Opinión

El nefasto juego del ‘no pero sí’

El Deber Hace 1/27/2019 8:04:00 AM

Tantos titubeos frente al ejercicio autoritario del poder que hace la cúpula que gobierna Bolivia han contribuido a arrastrar al país a un camino que parece ya sin retorno. Es la vía antidemocrática, abierta a hachazos desde el Ejecutivo, con el consentimiento de propios (muy convencidos) y de extraños (muy vencidos). Cada vez más, con la condescendencia de estos últimos que no alcanzan hasta hoy a emparejar pasos con los trancazos de esa cúpula oficialista que, pese a sus tropezones y caídas, sigue de pie y acumulando victorias de facto, aunque muchas veces ilegales y cada vez más ilegítimas. Pero victorias al fin.

El oficialismo aduce que sus victorias son resultado de la voluntad popular. En realidad, sus conquistas obedecen cada vez más a los titubeos de sus críticos y opositores, que a las adhesiones cada vez menos incondicionales de sus seguidores. Hoy parece que pesan más los efectos del nefasto juego del ‘no pero sí’ al que han dado en jugar muchos de los que se dicen contrarios al Gobierno de Morales, que la fuerza de la propia militancia masista.

La movida más reciente en ese juego nefasto es la de las elecciones primarias convocadas para hoy por el TSE y a las que deben asistir todos los partidos y organizaciones políticas que aspiran disputar los comicios generales previstos para octubre. Unas primarias contempladas en una ley aprobada según el molde impuesto por el Gobierno, pero a las que le abrieron la puerta y le allanaron el camino no solo los afines al régimen, sino también (y en algunos casos, principalmente) muchos de los que hoy se proclaman contrarios y críticos acérrimos de Morales y compañía.

¿Quién, en su sano juicio, cree que es posible considerar y hasta aprobar una ley que vise fortalecer la democracia en Bolivia, a través de una reforma política y partidaria? Esto es algo inconcebible no apenas en este momento. Ya lo era hace cinco o diez años. La actual cúpula gubernamental viene dando muestras de sobra hacia dónde apunta –poder eterno y sin alternancia de ningún tipo– y a qué está dispuesta con tal de conseguir su fin. O sea, desde hace años estaba claro que no había posibilidad alguna de aprobar leyes o normas para el fortalecimiento del sistema democrático en Bolivia. ¿Por qué, entonces, caer en el juego nefasto del ‘no pero sí’ en el mal calculado titubeo y medias tintas?.

Sin querer ser mal pensada, pero pensando mal nomás, da para entrever mucho más que solo incapacidad de asimilar la realidad política dominada por el MAS. Lo que ha habido hasta hoy es un juego funcional a los intereses del MAS por parte de toda la clase política del país, con rarísimas excepciones. Un juego de mal cálculo, en el que algunos han creído asegurar algunas ganancias y privilegios, mientras que otros han pecado de ilusos al creer que podían sacar ventajas. La nueva Ley de Organizaciones Políticas vuelve a ser ejemplo: salvo algunos pataleos, los opositores le allanaron el camino al MAS admitiendo la LOP e incluso anticipando su participación en las primarias que esta contempla.

Hoy vemos una desesperada carrera a contrarreloj de una oposición confusa, dividida y sin norte que se somete al proceso amañado, afirmando que no queda otro camino si acaso quiere asegurar la habilitación de sus binomios presidenciales para octubre, pero que a la vez convoca a sus militantes a no asistir a las primarias. Otra vez este juego del ‘no pero sí’, del titubeo nefasto, que solo favorece al proyecto autoritario del MAS. ¿De qué sirven hoy los discursos, las arengas y los llamados a la ciudadanía para que no asistan a la farsa de las primarias, si no hubo firmeza, visión clara y determinación oportunas para frenarlas en seco en el momento preciso? ¿Es posible creer aún que titubeando se frenará el raudo paso de la cúpula masista hacia su perpetuidad en el poder?.

Nada hay de más dañino en la coyuntura política nacional que el titubeo, alimentado por la falta de coraje o el cálculo ingenuo de creer que retrocediendo, callando y otorgando se puede ganar una partida como la que la hoy jugamos todos. Deberían de ser suficientes las pruebas acumuladas hasta hoy, gracias a la generosa contribución de la cúpula gubernamental y de sus aliados, para terminar de convencernos de que no hay salida posible sin coherencia entre lo que decimos y hacemos, y sin determinación firme para que el ¡no al poder total! sea no de verdad, a secas, y no un ‘no pero sí’, como es aún hoy.