La catarsis que tiempo atrás observó EL DEBER en una visita que realizó a régimen abierto, el corazón de la bestia dormida llamada Palmasola, es un movimiento que no tiene pausa y cuyo efecto se está extendiendo hacia el resto de los pabellones del reclusorio más poblado del país, donde ahora sí los policías ingresan a todos los recovecos del centro y se han convertido en los decisores de la vida de todos los reclusos, que desde su lado han tomado la determinación de vivir en paz y coadyuvar con las autoridades.

Pese a los cambios y al espíritu de trabajo en equipo que se siente entre reos y custodios, aún es una tarea pendiente las mejoras en la infraestructura y la definición política de ver como una prioridad la realización de las gestiones necesarias para garantizar la construcción de un nuevo penal cruceño.

El gobernador del penal, Javier Lora, asegura que se puede hacer más por una convivencia pacífica entre los privados de libertad y las autoridades que visten el verde olivo, asevera que la mayor fuerza debe estar guiada hacia el estudio, aunque al final de la conversación que tuvo con este medio luego de recorrer todo el complejo carcelario, dijo que es imposible acabar con la bestia en la que volvimos a sumergirnos.
 
¿Hace cuánto tiempo que está a cargo de Palmasola?
Más o menos unos 25 días mandando aquí en Palmasola

¿Cómo lo recibió el penal?
Estaba un poco tranquilo pero con muchas deficiencias, por lo que hemos tomado varias medidas para reorganizar y reencaminar lo que es Palmasola. Hemos visto varios aspectos de seguridad y de infraestructura, luego algunas deficiencias que tienen los mismos internos.

Hagamos foco en las deficiencias que encontró...
Tenemos problemas con las torretas de vigilancia.

¿Cuántas está en buen estado para trabajar?
Puedo decir que un 70% de las torretas de vigilancia está en mal estado y solo un 30% está en buen estado, ni tan bueno, creo que es mejor decir en regular estado.

¿Qué más le falta a la Policía para cumplir con su labor?
Lo que no teníamos era control interno del penal en el área de régimen abierto, situación que ha cambiado y ahora tenemos una oficina donde está el alcaide, que ahora se llama jefe de seguridad interna y los listeros, que ahora también realizan seguridad interna del PC-4 tranquilamente.

Se observa en el interior de todos los pabellones, la intención de convivir en paz, con tranquilidad, ¿eso es así?

Sí, y eso es a lo que se tiene que llegar, porque el preso normalmente es agobiado por los policías, es castigado por los agentes cuando comete una falta. Eso es evidente y toda la vida eso será así, pero también al preso cuando se porta bien hay que darle su premio.

El interno tiene muchas deficiencias al vivir aquí, porque para comenzar no tiene donde pasar su días, llegan y es un calvario tener que conseguir un cuarto para poder estar aquí. 

Por eso estamos tomando posesión de lo que es el PC-4 y ya Gobernación dispone de los cuartos, sin que tenga que hacerse pagos de alquileres, de entradas, de salidas.

¿No está lejano el día en que la Gobernación decida dónde y en qué ambiente pasará sus días de encierro en el penal?
No está lejos, por ejemplo hace poco saqué a unos internos de una habitación para que el lugar se convierta en una biblioteca y la parte alta de ese mismo lugar será el espacio donde podrán estudiar los reclusos y esos señores que vivían allí, que indicaron que había cierta oposición por la determinación, los estoy mandando a otras tres habitaciones que debían ser para la Gobernación y que nosotros los vamos a usar para este tipo de casos.

¿Todavía dentro de los pabellones carcelarios se sigue cobrando por el uso de espacios y de las habitaciones?
No, ya no se cobra. Antiguamente se cobraba entre $us 500 y 600 por un alquiler y se vendía un cuarto en $us 4.000 o 5.000, ahora ya no hay eso, ahora todo se dispone desde la Gobernación del penal, dónde debe ir todo.

A los policías que trabajaban en el penal se los vio, por muchos años, como los extorsionadores de presos y de visitas, ¿cómo se está trabajando para cambiar esa imagen?

Para mí nada es costoso, cuando se quiere se puede. Aquí estoy pregonando el verso de cero corrupción, no quiero que exista pagos de ningún tipo, antes se pagaba por las libertades, por los ingresos, por los traslados.

Las personas que venían al penal debían pagar Bs 5 por ingresar, ahora estoy cortando todo eso. Policía que sea encontrado recibiendo dinero, lo lamentaré mucho pero lo pasaré el Ministerio Público al igual que a la persona que está ofreciendo el soborno. Así puede convertirse en un interno más, como varios policías, fiscales, militares, abogados y jueces que están presos aquí.

Si usted pudiera identificar el porcentaje de avance que hay en evitar los cobros irregulares en el penal, ¿en qué porcentaje colocaría a Palmasola?

Lo único que le puedo decir es que en todos lados se cuecen habas.

¿No es la excepción la cárcel cruceña?
No es la excepción, en todo lugar vamos a tener gente mala y gente buena…

En un reportaje anterior sobre el penal, a poco tiempo de la toma policial que acabó con muertos y heridos, definíamos a Palmasola como una bestia, de la corrupción, que dormía pero que sigue viva, ¿cree que morirá en algún momento?

(Suspira) Imposible, imposible, tómese en cuenta que desde que se ha creado este mundo ha habido delincuencia, siempre hubo y nunca va a desaparecer, al igual que nos guste o no nos guste siempre habrá Policía hasta que este mundo desaparezca. Pero una sociedad sin policías, es como una sociedad sin Dios.  Quiero que esta sea una cárcel modelo, que el preso cuando cumpla su condena tenga un lugar para trabajar.
El preso de Palmasola ya no quiere vivir sometido a otro preso, por eso ahora cuenta lo que pasa adentro.

¿El código de silencio se ha cortado en el penal?
Ahora los presos se quejan, nos hacen saber que les están cobrando, que los están extorsionando, que les están pidiendo dinero por seguros de vida y demás. Entonces nosotros tenemos un grupo de inteligencia al interior del PC-4, al igual que en los demás pabellones, lo que nos informan de todo lo que sucede y ni bien se detecta algún tipo de alteración entramos. El recluso ahora tiene miedo a una nueva intervención policial.