Opinión

Autoritarismos electorales

Alberto Zelada Hace 11/24/2018 8:00:00 AM

Junto con la publicación de su informe 2018, Latinobarómetro ha dado a conocer, bajo el título El fin de la tercera ola de democracias, un trabajo de la economista Marta Lagos, fundadora y directora de la organización. “Desde el inicio de la transición a la democracia, América Latina - sostiene la autora - pocas veces había vivido un periodo más convulsionado de su historia como el actual”. Se trata de “hechos significativos” que van conformando un cuadro peculiar de los diversos regímenes políticos regionales y no de “revoluciones o grandes acontecimientos”.

Dos rasgos distinguen a varios regímenes políticos: primero, recurrentes acciones de masas - la mayoría espontáneas - que se adelantan a la acción de sus dirigentes y, segundo, una persistente “personalización” de los procesos políticos. En el primer caso, muchas veces los “dirigentes” y otros actores políticos, terminan enterándose cuando los acontecimientos ya se han producido. “La historia - dice Lagos - está siendo conducida por el resultado de la acción de las masas” más que por la acción de sus dirigentes. En el segundo caso, la historia de la democracia se ha convertido en la “historia de líderes con nombre y apellido” y en una situación en la que “el país queda en segundo plano” detrás de la persona que lo encabeza. Estos “personalismos presidenciales”, entre otras cosas, “minan la autonomía de los distintos poderes del estado”.

Pero el fenómeno más inquietante que pone en riesgo a las democracias o socava su fuerza y debilita su rol como medio para gestionar la convivencia social, es el surgimiento de los modelos que Lagos denomina “autoritarismos electorales”. De acuerdo con las investigaciones de Latinobarómetro, en nuestra región “no hay evidencia de una demanda de autoritarismo”, a pesar del desencanto con el funcionamiento de la democracia. De lo que sí hay evidencia es de que para instaurar gobiernos fuertes o autocráticos, capaces - según se cree - de restablecer el “orden” y eliminar la “violencia”, ya no es necesario, como en el pasado, recurrir a los “autoritarismos militares”. Los nuevos autoritarismo surgen de gobiernos elegidos en “elecciones libres y competitivas”. La nueva forma de “dominación autocrática” - tal como sostiene Lagos - no es siempre identificada como tal cuando surge. Pero sus signos son evidentes: la separación de poderes del estado se va “disipando”, el Congreso se convierte en “instrumento” del Gobierno y los tribunales de justicia son dominados por el poder político.

Este nuevo “autoritarismo electoral” provoca un severo deterioro en el funcionamiento de la democracia. Pero lo más lamentable es que también - según piensa Marta Lagos - entraña el riesgo de hacer retroceder valores primordiales como “la libertad, la justicia y la equidad”.