Opinión

¡A enflaquecer mar!

Oso Mier Hace 9/15/2019 8:00:00 AM

La cuñada de mi suegra, casada con un coronel me ha pasado una orden militar, que a la sazón, dice:

“En vista de que no es posible rebajarles sus salarios y beneficios con los cuales el gobierno quiere tenerlos chochos de la vida - por lo menos hasta pasadas las elecciones-, se los conmina a intensificar sus ejercicios físicos para que no sigan aumentando la panza, porque militar con panza es como vedette con estrías. Les advertimos a todos los ‘cochis’ en lista activa, que el incumplimiento a esta disposición será severamente sancionado”.

“Así que a enflaquecer cachorros”, dice la nota y en otro párrafo conmina a “someterse a un programa de acondicionamiento físico, dándoles un plazo de tres meses”.

Según el documento, se los conmina a bajar de peso porque ya no se les dará ponchos rojos, porque parecen embarazados.

Lo que me llama la atención es que en la jerga militar no hay plazo para nada. Es ahora, sí o sí, pero si en cien días no bajan la panza y grasas anexas, así hayan votado por su benefactor, pasarán a las listas pasivas, en modo civil. Bueno así es la instrucción, pero creo que el texto no debe ser el original.

Sospecho que la cuñada de mi suegra, a más de chismosa, es mal intencionada porque obedece a instrucciones de la embajada de un país que molesta mucho al Gobierno y, por ende, a los militares. Lo que sí se sabe es que hay más de 350 milicos que están físicamente en zona de obesidad severa.

Antes los milicos eran flaquingos, porque sus salarios eran ‘michis’, pero una cosa fue ser gorila, otra es ser pez gordo, pero ya es intolerante ser militar ancho.

Mi suegra metiche, sugiere que el saludo castrense que antes era “Subordinación y Constancia”, cambiado luego a “Patria o Muerte, Venceremos”, ahora se grite en tono muy varonil; “papa ya no comeremos, por la gloria adelgazaremos”. En el mundo castrense, las órdenes no se discuten, se las enflaquecen.

Yo ya pensé que algo estaba pasando en esos círculos porque, al pasar el otro día por el cuartel escuché el trote de jefes y oficiales que marcaban la reiterada frasecita; ¡Chile no, dieta sí!, ¡Chile no, dieta sí!