Opinión

Carlos Mesa empieza a cavar su propia tumba política

Hace 5/16/2019 8:00:00 AM

La última encuesta de Mercados y Muestras para Página Siete produjo un resultado preocupante para el principal candidato opositor. A abril de 2019, solo un 28% de los encuestados votaría por Carlos Mesa contra un 34% que votaría por Evo Morales. La diferencia negativa de seis puntos es una alarma, pero más lo es la tendencia desde diciembre del año pasado. Ese mes, Carlos Mesa obtuvo un 39% de las intenciones de voto contra un 30% de Evo Morales. Es decir, ¡Carlos Mesa pasó en solo cuatro meses de estar nueve puntos arriba a estar seis puntos abajo!

¿Qué pasó? ¿Habrá sido que de pronto Evo Morales empezó a demostrar que es un avezado estadista? ¿Será que en cuatro meses pudo borrar de un plumazo su desprecio por la democracia, su ataque al orden institucional, su apoderamiento de la justicia, su economía con pies de barro, su intervencionismo? No. Lo que pasó fue que la gente empezó a ver la triste realidad: Carlos Mesa es un mal candidato.

Empecemos por decir que Carlos Mesa ni siquiera es de oposición: ¡es un candidato oficialista! Es una versión mejorada del actual régimen. La gente le puede llegar a creer a Carlos Mesa que respetará la democracia y que combatirá la corrupción, pero en términos de visión de país -que es lo que importa- prácticamente no hay diferencias. Carlos Mesa es Evo Morales 2.0.

¿Sabe lo que dijo Carlos Mesa el 14 de abril? Cuando le preguntaron donde se ubicaba en el péndulo derecha-izquierda, la tibieza intelectual que lo caracteriza no le permitió definirse. Solo atinó a lanzar estas perlas populistas: “No voy a suprimir los bonos que están vigentes. No voy a privatizar absolutamente nada. No creo en las recetas neoliberales para resolver los problemas estructurales de la economía.” Listo. ¿Para qué queremos cambiar de presidente entonces? Con Carlos Mesa tendremos el mismo populismo de izquierda de siempre.

La bonanza económica generada por los altos precios del gas le permitió al Gobierno repartir bonos y subsidiar productos a diestra y siniestra. A la fecha hay cuatro tipos de bonos diferentes más los subsidios a los hidrocarburos, los alimentos, los servicios básicos, la lactancia, etc. ¿Pero que pasa ahora que enfrentamos precios externos más bajos? Hasta el propio Evo Morales se quejó hace un par de años de que los bonos y las subvenciones costaban mucho y le reducían al Gobierno su capacidad de inversión pública. Un buen candidato hubiera dicho que los bonos y las subvenciones no son sagrados y que podrían reducirse o eliminarse de acuerdo a un manejo responsable de las finanzas públicas. ¿Y que no va a privatizar? Esto ya es el colmo. ¿Así que seguiremos con las Cartonbol, Papelbol y demás esperpentos? Queda claro que Carlos Mesa está convencido de que el Gobierno puede hacer las cosas mejor que los agentes privados. Anótelo bien señor Mesa, aunque usted forme un Gobierno de ángeles, la burocracia estatal nunca podrá hacer mejor gestión productiva que agentes privados que tienen la correcta información e incentivos.

¿Y además no cree en recetas neoliberales? ¿Qué recetas salvaron entonces al país del colapso económico de la hiperinflación? ¿Qué recetas le han dado al país estabilidad macroeconómica desde 1985 a pesar del permanente embate populista de varios gobiernos? ¿Son recetas neoliberales las que han llevado a Venezuela, Cuba y Argentina a la catástrofe? En vez de seguir el discurso demagógico antineoliberal, Carlos Mesa tendría que haber aprovechado la entrevista para decir que él eliminaría el segundo aguinaldo, el salario mínimo, las tarifas arancelarias, los impuestos a la exportación, etc. Pero claro, que Carlos Mesa entienda que sacando al Gobierno de la economía se genera más crecimiento es pedirle peras al olmo.

Así que no hay más que descubrir. Carlos Mesa es más de lo mismo. Le critica a Evo Morales que piense que “el poder es más importante que el proyecto” pero no le critica el proyecto. Así no cautivará nunca al electorado. Lo triste es que, dado lo pobre de nuestra oposición, a medida que Carlos Mesa cava su propia tumba política también sepulta las esperanzas de acabar con el régimen.

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