Lunes 22, de septiembre del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Empresario público, empresario privado



Alberto Bonadona Cossío
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Tanto una gran corporación privada como una perteneciente al Estado debe buscar la administración que le garantice beneficios. En la teoría económica actual, esto significa que el empresario realiza esfuerzos positivos a favor de la empresa; los negativos son los que realiza para beneficiarse a sí mismo. En ambos casos se habla de empresarios que no son propietarios de la empresa, sino gerentes profesionales contratados para ese puesto.


Desde esta perspectiva, el empresario privado y el público no se diferencian en nada. Ambos requieren de un estricto marco normativo de conducta profesional que le otorga incentivos y sanciones para garantizar que sus esfuerzos sean positivos. Considerar, por lo tanto, como verdad aquel cliché que define al Estado como mal empresario es observar el presente con ojos del pasado.


En Bolivia existen muchas empresas familiares dirigidas por sus dueños, pero no nos estamos refiriendo a ellas en este artículo. Habló de las empresas modernas, cuya propiedad se halla atomizada entre cientos o miles de accionistas, o de las que están en manos de un Estado, que representa los intereses de poblaciones de países enteros.
A estos empresarios modernos, que no son dueños de los medios de producción que administran, les rodean circunstancias nacionales y globales similares, que tendrán que enfrentar con amplio conocimiento del sector en el que operan y con habilidades gerenciales.


El mundo actual, no obstante, exigirá más a los empresarios que actúan en países emergentes, pobres o subdesarrollados. Estos enfrentan circunstancias sociales altamente conflictivas (se dan en Bolivia como en la India), infraestructuras nacionales débiles (energía, agua, comunicaciones y transporte, no siempre disponibles en las cantidades necesarias y poco confiables en su suministro). Además, deben lidiar con una competencia internacional que no distingue origen, sino calidad de los productos y servicios.
El Estado boliviano hoy se hace cargo de la empresa textil más integrada económicamente (desde el hilado hasta la prenda terminada), posiblemente la más moderna del país y la que logró penetrar a mercados internacionales con productos de calidad y elegante estilo. El Estado alquila, con opción de compra, la empresa Ametex y se coloca un desafío gigantesco que no pudo ser superado por la administración privada al cabo de décadas.


Se trata ahora de mantener al personal calificado existente y de agregar talento nuevo para hacer funcionar la empresa adecuadamente. Además, se la debe dotar de un marco corporativo y regulatorio que la encamine en un manejo correcto y transparente, altamente técnico y mínimamente politizado. Sin embargo, y como dijo un alto ejecutivo de Ametex, lo político debe intervenir en los acuerdos que el Gobierno pueda lograr con otros países para abrir mercados a Enatex, la recientemente creada empresa estatal.

(*) Economista