Opinión

Una tragedia y una penosa realidad

Guido Alejandro Arana Hace 5/22/2019 8:00:00 AM

La muerte del árbitro Víctor Hugo Hurtado, de 34 años, en pleno partido entre Always Ready y Oriente Petrolero, empañó una jornada que debía ser festiva, y también puso en evidencia que la crisis del fútbol nacional engloba todos los espacios en los que este deporte se desenvuelve. El domingo, lamentablemente, se pudo observar la precariedad con la que se brindaron los primeros auxilios al réferi, la falta de condiciones y también el maltrato que tienen quienes dirigen los encuentros encuentros de fútbol de la División Profesional boliviana.

Víctor Hugo Hurtado se desvaneció en la cancha y, tanto jugadores como el cuerpo técnico, entraron en una crisis que puede llamarse pánico. Los jugadores gritaban pidiendo un médico. La camilla llegó al poco tiempo y apareció un tubo de oxígeno, proporcionado por uno de los clubes en juego. En un video que registra ese instante, se evidencia la falta de experticia de parte de quienes deberían ser hábiles para tener bajo control una situación como esta, ya que entre el momento en que Hurtado se desmaya y el instante en que es subido a la ambulancia para trasladarlo a un hospital, transcurrieron al menos tres minutos valiosos.

La camilla fue trasladada ‘a carrera’ por toda la cancha, hasta llegar a una ambulancia que estaba sin el conductor. Fueron instantes definitivos entre la vida y la muerte, que ponen al descubierto que no estaban dadas las condiciones para soportar una situación de emergencia; por ejemplo, se ha denunciado que no existía un desfibrilador, a pesar de que las normas internas lo mandan de esa manera. Se tuvo que perder una vida para tomar conciencia de esta realidad.

Y hay más, los árbitros de Bolivia no tienen seguro de salud ni de vida. Los chequeos médicos periódicos para mantenerse habilitados, corren por cuenta de sus propios bolsillos. Además, hay un gran desequilibro económico entre ellos y los jugadores de fútbol. El miembro de un club puede llegar a ganar hasta 15.000 dólares mensuales, mientras que un réferi no llega ni a los 1.000 dólares, le pagan por partido y los ingresos son mínimos.

En cuanto a los campos deportivos, el de Villa Ingenio, donde ocurrió este hecho, tiene observaciones de fondo, no solo de los hinchas, sino también de la alcaldía de El Alto, institución que asegura que tiene deficiencias en la provisión de agua potable y de alcantarillado sanitario, razón por que presenta charcos cuando llueve. ¿Hay más escenarios con este tipo de problemas? ¿Por qué entonces les dan luz verde para albergar encuentros de fútbol profesional?

El pésimo estado del fútbol boliviano se ve por todos lados. No se puede entender que se mantenga la situación como está en la actualidad. La muerte de una persona debe ser más que suficiente llamado de atención para cambiar y para dignificar la práctica de un deporte que es pasión de multitudes.

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