Mimmo Roselli siempre quiso ser artista, pero su familia se oponía. Ejerció la medicina impulsado por su vocación social, pero sabía que estaba destinado a dejar a un lado la ginecología para dedicarse al arte. Con el tiempo, triunfó y se dio tiempo para coordinar un sorprendente festival artístico en el chaco boliviano. 


Sus exposiciones en Nueva York y una invitación para mostrar su obra en la Bienal de Venecia bastan para dar una idea de la profundidad de su trabajo artístico, que utiliza pocos elementos para mostrar sus ideas. 


A veces solo utiliza cuerdas para mostrar puntos de contacto entre lugares cotidianos y para mostrar que lo que parece vacío tienen muchos elementos y que es necesario “cuidar  lo poco que hay y valorarlo mucho”. 


Su mensaje consiste en que el vacío es un lugar que da espacio para moverse física y espiritualmente. “Necesitas silencio para escuchar tu alma”, dice. 


Un día de agosto de 1984 su alma empezó a susurrarle cuál sería su camino. Estaba en Toscana, su natal Italia, en casa de unos amigos que vivieron la experiencia de la agricultura cooperativa. Ahí conoció al cura franciscano Tarcisio Dino Ciabatti, que desde 1977 vive en Gutiérrez, cerca del pueblo guaraní, en la provincia Cordillera. 

Ven, te invito
El padre Tarcisio contó su experiencia con los guaraníes y cómo, en 1887, los franciscanos llegaron desde Tarija y fundaron Santa Rosa de Cuevo, donde instalaron un colegio. Mimmo escuchó la prolongada descripción del cura, que concluyó invitándolo a visitar el lugar. 


Seis meses después, el aún médico Mimmo Roselli salió de Italia rumbo a Bolivia por primera vez. Era un caluroso enero de 1985. Así cuenta lo que vivió un día después de su llegada: “Me encontré con la realidad guaraní, en una reunión grande que tuvieron en una comunidad  llamada Itembeguazu, en el Chaco de la provincia Cordillera”. 


Los comunarios llegaban en un camioncito, que después de la reunión debía retornar a varias comunidades y llevar a Mimmo hasta Camiri. A medio camino, el vehículo se malogró y forzosamente Mimmo tuvo que pasar la noche en una de las casas. “Generosamente, una familia había dispuesto que me aloje”, cuenta. 


Ese primer encuentro con el pueblo guaraní fue muy intenso, muy cercano, “de muchos contactos con su vida cotidiana, de muchos colores, de muchos olores”, dice Mimmo.
Pasó un mes con el director del Hospital Camiri, porque en esa época aún trabajaba como médico en un hospital de la ciudad de Prato, en Toscana. Sin embargo, comentaba con frecuencia con el padre Tarcisio que hacía falta estimular la actividad cultural dentro la cultura guaraní. 

¿Dónde está la música? 
Llamó la atención de Rosselli que la música se utilizara poco. Aunque el pueblo guaraní tiene una rica musicalidad, que se muestra en las decenas de piezas que se tocan en Carnaval, Rosselli sintió que algo se podía hacer en torno a la figura del compositor Domenico Zipoli, que nació justamente en Prato, la ciudad donde trabajaba Mimmo Roselli, y además, empezó a estudiar en Florencia, la ciudad natal del ginecólogo-artista Roselli. 
El compositor Zipoli nació en 1688 en Prato, y luego viajó a América y se radicó en la ciudad de Córdoba, Argentina.


Su música llegó a varias misiones jesuíticas. Ingresó a la Compañía de Jesús. Se lo considera el compositor más destacado que llegó a América. 


 Por otro lado, el director del Hospital Camiri le pidió que buscara un profesor universitario de la facultad de Medicina de Florencia para que los colabore en investigaciones científicas sobre enfermedades infecciosas y salud pública. 


Roselli encontró al profesor Franco Paradisi, que se entusiasmó con la idea. Con él formó un grupo que todavía sigue viniendo a Bolivia para hacer investigaciones relacionadas con el mal de chagas y las parasitosis. 

Escuela y melodía
En 1989, cuando ya llevaba un mes en Ipitacito del Monte, estaba pintando la fachada de la iglesia con un grupo de jóvenes. Todos los días, la gente pasaba delante de la iglesia para ir al atajado a sacar agua y lo saludaban: “Buen día, gringo”. Pasó el tiempo y comenzaron a decirle “Buen día, señor”. Cuando ya se terminaba el trabajo en la fachada, le decían “buen día, amigo”. 
Después de muchos años de hablar sobre cultura con el padre Tarcisio, decidieron fundar la Escuela de Arte y Música del Chaco Boliviano. La cercanía con los guaraníes se hizo más estrecha. 


Tarcisio ya había mandado jóvenes a la Escuela de Música de Urubichá y, desde 1991, Roselli había abandonado completamente la medicina. Solo atendía a algunos familiares y hoy colabora con la investigación de la Universidad de Florencia en el pueblo guaraní, y apoya las iniciativas del Servicio Departamental de Salud en la zona del chaco. 


 En 2007 arrancó la escuela en tres comunidades. Santa Rosa de Cuevo (Chuquisaca), Palmarito e Ipitacito del Monte (Santa Cruz). “Cuando fui a Santa Rosa por primera vez me encantó la misión y el pueblo, con las casas alrededor de un gran espacio vacío”, comenta Roselli. Espacio vacío. Se ve que desde el principio, ese espacio geográfico halló un eco en el alma del artista. 

Festival, festival
En 2016 se inauguró oficialmente la Escuela de Música con un festival artístico. Estuvo el artista coreano Sook Jin Jo, el japonés Yoko Inoue, el boliviano Adolfo Torrico, el elenco Pequeño Teatro y el director de cine italiano Fernando Maraghini. Durante dos semanas, los estudiantes pasaron clases con los artistas invitados. Usaron los materiales del lugar para hacer arte. 


Este año, ese festival se realizará nuevamente en Santa Rosa de Cuevo.  Entre el 19 y el 22 de abril, artistas de varios países estarán en el lugar. La actriz Verónica Armaza presentará Los cuentos de los cuentos guaraníes, con la narradora Celia Asturizaga; se pondrá en escena una versión para niños de Hamlet de Shakespeare, escrita por Guido Arze. 


La muestra de arte reúne a Robert Aitchison, Florence Neal (EEUU), Michael Kowalski (polaco-estadounidense), Oscar Soza (Bolivia), las obras de los músicos Martín García y Pablo Bronzini (Argentina) y de la artista plástica Florencia Walfish. También habrá danza.