Con la captura del italiano Paolo Lumia (51), miembro de la mafia siciliana, ya suman 11 los capos narcos que estaban siendo buscados internacionalmente y que han sido detenidos en Bolivia desde mayo de 2018.

Tras un operativo coordinado de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) y la Policía de Italia, se logró detener a Lumia cuando salía del condominio donde se alojaba en la zona de Cala Cala, en Cochabamba. Estaba acompañado de Raymundo Colque Caba, que es considerado su principal colaborador.

El ministro de Gobierno, Carlos Romero, comentó que el italiano ingresó al país por la frontera con Brasil en enero y que se identificaba con un documento de nacionalidad venezolana. “Para facilitar la extradición de Lumia a Italia se optará por su expulsión, debido a que usó identidad falsa”, explicó.

Romero explicó que el detenido pertenece a la mafia siciliana y tiene una condena de 16 años de cárcel en su país de origen, por el delito de tráfico de sustancias controladas. Añadió, que están investigando a una decena de personas, que recibían dinero desde Italia para el mafioso.

En la conferencia de prensa estuvo presente Fabrizio Mustaro, integrante de la Policía italiana, que llegó al país de manera exclusiva para atrapar a Lumia y destacó el trabajo de los agentes bolivianos.

Antecedentes

Según los medios italianos, el integrante de la mafia siciliana es uno de los intermediarios más importantes del narcotráfico en el mundo. Se lo sindica de tener relación con cárteles de narcos en Sudamérica y con mafiosos en Asia. Además, estuvo involucrado en la incautación de 436 kilos de cocaína en un velero amarrado a un arrecife en la Polinesia, según una nota de Giornale de Sicilia.

Este italiano se suma a la lista de 10 delincuentes más buscados (mafiosos y narcos) internacionalmente que fueron capturados en territorio boliviano, en más de un año, por el Centro Regional de Inteligencia Antinarcóticos (Cerian), que reúne a las policías antidrogas de Argentina y Brasil.

Narcos pasearon por Bolivia

También existieron varios capos del narcotráfico que se pasearon por Bolivia y no fueron detenidos o detectados por la Policía.

El traficante colombiano, Enrique Villarreal Quintero, considerado el jefe del Pedro Montenegro (detenido en el penal de Palmasola), estaba investigado por legitimación de ganancias ilícitas desde 2014.

Tenía una autoventa en Santa Cruz y en sus documentos figuraba con un domicilio en la sede de Gobierno. Huyó del país, cuando se destapó el caso Montenegro. Fue acusado por la Policía de enviar 289 kilos de cocaína a Bélgica, camuflados en madera.

El colombiano John Wilson Díaz Véliz cayó detenido en Paraguay hace un mes. Estuvo investigado en Bolivia en 2011 por un ‘narcojet’ interceptado por autoridades españolas cargado con 944 kilos de droga, que había partido de Santa Cruz hacia Buenos Aires.

José González Valencia, considerado un líder del cártel de Jalisco Nueva Generación, estuvo viviendo en Santa Cruz desde 2015 y se las daba de ganadero, antes de ser detenido en Brasil en 2017. Estados Unidos ofrecía $us 5 millones por su captura al considerarlo un capo de la droga.

Los hermanos brasileños, Ezequiel, Ozzie y Maximiliano Dorado, miembros del Primer Comando de la Capital, traficaban droga de Bolivia hacia su país por las ciudades de Puerto Suárez, San Matías y Guayaramerín. Maximiliano cayó detenido en 2010.

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