Opinión

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El gran año de Homero Carvalho Oliva

Guido Alejandro Arana Hace 10/8/2018 1:31:00 AM

Un lunes anterior, en Conversaciones en La Catedral, nuestro programa de tertulias literarias y de la vida que con Darwin Pinto transmitimos semanalmente por Facebook Live, resucitamos a Tomás Eloy Martínez, el escritor argentino que escribió la novela Santa Evita, que Gabriel García Márquez, después de leerla, dijo: “Aquí está, por fin, la novela que siempre quise leer”. Todo eso, entre muchas otras cosas, lo comentamos en Conversaciones en la Catedral con Darwin Pinto y el escritor boliviano Homero Carvalho, que vio el programa, recordó después, a través de un diálogo cibernético que tuvimos, que compartió escenario con Tomás Eloy.

Ese encuentro memorable fue en la conferencia sobre literatura latinoamericana en la XI reunión anual celebrada el 27 de abril de 1990 en Nueva Jersey (EEUU). Aquella vez, Tomás Eloy Martínez habló sobre Novela y poder: las batallas de las versiones narrativas y Homero Carvalho participó con una ponencia que tituló La palabra y el poder: una visión boliviana.

“Desde muy joven quise destacar la literatura boliviana”, recuerda Homero, 28 años después, ahora que es un escritor consagrado no solo en este país que él ama con la fuerza de su arte, sino también a escala internacional. Sus obras de cuentos, novelas y poesía han conquistado a los lectores de Cuba, Perú, Colombia, Argentina, Brasil, Estados Unidos y España.

Este año ha sido para Homero el gran año de las publicaciones en el exterior. Empezó en Cuba con la publicación de la Antología de la poesía amazónica de Bolivia, (Ediciones del Sur); dos libro con Amargord: Los Reinos dorados y Antología de la poesía boliviana Contemporánea; además de la publicación en Brasil de La maquinaria de los secretos por ARC Edicoes, y piensa cerrar el año con otra gran noticia: se viene en Nueva York la publicación de Memoria incendiada, por New Tork Poetry, y Bautizar la ausencia, por Editorial Andesgraund.

Fue en España donde en el invierno europeo entré a una librería de Barcelona y solicité Los Reinos Dorados, un libro suyo editado por la editorial española Amargord y de cuya publicación me había enterado, sabiendo que se trataba de una joya de versos para disfrutarlos una y otra vez y hacer de dicha obra una fiel prenda de viajes, como lo son también los libros de Tomás Eloy que Homero conoció en persona hace tantos años y que la otra noche recordó ese encuentro como un tesoro que no envejece y que, como los buenos libros, acompañan siempre.