Domingo 20, de abril del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Sequía de líderes cruceños



Francisco Justiniano Suárez
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Pese a que muchos no lo quieren admitir, nuestro departamento carece de líderes que tengan proyección local y nacional, capaces de articular las necesidades de cruceños y bolivianos. Esa falta ocasiona que se pierda un espacio político que costó mucho trabajo conquistar a nuestros mayores, y que hoy, debido a la improvisación de quienes nos guían, hemos ido cediendo. Resulta apremiante, pues, que Santa Cruz haga algo para formar una nueva camada de líderes, de los quilates de Melchor Pinto Parada, Oscar Barbery Justiniano, Carlos Valverde Barbery y de otros, para restituir el sitial que les corresponde a los cruceños.


Un estudio revela que el radio de acción política de los líderes cruceños actuales se ha reducido a los espacios locales. Este se circunscribe más al aspecto administrativo que al social o cultural. Se echa de menos un discurso político aglutinador, atribuible a que hasta ahora ningún personaje regional ha promovido normas dirigidas a favorecer a los sectores sociales empobrecidos del departamento ni ha ideado algún mecanismo efectivo de fortalecimiento democrático.

Peor aún en el ámbito nacional. Nuestros líderes no tienen propuesta alguna vinculada a las necesidades de otras regiones del país, exceptuando el proyecto autonómico, que finalmente quedó trunco. El hecho de haber restringido su accionar al interior del departamento ha redundado en la poca convocatoria nacional que tienen.
Estudiosos que se han ocupado de este tema coinciden en que el liderazgo cruceño tuvo su auge entre los años 1985 y 2002. En esa época, Santa Cruz tuvo un protagonismo político relevante, que fue visible a través de la participación de sus representantes en cada uno de los gobiernos nacionales. Al menos cinco cruceños formaban parte de los diferentes gabinetes ministeriales.

Ni qué decir, cuando a mediados de la década de los 80, se dio la caída del auge minero, como sostén económico del país, y el boom agropecuario. Así surgió el nuevo modelo productivo cruceño, que terminó de fortalecerse y consolidarse en la década de los 90.
Este nuevo motor económico agroindustrial forjó el liderazgo político cruceño. Sus representantes asumieron la conducción del desarrollo económico del país, aprovechando la fuerte influencia del sector agropecuario.


Lastimosamente, a partir de 2003, este apogeo languideció hasta desvanecerse por completo en 2008, cuando el liderazgo cruceño dejó de participar en el escenario nacional y se replegó al departamento. Esto no se dio por voluntad propia, sino porque el centralismo dejó de tomar en cuenta a los cruceños en la composición de los gobiernos de transición, entre 2003 y 2005.


En ese periodo, los líderes cruceños articularon su discurso sobre el eje autonómico. Al principio lo hicieron bien, pues lograron posicionar el tema a nivel nacional, pero luego aflojaron, lo que dio lugar a una debacle que se hizo evidente tras las primeras confrontaciones con el Gobierno nacional ya posesionado en enero de 2005.


El último intento por salvar el liderazgo cruceño vino con el ‘cabildo del millón’ de diciembre de 2006, que marcó la cima de la capacidad de movilización y convocatoria del discurso autonómico. Pero esta notable articulación social no se tradujo en una propuesta convincente para todo el país.


Ahora hay que agregar otra agravante: la dirigencia cruceña está siendo perseguida judicialmente, lo que hace aún más notorio su silencio.
Resta echarse a esperar a que un buen día las cosas cambien. A ver qué pasa. ¡Hasta la próxima!

(*) Comunicador social