Opinión

Pedro Rivero Jordán

Cara a Cara

El Deber Hace 11/25/2018 7:00:00 AM

Un ahorcado en la plaza de San Julián y dos lapidados y quemados en las afueras de un centro penitenciario en Uncía. La barbarie ha golpeado y estremecido al país con tres nuevos linchamientos que mostraron el peor rostro de Bolivia alrededor del planeta. Nada justifica tanta atrocidad. Ni la indisimulable anomia estatal, ni la justicia manipulable y podrida, ni la inaudita inacción policial. La muerte impiadosa, cruel y sanguinolenta de tres personas por ‘mano propia’, tiene que ver con la impunidad de sus asesinos, poseedores, además, de un cavernario e irreprimible instinto criminal de contagio masivo. No se los puede considerar seres humanos porque se alimentan de odio y de sangre. Insensibles ante el dolor que causan y cómplices en ‘pactos de silencio’ para regocijarse a escondidas de su acción brutal. Son peores que bestias y nos hacen sentir vergüenza profunda como bolivianos.

Luego de que el presidente supervisara en persona una ‘demostración de eficiencia combativa’ de 8.000 soldados del Ejército en un municipio paceño, el ministro de Defensa ha anunciado nuevos ejercicios militares, esta vez en la frontera con Chile, donde además serán inaugurados 25 puestos bien equipados para el patrullaje en esa zona. Se ha informado que el ‘entrenamiento’ busca apoyar la lucha contra el contrabando, que aumenta en el país por fin de año. Es recomendable, sin embargo, que cualquier movilización fronteriza de tropas se realice cuidadosamente, estando como están las cosas con el quisquilloso vecindario trasandino.

En La Paz avanza a grandes zancadas la modernización del sistema de transporte público. En enero será inaugurada otra línea del teleférico y es probado un bus prototipo del PumaKatari para 61 pasajeros, asientos con cinturones, wifi, elevador para silla de ruedas y otras comodidades. En Santa Cruz de la Sierra vamos como el cangrejo: desde mañana, los micreros bloquearán la ciudad -la consideran de su exclusiva propiedad- si les impiden circular con sus cacharros los fines de semana por los ‘ex-mercados’ donde el espacio público sigue siendo invadido por los intratables gremiales.