Atrapado entre manifestantes decididos y autoridades chinas intransigentes, el gobierno de Hong Kong carece del poder y la experiencia necesarios para poner fin a la crisis política que sacude a la antigua colonia británica desde hace casi cinco meses, según analistas.

Hong Kong vive desde junio manifestaciones y acciones casi cotidianas de un movimiento de protesta que denuncia un retroceso de libertades, pero también una injerencia creciente de Pekín en los asuntos de su región semiautónoma.

En las últimas semanas, la violencia ha crecido en ambos bandos, prodemocracia y pro-Pekín.

Hasta ahora, todas las medidas tomadas por la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, no han permitido apaciguar la ira de los manifestantes, algunas incluso la aumentaron.

La prohibición a manifestarse con máscaras, una medida tomada por el gobierno local que invocó disposiciones de emergencia que datan de 1922, llevó, a inicios de octubre, a actos de vandalismo sin precedentes que paralizaron buena parte de la ciudad.

"El gobierno de Hong Kong sufre un profundo problema de legitimidad", explicó Ben Bland, director del departamento Asia Sudoriental del centro de estudio Lowy Institute.

"No tiene un mandato democrático y no ha concedido suficientes ventajas a la población para justificar la vía autoritaria que sigue", según Bland.

Como sus predecesores, Lam fue designada por comité electoral de 1.200 miembros, la mayoría de Pekín. El poder central de China se niega desde hace años a conceder un verdadero sufragio universal, reclamado por parte de la población.

"Un país, dos sistemas"

En virtud del principio, "Un país, dos sistemas", que presidió la devolución a China de la entonces colonia británica en 1997, Hong Kong goza, entre otras cosas, de un poder judicial independiente y de libertad de expresión.

En una grabación de audio, cuyo contenido se filtró el mes pasado, Lam explicaba servir a "dos maestros" Pekín y Hong Kong y tener un margen de maniobra "muy limitado" para resolver la crisis.

"Como no tienen la legitimidad ni la capacidad política que confieren unas elecciones libres, los funcionarios hongkoneses tienen evidentemente dificultades para gobernar", declaró Bland a la AFP.

La semana pasada, una sesión en el Parlamento ilustró el profundo resentimiento político del que es objeto Lam, quien se niega a renunciar.

El miércoles y jueves, la jefa del Ejecutivo fue increpada en el Parlamento por diputados prodemocracia, y obligada a interrumpir su discurso de política general ante el hemiciclo.

Lam recurrió a Facebook para hablar en directo, pero rápidamente su página fue invadida de emoticones de caras enojadas.

 "Carrie Lam es ahora tan odiada que todas sus declaraciones públicas provocan una ira irracional, cualquiera que sea su contenido", afirmó Steve Vickers, de SVA Risk Consulting.

La movilización surgió por el rechazo a un proyecto de ley que autorizaba las extradiciones hacia China, que fue retirado a inicios de septiembre, pero los manifestantes ampliaron sus reivindicaciones.

Problemas "políticos y culturales"

Cuando Hong Kong era británica, el territorio no estaba tampoco administrado democráticamente. Pero esa falta de democracia ha aumentado, principalmente desde la llegada del presidente chino Xi Jinping.

"El congelamiento del sistema político en 1997 hizo que la población crea que sus inquietudes y agravios no pueden ser resueltos por un gobierno hongkonés eficaz y responsable, porque lo considera como ampliamente sometido a Pekín", opinó Jeffrey A. Bader, investigador de la Brookings Institution.

El régimen chino condenó varias veces las manifestaciones que son, según él, el resultado de un complot de Occidente destinado a imponer por la fuerza la democracia en el territorio autónomo.

No obstante, no ha intervenido directamente para no afectar su imagen internacional, apostando por el desgaste del movimiento, según los analistas.

Lam y su gobierno no han tenido otra opción que ordenar a la policía reprimir las manifestaciones.

Aunque la dirigente de Hong Kong y Pekín reconocen los problemas económicos a los que se enfrenta la población, rechazan sus reivindicaciones políticas.

Sin embargo, "los verdaderos problemas son políticos y culturales", comentó en un video Nigel Inkster, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

"En resumen, Hong Kong teme ser sometido a un sistema chino que parece cada vez más autoritario y represivo. Por supuesto es un problema que Pekín no sabe cómo resolver", agregó.