Lunes 1, de septiembre del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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Identidad, cuerpo y belleza



Renzo Abruzzese
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La identidad suele contener los más variados rasgos culturales, aun en las más remotas épocas los habitantes de las cavernas fueron capaces de generar un arte rupestre de incuestionable belleza artística, su institucionalización surge cuando la comunidad requiere formar distintivas, mitos, costumbres, creencias y expresiones creativas que forman el complejo tramado que da cuenta de las peculiaridades de cada sociedad, y esto, que es particular de cada comunidad, es también propio de cada época, de manera que podemos hablar de un arte rupestre, uno medieval, otro moderno y a partir de mediados del siglo XX de uno posmoderno.
En el núcleo de la creación humana, empero, las formas del cuerpo se erigen como los íconos de una identidad social específica. Los griegos, pero particularmente los romanos, hicieron del cuerpo el símbolo del impulso imperial que animó la conquista global que concluyó en Constantinopla. El cuerpo fue, en este sentido, un atributo sin el cual el arte romano quedaría inconcluso. Ahora bien, como somos herederos de la construcción griega y romana de Occidente y el influjo de la ‘cultura del cuerpo’ habita en las profundidades de la identidad social en todas las culturas a lo largo de toda la historia, la perfección en las formas anatómicas es, en sentido estricto, un atributo de la subjetividad humana desde tiempos remotos.
Desde esta perspectiva, el reconocimiento de la belleza femenina en la cultura cruceña no podría interpretarse al margen de la identidad que los distingue; no se trata de una hermenéutica de lo banal, sino de un componente estructural de la forma específica en que, como en toda cultura, se instalan los códigos estéticos que hacen reconocible “su forma de ser”. Los romanos expresaron el poder de su conquista en la formidable escultura de sus gladiadores y el Renacimiento entero muestra su esplendor en la impecable creación de Miguel Ángel, de manera que no debemos formarnos un juicio superficial en referencia a la particular importancia que los cruceños otorgan a sus reinas de belleza; con las distancias obvias del caso, ellas son a Santa Cruz lo que los frescos de Miguel Ángel al Renacimiento: expresiones de una época. Bellas mujeres de perfectos cuerpos, junto a su peculiar forma de hablar y el culto a sus costumbres son, en esencia, los rasgos distintivos de su propia identidad. De banal no tienen nada. En cada reina se expresan de forma estética las fortalezas y las debilidades de la región y, al mismo tiempo, la naturaleza de los tiempos que viven. Cada una de ellas se sitúa (como todas las formas estéticas) por encima del bien y del mal. En este sentido expresan la complejidad de su época y las vicisitudes históricas que la mueven.
Cabe, sin embargo, diferenciar la sutil línea que separa la farándula del sano culto a la belleza estética del cuerpo, entre ambas se interpone la superficialidad de lo propiamente banal y la profundidad de una semiología simbólica. Las reinas y todo el enorme instrumental que gira en torno a ellas forman parte del capital simbólico de una determinada región, país, época. La farándula, en cambio, es solo su expresión comercial, habla de los contenidos mercantiles del capitalismo de avanzada. El spa de los tiempos modernos. Las reinas son pues, en Santa Cruz, el componente estético de su identidad y, por ello, una expresión irrepetible e irreductible del impulso cultural que la distingue.

* Sociólogo