Opinión

Un espectáculo aparte

Harold Olmos Hace 1/7/2019 8:00:00 AM

El desplazamiento del péndulo geopolítico mundial, formalizado el 1 de enero con la ascensión de Jair Messias Bolsonaro, asumió la forma de un espectáculo inédito por la incorporación exitosa de la primera dama, Michelle de Paula Bolsonaro, a la escena central de la jornada. Si el ascenso mismo del capitán del Ejército brasileño era una novedad mundial, el papel de la esposa en la ceremonia central no fue menor. Su gracia exquisitamente femenina para hablar con el lenguaje de señas corporales conquistó a la teleaudiencia que compartía, a ratos con bastante holgura a su favor, la atención entre el nuevo político que asumía el mando de la mayor economía latinoamericana y el quinto país del mundo en extensión geográfica.

La joven, nacida hace 38 años en Ceilandia, una de las ciudades satélite de Brasilia, entró a la palestra internacional provista del encanto con el que representó la habilidad aprendida de una madrastra en aquel modesto poblado, una de las siete ‘ciudades satélite’ con las que surgió la capital brasileña hace más de 60 años para albergar principalmente a la mano de obra requerida por obreros y empleados para la gigantesca construcción.

No fueron solo las manos las que dieron vida a un discurso breve y muy sentido. A cada movimiento acompañaba una expresión facial vívida y congruente, que parecía dibujada para relucir a tono con el rosado pálido de un traje, cuya sencillez trajo de inmediato comparaciones con grandes figuras femeninas que el mundo adoró, como Jackie Kennedy y Grace Kelly. La firmeza con la que sus brazos y manos esculpían mensajes en el aire y el significado de sus palabras, conformaron un cuadro que se diferenció en absoluto de las ceremonias habituales de posesión. Su breve discurso expresado en señas que traducía la experta Adriana Ramos conmovió a la selecta audiencia ya cautivada por el espectáculo.

La traductora se conmovió y la voz se le quebró cuando la ahora primera dama prometió redoblar esfuerzos por los más necesitados, y prometió que los derechos de los discapacitados serán respetados. La audiencia se conmovió al límite al escucharla agradecer a todos por el apoyo a su esposo ahora presidente cuando, en septiembre, fue víctima de un atentado que lo apartó de la campaña. “En especial, agradezco a mi esposo amado” por su esfuerzo en la campaña presidencial. Sus palabras parecían tan sinceras que la audiencia le reclamó un gesto y a gritos le pidió “¡beso, beso!” al presidente. La joven dio media vuelta y se acercó a su esposo sorprendido y le dio un beso en los labios. Ahí la multitud estalló en aplausos pidiendo un bis que dio paso al mantra que Bolsonaro ha puesto de moda: “Brasil por sobre todos y Dios por sobre todo”.