Opinión

Booktubers, bookstagrammers y tuiteratura

Guido Alejandro Arana Hace 7/12/2019 8:00:00 AM

En la pasada feria del libro se realizó el II Encuentro de Booktubers y Bookstagrammers bolivianos. Los términos derivan de las palabras “book” (libro en inglés); “tube”, por Youtube, el sitio web dedicado a compartir videos; y “tagram”, por Instagram, la red social donde se suben fotografías y vídeos. Estos nuevos y jóvenes actores de la industria editorial suben imágenes y videos a sus cuentas y canales públicos opinando y recomendando libros que han leído o que pretenden leer. Cada uno de ellos tiene su particular modo de crear contenidos audiovisuales dedicados a alentar el gusto por la lectura. Las presentaciones suelen ser dinámicas, espontáneas, con un lenguaje muy sencillo y directo, que busca la empatía e interacción con sus numerosos públicos. Aunque no hay límites de edad para esta actividad, es natural que todos ellos sean nativos digitales. Es decir, personas que han nacido y crecido en esta era digital. Por eso, sus edades oscilan entre los quince y veinticinco años.

Estos gestores digitales de lectura, que ya tienen más de una década de actividad en el mundo, han sabido combinar la pasión por los libros y la literatura con el uso de las nuevas tecnologías y aplicaciones que les permiten multiplicar sus mensajes entre miles de seguidores. Antes que críticas literarias, propiamente dichas, los contenidos que comparten son reseñas y comentarios personales sobre algún autor o título elegido. Hasta hace poco tiempo, casi la totalidad de libros que se comentaban por estos nuevos canales de comunicación eran de autores extranjeros. Sin embargo, en los últimos meses, los gestores digitales de lectura bolivianos han puesto los ojos en libros nacionales. Este creciente movimiento, con miles de seguidores en las redes sociales, es una señal esperanzadora para el fomento y difusión de las publicaciones de nuestros autores.

En especial, entre adolescentes y públicos muy jóvenes, que habitualmente no son tomados en cuenta por la comunicación tradicional de las editoriales y librerías. Otro fenómeno, producto de la aparición de nuevas plataformas digitales, es la “tuiteratura”. Aunque todavía soy un “pajarito nuevo” en Twitter, ingresé  a esta red social con la curiosidad de encontrar y explorar lo que se ha denominado la post-literatura. ¿Es posible escribir una buena historia en 280 caracteres? Los escritores de microrrelatos tradicionales dirán que sí. Y, hasta es posible, que citen al escritor guatemalteco, Augusto Monterroso, con su célebre y emblemático micro cuento: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Pero, la gran diferencia es que los autores de estas ficciones narrativas no solo tienen que adecuarse al formato de la plataforma, sino que están expuestos a interactuar con la inmediatez de la red social. Los lectores pueden comentar cada palabra o párrafo y expresar su descontento o fascinación; intervenir con ideas y sugerencias; y establecer un diálogo con el autor. Se puede crear una historia en tiempo real. En Twitter también están proliferando las lecturas colectivas de clásicos de la literatura universal con miles de participantes de todo el mundo. Gracias al internet y a las herramientas de las nuevas tecnologías, el modo cómo producimos o consumimos literatura, tiene ahora una dinámica distinta a la del papel impreso.