijo. Todo esto me impulsó a escribir, a la vez que escribía otras cosas y estudiaba. Fue bastante difícil, sin duda.

¿Te interesó desde un principio dar a conocer tus hipótesis sobre las causas que lo llevaron al suicidio?

No creo que este libro sea el que vaya a resolver el enigma de por qué se suicidó mi padre. Todo padre es un enigma finalmente. El suicidio de un padre es un enigma aún mayor. Pero no lo escribí para encontrar la gran respuesta, siempre tuve algunas sospechas y las menciono en el libro. Pero ese no es el fin, tal vez en un principio quería hallar respuestas. Después dejé de hacerlo.

¿Qué cosas están más presentes en vos de los años con tu padre?

Muchas cosas. Él era muy cariño. Independiente (el club de fútbol) era como nuestro punto de fuga, así que la educación futbolística fue una de las grandes marcas que perduran. Mi papá me hacía participes del mundo de los mayores, de modo que en casa veíamos a expresidentes, militares, cantantes, como Chico Buarque y Daniel Viglietti. Es una de las cosas que fueron materia muy importante para el libro. Tengo un montón de recuerdos.

¿Por qué el salto de papá no fue uno de los primeros libros que escribiste?

Porque siempre pensé que los periodistas escribimos sobre las historias de las vidas de los otros. No es que siempre quise escribir un libro sobre mi papá y lo fui postergando. La idea apareció. Yo nunca había escrito ni una columna sobre mi padre. Pensaba que eso pertenecía al mundo privado hasta que me decidí a desmentirme enfáticamente.

¿Tiene algo ver con esperar a que tu madre muriera para decidirte a escribir el libro?

No necesitaba que ella no estuviera. No hubo un plan, fue algo inesperado que de repente se convirtió en un libro.

Mencionaste a Viglietti, una persona muy cercana a tu padre. ¿Cómo era el cantautor uruguayo con la familia?

Daniel fue uno de esos buenos amigos de mi papá que mantuvo una relación, cariño con la familia antes y después de su muerte. Una relación de hermandad, hasta que murió el año pasado.

Martín Sivak (derecha) y su hermano Gabito, junto a su papá Jorge y su mamá.

¿Cómo nace este vínculo e interés con la historia boliviana?

Todo comenzó con el libro de Torres, a partir de que yo trabajaba como corresponsal del periódico Hoy, cuyo director era Jorge Torrez, hijo del general. El me encargo un artículo sobre el aniversario de la muerte de su padre. Y bueno empecé entrevistar, recuperé el expediente judicial y al final acabó en un libro que se publicó en 1997, a los dos días de la asunción de Hugo Banzer como presidente, en cuyo acto estuve presente y me nació la idea de escribir su historia que terminó en El dictador elegido. Después, cuando recibí una beca para una maestría en la universidad de Londres, escribí mi tesis que se publicó a modo de libro: Santa Cruz una tesis. Luego y gracias a la corresponsalía en Hoy, conocí a Evo Morales en 2005. Lo entrevisté para el diario en distintas circunstancias y en 2008 publiqué Jefazo, que se publicó en Argentina (con seis ediciones) y Bolivia, y ha sido traducido al chino, además de editarse en Estados Unidos y Francia. El libro salió en un momento especial y la coyuntura ayudó a que tanto dentro como fuera de Bolivia fuera reconocido.

 ¿Cómo ves la Bolivia que retratas en Jefazo en comparación con la actual?

Siempre soy bastante prudente con las opiniones generalistas sobre este país. La última vez que escribí un artículo sobre Bolivia fue hace un año. Y desde que asumí la dirección general de la editorial Paidós en Argentina por diversas circunstancias este último año he estado bastante alejado de la coyuntura boliviana. Espero que en más o menos una semana tenga las cosas más claras.

¿Qué nivel de interés le asignas al periodismo de investigación a estas alturas de tu carrera?

Quizá cuando era más joven tenía esa idea del periodismo de investigación como el que más me interesaba. Y la verdad que, con los años, descubrí más el interés por otros géneros. En su momento la crónica se puso de moda, como esa suerte de ente superior que iba salvar el periodismo, pero me parece que le buen periodismo puede aparecer en cualquier lugar. Puede parecer en un obituario, a mí me gusta ver los diarios ingleses y norteamericanas, en los que le dan un buen lugar. La entrevista, el perfil y esas notas de largo aliento que han tenido impacto en la opinión pública por supuesto que siguen siendo importantes. Pero ya no sigo a la crónica y la investigación periodística cómo la seguía hace 10 o 15 años. Creo que más me interesa la no ficción.

¿El trabajo en Paidós le quita espacio al Martín escritor?

Paidós, Ariel y Crítica (Grupo Planeta), que son los sellos que dirijo, publican 90 libros por año, de modo que tengo que leer historia, sicología, sociología, educación, ciencia, etc. Así que soy como un lector más ecléctico y no tengo un tema que me atrape hasta ahora para pensar en escribir. Yo siempre que terminaba un libro ya tenía el siguiente. Y con El salto de papá es la primera vez que no me pasa lo mismo. Pero tampoco es que me falte el aire porque no estoy escribiendo.