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Horas decisivas para Bolivia

Editorial El Deber Hace 10/23/2019 7:00:00 AM

El país vive las horas más decisivas desde octubre negro de 2003. Entonces, como ahora, la ciudadanía ha tomado las calles exigiendo que el Gobierno no escamotee su voluntad. 

Ya nada atemoriza a los que protestan, ni las amenazas de grupos afines al Gobierno, que se declaran movilizados para “defender el proceso de cambio”, ni las advertencias del Ministerio de Gobierno o del Ministerio Público. El pueblo quiere un solo resultado: respeto al voto y a la democracia.

En este momento, el Tribunal Supremo Electoral realiza el cómputo nacional de votos y aún no termina de dar toda la información sobre el conteo rápido.

 Precisamente, los informes sobre estos últimos datos, tan confusos e inexplicables, dieron lugar a que las dudas ciudadanas se transformen en el grito de la palabra “fraude” en las calles y también a que tanto los observadores de la OEA como de la Unión Europea cuestionen las variaciones y exijan transparencia y respeto a la voluntad expresada en las urnas.

A ellos se han sumado los gobiernos de Argentina, Brasil, Estados Unidos, el presidente designado de Venezuela y Europa. 

Les llamó la atención que se suspenda la transmisión rápida de datos y después la OEA expresó su sorpresa y reclamo porque la tendencia informada el domingo (que llevaba a una segunda vuelta) fue variada en el avance y dejaba abierta la posibilidad de un triunfo de Evo Morales en primera vuelta. El dilema es lo que tiene al país pendiendo de un hilo.

Aparte de la conducta del Tribunal Electoral, a la comunidad internacional le preocupa la violencia.

 Las protestas iniciales escalaron al incendio de edificios de los órganos departamentales en Sucre, Potosí y Cobija, mientras que en Tarija ardieron papeletas de sufragio; también hubo represión policial y movilización de efectivos entre uno y otro departamento. Puede ser peor si los movimientos sociales afines al MAS cumplen la amenaza de movilizarse, ya que eso causará confrontación entre bolivianos con funestas consecuencias. Que este octubre de 2019 no se parezca al octubre negro de 2003, cuyo impacto aún le duele al país.

Ayer el TSE emitió un comunicado condenando la violencia, pero sin aclarar sus propias conductas que están siendo cuestionadas ya a escala internacional. En su lugar, son los voceros del Gobierno los que piden pruebas del fraude, los que dicen que la oposición puede revisar los resultados acta por acta. La pregunta es ¿por qué el Ejecutivo asume la representación de otro poder del Estado?

Son horas cruciales, porque a medida que el tiempo transcurra, las movilizaciones irán creciendo y las demandas se irán sumando. El Gobierno debería resolver esta situación cuanto antes. Hay premura para que el Tribunal Supremo Electoral termine el cómputo y entregue los resultados finales; pero, sobre todo, hay urgencia de que el voto de los ciudadanos sea respetado. Lamentablemente, la credibilidad de los vocales está minada y por eso el rol y la voz de los observadores internacionales es de vital importancia.

Este miércoles comienza un paro cívico nacional. En Bolivia solo hubo paralización absoluta cuando los bolivianos decidieron sacar a gobernantes de facto. Ahora también hay un clamor por que se respete la democracia. Que las protestas no escalen y generen enfrentamientos, con la Policía o con grupos afines al MAS, es algo que se debe conseguir en las próximas horas. 

La historia recuerda a expresidentes a los que les ganó la soberbia y terminaron huyendo en helicóptero de Bolivia cuando perdieron la posibilidad de controlar los escenarios. No hay poder posible si se pretende lejos de lo que manda el pueblo. Ya se han visto terribles ejemplos en Venezuela y en Nicaragua. Que no ocurra en nuestro país.