Por primera vez en décadas, Keanu Reeves apareció en público con una mujer. Fue el domingo, en la gala LACMA Art + Film organizada por la firma de moda Gucci en Los Ángeles. 

Reeves, de 55 años, es uno de los actores más discretos e introvertidos de la industria del cine y se sabe muy poco de su vida privada. De ahí que haya sorprendido verlo acompañado, tomado de la mano y con gestos de complicidad.

Sobre la alfombra roja de la entrega de premios se vio a Reeves paseando junto a Alexandra Grant. Él, con traje, chaleco y corbata negros; ella, con un vestido azul marino con tiras de pedrería, saludaron, posaron y sonrieron a todos.

La novia de Keanu Reeves es Alexandra Grant. De 46 años, es una artista asentada en Los Ángeles, que trabaja en diversas colecciones públicas, como el propio LACMA (Los Angeles County Museum of Art). Además, ha expuesto en galerías de su ciudad, así como de Baltimore, Toronto, Nueva York o París.

Reeves y Grant se conocen desde hace, al menos, una década. Los dos habían trabajado juntos en un par de libros de la editorial X Artists' Books: Ode to Happiness (Una oda a la felicidad, lanzado en 2011), la primera obra de ambos, y Shadows (Sombras, de 2016). En ellos, el actor realizaba los textos, poéticos en este caso, y la artista ponía las ilustraciones. 

Además de artista, Grant también es filántropa y ha creado el proyecto GrantLOVE, que recauda fondos para distintas asociaciones solidarias de la ciudad angelina, gracias a la venta de obras de arte que ella misma crea.

Grant es muy activa en redes sociales, y tiene un perfil de Instagram público con unos 16.000 seguidores en el que cuelga fotografías de obras de arte, subastas benéficas, actividades con amigos, exposiciones, música o viajes. Por el momento, ninguna de ellas con Reeves.

El intérprete de Neo en Matrix y ahora de la saga John Wick nació en Beirut de madre británica y fue criado junto a su hermana —con quien mantiene una estrecha relación— por su madre, ya que su padre, que era alcohólico, los abandonó. 

Su vida está cargada de sombras: a finales de los 90 él y su entonces novia, Jennifer Syme, esperaban su primera hija en común. La pequeña nació muerta y, año y medio después, Syme, hundida en la depresión, murió en un accidente de tráfico.

Tras grandes éxitos de taquilla como Speed, el intérprete ya no vive única y exclusivamente para el cine y destina buena parte de su dinero a la filantropía o la lucha contra el cáncer. “El dinero no significa nada para mí. Podría vivir los próximos siglos con lo que ya he ganado. Mi idea de la felicidad está relacionada con acostarme en la cama con la persona que amo, compartir una cena con amigos o ir en moto. No tiene nada que ver con un saldo bancario de varios dígitos”, expresó hace meses en una entrevista.