Martes 2, de septiembre del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Desalojo del avión pirata



Ronald Tineo Velasco
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En vista que el Gobierno nacional ha decidido propinar duros golpes al contrabando en Challapata (Oruro), nuestro municipio, que se precia de ser el más grande del país, tiene la oportunidad de demostrar que también es eficiente y ordenar el desalojo, ipso facto, del ‘avión pirata’, también llamado ‘Constellation’, del lugar donde se halla emplazado desde hace muchos años. Porque nadie negará que el vetusto aparato es un monumento al contrabando, cuerpo del delito, cuya captura, en pleno vuelo, se cobró la vida de un piloto de la Base Aérea.

No sabemos si la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz hubiera formulado alguna solicitud en tal sentido, pero si lo hizo, es claro que la misma cayó en saco roto por cuanto jamás fue considerada. Pero ello no es óbice para que la entidad reitere la petición haciendo notar a los munícipes desinformados que el avión pirata no forma parte de la historia ni de las tradiciones de nuestro pueblo que son necesarias conservar, sino parte de una leyenda negra que es necesario olvidar, borrar de la memoria colectiva antes de que siga echando más raíces.

El nefasto avión pirata fue capturado y obligado a aterrizar en el aeropuerto El Trompillo el domingo 30 de julio de 1961, hace más de 50 años, y a las nuevas generaciones nadie les ha contado que transportaba un cuantioso contrabando y que ya había realizado otros viajes por encargo de poderosos comerciantes de la época, que pagaban derechos de protección a los caciques locales del partido político gobernante (el MNR ), quienes, coadyuvados por sus esbirros, descargaban el contenido y trasladaban la carga a depósitos clandestinos aprovechando las sombras de la noche, hasta que el negocio se vino abajo, junto con el avión.

La captura del avión contrabandista dio lugar a la apertura de un proceso aduanero para investigar el delito de defraudación, que se calculaba aproximadamente en 20 millones de dólares de la fecha; sin embargo, dicho proceso nunca llegó a su fin y terminó archivado en instancias superiores en la ciudad de La Paz. Dicen que la carga llegaba de las ciudades de Buenos Aires y de Arica, y consistía en voluminosos fardos de cigarrillos americanos, wiski, televisores, medias nailon y otro tipo de mercancía suntuosa de alta cotización en nuestro medio.

Después de la captura, el avión pirata quedó depositado y olvidado algunos años en El Trompillo, hasta que al alcalde de turno, nombrado a dedo por el Gobierno militar, se le ocurrió la brillante idea de exhibirlo al público como si se tratara de la octava maravilla del mundo, cuando solo es un armatoste que provoca contaminación visual por cuanto contrasta con el verde de los añosos árboles existentes en la plaza.
Nunca llegó a cumplir función social alguna, como seguramente fue el propósito, y únicamente sirvió de refugio de pitilleros y de malvivientes que se dedican a atacar a los viandantes. Esa es otra razón que justifica su desalojo con todos los ocupantes a bordo, para reducir en parte el problema de inseguridad ciudadana reinante en la zona.
Recuperado el espacio, la Dirección de Parques y Jardines deberá ocuparse del maquillaje correspondiente, de manera que la plaza adquiera una imagen más amable. De igual importancia será restituirle el nombre originario que, suponemos, no es otro que el de plaza El Tao, antiguo e histórico paraje de donde se dice que salió la gente de color que nutrió el batallón de ‘pardos y libres’ que organizó el coronel Ignacio Warnes.

* Librepensador