Todos los días nos narramos la realidad, la embellecemos, la fragmentamos, la recortamos o la volvemos más fea de lo que es. Es que en el fondo terminamos creyendo lo que queremos querer para afrontar lo que resta de la jornada o de la vida.

Esto ocurre en todos los campos del pensamiento humano y la política no es una excepción. Por eso la encuesta electoral que más se acerca a nuestra posición nos parece la más certera, la más válida.

Y en la realidad es posible que todas las encuestas estuvieran en lo cierto y todas erradas. Porque en el fondo se trata de metodologías diferentes, de mediciones diferentes, de personas consultadas diferentes.

A los que les encanta repetir lugares comunes les gusta decir que las encuestas son “fotografías del momento”, si pero estas también recortan la realidad.

En una habitación donde hay treinta personas si las apiñamos diríamos que el cuarto está lleno. Si por el contrario solo registramos la esquina vacía podemos decir que nadie estaba en todo el lugar.

Y encuestas ahora hay para elegir. Y claro sus resultados esperanzan a unos y a otros. Sirven también para recaudar fondos para los partidos.

Si la distancia es muy grande, los bolsillos de los aportantes se cierran, si no los contribuyentes a la campaña apoyan, sin duda algunos preferiría que se use la palabra invierten.

Pero más allá de los sondeos, Bolivia vive un momento de polarización de narrativas. Hay quienes creen que las acciones del gobierno han iniciado e incentivado los incendios y otros que responsabilizan a la oposición incluso acusándola de encender fuego en lugares donde ya se había extinguido. Y claro hay quienes están esperanzados de que la tragedia de la Chiquitania y hoy de Tarija baje la votación de Evo. Aunque según las encuestas más serias éste ganaría en primera vuelta.

Esta polarización ha llevado a abusos como los cometidos contra los militantes masistas en las casas de campaña del MAS en Santa Cruz. Menos mal que hay detenidos que deberán purgar en la cárcel sus actos violentos.

Pero claro toda acción produce una reacción. Los jóvenes desaforados en 2008 que golpearon a ciudadanos y robaron tarjetas y celulares de Entel condenaron el movimiento de las prefecturas al fracaso. Lo que ocurrió el jueves en el segundo anillo no tiene justificación pero si consecuencias. Fortalecerá a las víctimas.

Cuando una amiga me contaba que algunos de sus allegados le decían el miércoles: mañana voy a patear collas, olvidándose que ese pensamiento lo único que hace es que los cruceños de origen colla tengan más claro su voto. Y junto a ellos miles de cambas. Es el peligro de las narraciones, suelen producir otras narraciones inesperadas.