Martes 29, de julio del 2014
Santa Cruz de la Sierra - Bolivia
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La lengua detrás de los dientes



Harold Olmos
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Ha transcurrido menos de un mes desde el ‘affaire calzones’, cuyos videos y comentarios sobre la letra inspirada de sus coplas dieron la vuelta al mundo. Ahora viene otro festival con dos ‘premieres’: la papalisa milagrosa y la lectura en coca para decidir los casos más complejos del Tribunal Constitucional Plurinacional. Es posible prever dos ‘efectos colaterales’: una fuerte demanda por papalisa en Cochabamba, desde los más altos niveles de la diplomacia continental, y siembra de catos de coca en las facultades de Derecho y patios de los tribunales de justicia.
Los comentarios del canciller David Choquehuanca ante sus colegas del Consejo Permanente de la OEA parecían apropiados para consumidores a los que se ofrece un nuevo producto: “…cuando uno come papalisa, no necesita viagra, y no es comerlo (sic) en cualquier época…En Cochabamba, seguro ustedes van a tener la oportunidad de comer papalisa”, les dijo a sus colegas. La oferta del canciller abrió la carrera hacia ese producto andino cuyo destino puede haber cambiado. De humilde tubérculo ahora tiene consumo asegurado. Pero, antes, el anuncio del canciller tendrá que ser probado en el laboratorio, que será Cochabamba, durante la reunión de la diplomacia de la región en junio. Los participantes podrán exigir cumplimiento de la norma publicitaria que dicta: “La verdad en publicidad”. Lo que se promociona publicitariamente tiene que resultar rigurosamente cierto.
La promoción de productos bolivianos traspasó esta semana los linderos de la publicidad para invadir terrenos del Derecho tomada de la mano del magistrado Gualberto Cusi, del Tribunal Constitucional, una de grandes innovaciones de la década de los años 90 para afirmar la democracia y la institucionalidad. Entrevistado por la TV, el magistrado dijo: “En momentos de sueño, cuando tenemos que revisar los expedientes, ‘pijchamos’ la coca y, en momentos complejos, yo consulto la coca. En un caso de acción de libertad, por ejemplo, están las opciones A o B, y se consulta a la coca para ver si vamos a fallar en sentido positivo o negativo. ¡En la coca sale!”.
La declaración es el clarinazo de una revolución inédita (¡esta sí!) en la administración de justicia desde el tiempo de los romanos. Pues ahora las pruebas y otros pasos son irrelevantes. La palabra final la da la coca. Habrá que saber cuántos fallos ya han ocurrido estos meses al influjo de la hoja milenaria. Con la revelación, la justicia está en un momento supremo que ha elevado la condición de quienes practican el ritual de la lectura de la coca: los yatiris. Y la carrera de Derecho está en el suelo. ¿Para qué estudiar códigos y procedimientos si la respuesta está en las hojas de coca? Tal vez convenga sembrar coca en las academias, cosa que no falten las hojas, elevar su lectura a niveles académicos y otorgar licenciaturas y doctorados. Hasta ahora se daba por sentado que las supersticiones, las creencias ancestrales no probadas positivamente, el esoterismo, la brujería y las magias de todo color tenían el ingreso prohibido en las salas de justicia. Ahora no.
Las dos afirmaciones han roto fronteras y son como bolas de nieve cuesta abajo. Ambas traen la sensación de que en Bolivia las expresiones disparatadas están llegando a un límite insoportable. Son demasiado frecuentes. Y tal vez todo por culpa de la lengua. Recuerdo un viejo dicho irlandés: “La lengua es para tenerla detrás de los dientes”. Por lo que vemos aquí, al otro lado del mundo, el dicho tiene sentido.

* http://haroldolmos.wordpress.com