Jueves 17, de abril del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Acullico



Cayo Salinas * ®® Ratio Iuris
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No conozco norma legal vigente en Bolivia o convenio donde se haya penalizado el ‘pijcheo’ y el uso de la hoja de coca en su estado natural. No cabe entonces buscar su despenalización cuando se reconoce libremente el derecho de los bolivianos de acullicar y acudir a su uso tanto en las estaciones medicinales, culturales como rituales.
Para sostener lo que anoto, subrayo la vigencia de la Ley N.º 1159 del 30 de mayo de 1990 promulgada en el Gobierno de Jaime Paz, a través de la cual se ratificó y aprobó la Convención de NNUU contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas llevada a cabo en Viena en diciembre de 1988. En dicha Convención las partes manifestaron su profunda preocupación por la magnitud y la tendencia creciente de la producción, demanda y tráfico ilícito de estupefacientes, y por la grave amenaza para la salud y bienestar de los seres humanos.
Manifestaron preocupación por la penetración del tráfico ilícito de estupefacientes en los diversos grupos y por el uso de niños como mercado de consumo e instrumentos de producción, distribución y comercio. Reconocieron que el narcotráfico socava las economías lícitas y amenaza la estabilidad, seguridad y soberanía de los estados, y que la erradicación del tráfico ilícito es responsabilidad colectiva de todos los estados donde las Naciones Unidas gozan de competencia en materia de fiscalización.
Pues bien, el artículo 14 numeral 2) de dicha Convención establece que cada una de las partes adoptará medidas para evitar el cultivo ilícito de las plantas que contengan estupefacientes o sustancias sicotrópicas como los arbustos de coca, y que dichas medidas deberán respetar los derechos humanos y tendrán debida cuenta de usos tradicionales lícitos donde exista evidencia histórica, además de la protección del medioambiente.
Una primera constatación responde al espíritu y naturaleza no solo de la Convención, sino de la dirección que la comunidad internacional le ha dado a este asunto: el uso de la hoja de coca y la práctica del acullico de manera lícita no está penalizada. Una segunda no puede ser otra que establecer que lo que sí se ha penado es el uso de la hoja de coca para la fabricación de cocaína que proviene de los cultivos excedentarios.
Frente a estos escenarios, el Gobierno maneja muy bien el discurso de la despenalización porque encuentra razones ideológicas para hacerlo y porque en este momento su gran sostén es el sector cocalero. Y si bien gusta que un gobernante defienda usos y tradiciones culturales –algo con lo que siempre estaré de acuerdo y apoyaré–, el viaje a Viena lo que buscó fue posicionar nuevamente la figura del presidente en el contexto interno y ser consecuente con la errada decisión de denunciar la Convención de 1961. Al final, los que pijchan seguirán haciéndolo sin inconveniente, los que usan la hoja de coca lícitamente de igual manera, así como aquellos que lamentablemente la utilizan para otros fines.

* Abogado