El puente de Yapacaní, de 616 metros de longitud, se ha convertido en la trinchera donde los partidarios del MAS mantienen casi de rehén a una población de 70.000 habitantes, impidiendo el tráfico vehicular con un bloqueo de la ruta, al extremo de que pasar a pie resulta complicado, pues los transeúntes deben sortear alambres de púa cruzados a media altura en un tramo del viaducto.

Los bloqueadores que se mantienen en primera línea (encapuchados) son exigentes en los horarios de salida e ingreso al pueblo. Impusieron tres horarios fijos en el día: de 7:00 a 8:00, de 12:00 a 13:00 y de 18:00 a 19:00, espacios de tiempo insuficientes para la gente que sale a pagar créditos, a proveerse de alimentos, a comprar gas licuado, etc.

Los radicales se dan la autoridad de exigir a las personas la exhibición de sus documentos personales para saber quién entra y quién sale del pueblo. “Es el colmo, nos exigen que mostremos carné de identidad, como si fuéramos de otro país. Voy de ida a buscar banco a Montero para pagar un crédito”, contó indignada una mujer.

Vecinos, comerciantes, productores y transportistas ya muestran signos de desesperación por el asfixiante corte de ruta que va más de ocho días, desde el domingo en que Evo Morales renunció a la presidencia. Por ejemplo, los productores lecheros han perdido cientos de miles de litros de leche que no pudieron ser entregados a tiempo a la empresa pasteurizadora. La sustancia está almacenada en depósitos especiales, pero corre el riesgo de dañarse.

Centro vital para Ichilo

El bloqueo ha obligado a buscar desvíos, como el de la Chancadora, una ruta secundaria en la que se debe cruzar dos veces el río Surutú, lo que obliga a la utilización de vehículos de menor envergadura y, por lo tanto, de menor capacidad para transportar la leche, lo cual demanda la realización de varios viajes, siendo que la Asociación de Productores de Leche de Yapacaní entrega, como mínimo, 90.000 litros de leche a la fábrica PIL.

La parálisis del municipio de Yapacaní impacta en poblaciones como la vecina Santa Fe, San Juan, San Carlos, Buen Retiro y Buenavista, puesto que, con sus bancos, sus hospitales, sus mercados de abasto, sus institutos y, al ser sede universitaria, es el centro neurálgico que mueve la economía en la provincia Ichilo y alrededores.

“Tuve que salir a vender por bolos (a Bs 1) de leche, de tamarindo y de grosella porque ya no tengo dinero para darle de comer a mis tres hijos (de dos, tres y siete años). Mi marido es mototaxista, pero no sale a trabajar porque no hay cómo moverse”, dijo una joven mujer que evitó dar su nombre por temor a sufrir represalias.

El 12 de noviembre, se informó de que civiles hicieron huir a los uniformados, dañaron el puesto policial, robaron siete pistolas 9 mm y escopetas lanza gas, además de apropiarse de uniformes policiales y de tres carros patrulleros que malutilizaron suplantando las atribuciones de la fuerza del orden.

La subversión de estos grupos vandálicos llegó al extremo de que con esas armas y, probablemente con otras, hace días se enfrentaron en Santa Fe con gente contraria a sus ambiciones, provocaron saqueos e hirieron a 11 personas por disparos de arma de fuego.

Marcelo Pacheco, jefe de la Policía en Ichilo, dijo que los mandos superiores contemplan un operativo para tomar el control de Yapacaní, con la ayuda de los militares, pero todavía no hay fecha de la intervención. Mientras tanto, sus agentes esperan en el otro extremo del puente.

“Hay mucha gente sufriendo en Yapacaní por la dureza del bloqueo; por esas personas queremos restablecer el estado de derecho allí”, indicó Pacheco, quien además admitió que el pueblo está en manos de radicales armados, pues la Policía ni los militares tienen pisada, como si se tratara de una republiqueta.