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 Edición Impresa 18 Septiembre 2011  
 

Su historia cuenta. Reproduce imágenes típicas de Santa Cruz
Desde hace más de 20 años dibuja tinajas, carretones y palmeras sobre cuero y metal


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Paura Rodríguez Leytón

Resulta difícil lograr una entrevista con Remberto Montaño. Es un artesano ocupado que requiere concentración en su trabajo: repuja imágenes típicas de Santa Cruz sobre cuero, cobre, bronce y aluminio.
Su taller se encuentra en el mercado Florida y allí, con la ayuda de pequeños y silenciosos instrumentos como repujadores, escuadras, tijeras, punzones, un pirograbador y un pantógrafo, reproduce cuidadosamente dibujos de palmeras, cambitas con tinaja, carretones con yuntas de bueyes, la cruz autonómica, el mojón con cara y el escudo cruceño.
“Para ser artesano se requiere bastante entusiasmo, un poco de paciencia y no mucho capital”, precisa Remberto, que desde muy joven aprendió su oficio en el taller de su hermano mayor, Feliciano Montaño.
Oriundo de Minero y el sexto de siete hijos, recuerda que de niño cultivó la tierra con su padre que era agricultor y excombatiente de la Guerra del Chaco.
“Producíamos plátano y guineo y de eso vivíamos, mi madre tenía una pensión frente a la plaza del pueblo”, recuerda.
Su hermano Feliciano se fue a estudiar a Buenos Aires y de allí volvió con el oficio de repujador que enseñó a Remberto, en un taller que instaló en Santa Cruz.
Estuvo en el taller de su hermano hasta que se casó. Relata que su esposa, Dolly Áñez, lo apoyó para que emprendieran una empresa independiente y en 1991 instalaron su taller en el mercado Florida.
Ahora que tiene 45 años, Remberto asegura que no se equivocó de camino y que pese a no haber salido bachiller y haber abandonado sus estudios de mecánica automotriz, él encontró su vocación como artesano y construyó su casa y junto a su esposa, que lo ayuda en el taller, saca adelante a sus tres hijos.
Después de 20 años de pasar la mayor parte del tiempo en el mercado Florida, le tiene cariño y asegura que es uno de los mejores de la ciudad, pues allí “hay de todo y los precios no son caros como normalmente se dice”.
Sin embargo, también se entristece al pensar en los cambios ocurridos en los últimos años. Señala el pasillo donde se encuentra y dice que antes, hasta el año 2000, estaba lleno de artesanos. La mayoría se fue porque a la gente dejó de interesarle la compra de artesanías y varios no ganaban ni para comer. Ahora trabajan en actividades que no tienen nada que ver con lo que hacían antes, por ejemplo, varios son taxistas. Otros instalaron sus talleres en su casas desde donde ven la forma de distribuir sus trabajos. Explica que los que trabajaban en madera, los que hacían llaveros tallados con motivos cruceños, han dejado de hacerlo porque la madera está cara y es difícil de conseguir. “La gente que más busca artesanías de Santa Cruz son los turistas y los del interior, ellos llevan objetos en los que mostramos nuestras constumbres”, comenta.
Sus clientes en Santa Cruz son instituciones, colegios y personas particulares que encargan pergaminos, diplomas y cuadros de reconocimiento para acontecimientos especiales.
Como artesano observa con mucho cuidado sus productos, señalando que cada uno está hecho a mano y que ese es su verdadero valor.
Reconoce que es difícil competir contra la tecnología y que en Santa Cruz existen lugares donde se ofrecen trabajos en metal que se hacen desde una pantalla de computadora y que salen rápidamente.
Asegura que no dejará de trabajar a mano y que tiene clientes que valoran su oficio, pero que de todas maneras este año irá a la Expocruz para buscar  las ofertas tecnológicas que le permitan el uso de nuevas herramientas.
Cuando habla de su labor, admite que también hay momentos reconfortantes, y al contar uno de ellos su mirada se ilumina y su rostro se alegra. Recuerda que un día en La Recoba el cantante cruceño Aldo Peña se refierió a la labor de los artesanos con mucho cariño y los felicitó por mantener vivas las imágenes típicas de Santa Cruz. “Mi esposa y yo le entregamos un pergamino”, agrega con orgullo. 


 
 

  FOTOGRAFÍAS

Habilidad. Con la mano firme y directamente sobre el cuero, Remberto Montaño dibuja un paisaje costumbrista con la ayuda de un pirograbador



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