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Por quién votar

Alfonso Cortez Hace 10/16/2019 7:00:00 AM

La semana pasada -en este mismo espacio-, con argumentos, ejemplos y datos concretos, señalé por qué no votaré por Evo Morales, un candidato inconstitucional, que traicionó la fe del ciudadano al atropellar y no respetar la voluntad popular expresada en un referéndum (21F). La encrucijada de acentuar el autoritarismo o recuperar los valores democráticos, ha llevado a que las propuestas y programas de gobierno pasen a un segundo plano y nuestra decisión en las urnas tenga más que ver con salvaguardar la democracia y emitir un voto, casi “por defecto”.

Hemos presenciado una de las campañas electorales más pobres y aburridas de nuestra joven democracia (37), tanto en ideas, proyectos, como en piezas comunicacionales. La confrontación mediática de los aspirantes ha sido más anecdótica y con temas intrascendentes. Por ejemplo, nadie ha dicho nada sobre qué hacer si se profundiza la innegable recesión mundial y los efectos que podría tener en el país: con precios de gas natural, minerales y soya a la baja; sin un panorama claro a la conclusión de los contratos de exportación de gas; con un déficit público, cercano al 8% del PIB; con reservas internacionales mermando drásticamente; con mayores endeudamientos de parte del Estado; con proyectos estatales deficitarios e insostenibles; y con la presión para devaluar la moneda boliviana. El próximo gobierno -cualquiera sea-, le tocará hacer duros ajustes. De esto, y muchos otros temas importantes, se debió haber hablado en la campaña.

La ley electoral, como ocurre en países vecinos, tiene que obligar a que los candidatos debatan públicamente sus planes y programas de gobierno. El órgano electoral, o algún ente contratado para el efecto, debe organizar más de un debate entre todos los candidatos para que el electorado pueda conocer, comparar y decidir por quién votar.

La papeleta electoral tendrá dos franjas: la primera, para elegir a los binomios presidenciales; y la segunda, para elegir a los diputados uninominales, según circunscripciones. De estos últimos, poco o nada se ha dicho. Los votantes no conocemos a nuestros futuros diputados y nuestra elección estará condicionada por a quién elegimos en la franja de arriba. El voto es personal y secreto. Sin embargo, dadas las condiciones de esta “sui generis” elección, apostaría por un Parlamento más plural votando cruzado: por una tienda política en la franja superior, y por otra diferente en la inferior, con la que tenga mayores coincidencias conceptuales y simpatías en términos político-ideológicos. Al no haber supremacía de una tienda política, se necesitarán saludables acuerdos para gobernar.

Valoro a todas las candidaturas legales presentes en la papeleta electoral. Pero, si lo que dicen los encuestadores es cierto, Carlos Mesa (Comunidad Ciudadana) sería el único postulante de la oposición que podría disputarle la presidencia al candidato ilegal y forzar a un primer balotaje (segunda vuelta) en la historia del país, hay una fuerte corriente de opinión que, más allá de los afectos y desafectos por Mesa, apuesta a derrocar el prorroguismo del partido oficialista, convocando a que se vote por la opción opositora mejor colocada en las encuestas. La maniobra ilegal del oficialismo ha provocado que crezca en el elector la triste y paradójica disyuntiva de “votar por descarte”.